Secciones
Servicios
Destacamos
La historia del Racing comienza dos veces. Al menos dos veces, porque existen indicios de que el equipo comenzó a jugar como tal incluso antes, en 1912. Pero hace falta una fecha en el calendario, y para eso es imprescindible viajar a 1913. Al 23 de febrero, cuando un grupo de jóvenes, casi niños, que jugaba al fútbol en la Plaza Pombo se presentó al torneo inaugural de los Campos de Sport. En realidad la familia Castañeda ya había organizado partidos, juegos atléticos y otros eventos festivos en sus terrenos en El Sardinero, al borde mismo de la playa, pero con un nuevo acceso y graderío y el que iba a ser ya para siempre su nombre: Campos de Sport. Así, en plural, porque había diferentes zonas. Aquello no era aún un estadio al uso.
El primitivo campo del fútbol de El Sardinero es entonces poco más que una campa con diversas zonas acotadas en la que se organizan diferentes competiciones, espectáculos y actividades en general
AUX STEP FOR JS
La afluencia a estas convocatorias había animado a su propietario, José María Fernández Cervera, a constituir un comité organizador de los Campos de Sport. Presidido por él mismo, con el periodista y futbolista Pepe Beraza como secretario y los representantes de los equipos de Santander como vocales, su objetivo era impulsar la actividad en el recinto (especialmente la futbolística, pero también de otro tipo) y coordinar la entonces informal y caótica organización de partidos en Santander.
El fútbol era todavía una actividad incipiente en Cantabria. En crecimiento exponencial, pero sin apenas organización ni control, con dos federaciones españolas enfrentadas y sin equipos federados en la Montaña, donde por no haber no existía aún ni territorial. Solo el Campeonato de España, después Copa del Rey, tenía una estructura reglada y una implantación nacional. Ni siquiera está bien visto en ciertos sectores, hasta el extremo de que en algunas viejas crónicas se pueden ver equis en lugar de cierto futbolista, muchas veces menor de edad, que ni quería que su familia se enterara en qué perdía el tiempo.
Una entidad que organizara competiciones parecía por lo tanto imprescindible para rentabilizar al máximo los terrenos, ya fuera a través del alquiler o mediante el cobro de entrada, y evitar que los partidos se anulasen en el último momento o simplemente no se celebraran.
Y así fue como esos chicos, que ya habían jugado antes juntos, decidieron apuntarse al torneo. Algunos eran de familia bien. Otros no tanto, pero todos compartían el fútbol y los juegos en la plaza. A quienes más a mano les quedaba era a Álvaro Zubieta (apodado el Feo) y Ángel Breñosa. Sus padres tenían una óptica y una farmacia justo en Pombo, dos negocios centenarios que tras cuatro y hasta cinco generaciones han llegado a 2023 para ver cómo el Racing que fundaron aquellos niños cumple 110 años.
Los dos habían jugador en el Escolar, un equipo de estudiantes fundado en 1911 en el que coincidieron con Carlos Iruretagoyena (Goyena), otro de los impulsores del nuevo club, y Mariano Zubizarreta, un burgalés espigado de 16 años cuyo su padre, arquitecto, se había trasladado a Santander como arquitecto del convento de las Salesas. Amigo de todos ellos, aunque no podía jugar por una lesión de infancia, era Pancho Cossío, hijo de una familia acomodada que había regresado de Cuba. Le llamaban Pintaberzas, un mote tan cariñoso como el de Solana: Cara de Mono.
Los chicos tenían claro que querían jugar al fútbol y crear un nuevo equipo. Como nombre ya habían elegido el de Racing en honor al Racing de Irún, uno de los grandes de la época, y probablemente ya habían echado algunas pachangas con esa denominación. Pero les faltaba equipación. Como buenos hinchas racinguistas un grupo viajó a Irún para comprar uniformes del Racing, un equipo que vestía -¿les suena?- de verdiblanco. El viaje era largo, complicado y caro para unos niños, pero parte de la cuadrilla se lo podía permitir, como el dinero para comprar las camisetas a rayas racinguistas.
Con lo que no contaban es que el dueño de la tienda era Eugenio Angoso, capitán del Sporting. La archinémesis irundarra del Racing. No se sabe si por su consejo, porque el verdiblanco no estaba disponible, por su coincidencia con la bandera marítima de Cantabria o, sencillamente, porque les gustó más, pero el caso es que los chavales regresaron a Santander con una equipación diferente a la prevista: camiseta roja con mangas y cuello blanco, pantalón también blanco y medias negras. El nombre se mantuvo en honor a un Racing de Irún que pocos meses después se proclamaría campeón de Copa. Pocos años después los dos clubes irundarras se fusionaron en el Real Unión y dejaron lo de racinguista ya como un patrimonio cántabro. De regreso a Santander, faltaba solo bordar los escudos. Lo hicieron Florinda y Zaida Sierra para que su hermano Jesús pudiera jugar el partido con sus amigotes. Aquel primer escudo no era tal, sino unas sencillas iniciales, RC (Racing Club), bordadas a mano.
Ya había uniforme, nombre y plantilla. Una plantilla muy joven, la mayor parte entre los quince y los 16 años. Todos eran menores, hasta el extremo de que cuando quisieron formalizar el club e inscribirlo oficialmente tuvieron que echar mano del hermano mayor de uno de ellos, Joaquín Sánchez Losada, para que fuera presidente.
Algunos como Mateo y Sierra no tenían prácticamente experiencia en el fútbol salvo los partidos que habían jugado en Pombo y, con menos frecuencia, en El Arenal y La Albericia. Otros ya como Goyena, Breñosa, Zubizarreta y Roncal ya habían militado en otros equipos.
Así fue como el 23 de febrero de 1913 apareció por primera vez en su historia, al menos que se tenga constancia fidedigna y con resultado conocido, el nuevo Racing: el de Santander. Fue en la segunda semifinal del cuadrangular de los Campos de Sport ante el Strong, un equipo mucho más curtido e implantado, pero sin demasiadas simpatías. No es que Breñosa, Zubieta y compañía fueran la vanguardia del proletariado, pero el Strong era para muchos un equipo de señoritos. Mucho apellido ilustre de familia acomodada. Quizá por ideología o tal vez por envidia, no era el club con más hinchada.
Los racinguistas (que aún no verdiblancos) salieron al césped con Roncal en la portería
Gracia y Goyena
Zubieta, Sierra y Ricondo
y Venero, Sesma, Zubizarreta, Flórez Estrada y Mateo.
AUX STEP FOR JS
Uno de ellos incluso tuvo que resolver la paradoja de figurar como socio fundador cuando en junio se firmó el acta de constitución cuando en realidad fundar, lo que se dice fundar, no había fundado mucho. Al contrario, había sido rival racinguista en el primer partido (conocido, conviene insistir) del club. Otro Pepe Beraza, podría presumir años más tarde de ser el primer entrenador del Racing, aunque lo fue de aquella manera; casi un profesor de gimnasia que organizaba los entrenamientos. Porque el primer míster como tal llegó en 1930 del Reino Unido y con un nombre mucho más rimbombante: Fred Pentland.
El partido, por lo poco que se puede saber, debió ser un correcalles con poco fútbol y menos goles. Al parecer, los debutantes dominaron un primer tiempo en el que lo más destacado fue que una valla se vino abajo por el peso de los espectadores. Zubizarreta adelantó a los suyos para comprobar que el público había decidido ponerse a favor de los chavales. Pero en el segundo Agüero y Beraza anotaron para dar el partido al Strong. Lo debió celebrar bastante Antonio Gorordo, que además de arbitrar el partido había jugado en el equipo. Tampoco era tan extraño en aquella época.
Les debieron quedar ganas de más, porque el 19 de marzo el Strong aceptó un partido de revancha cuyo resultado no ha trascendido. Y alguno más pudieron jugar pero el siguiente del que ha quedado noticia es el del 11 de mayo ante el Nueva España. Formaba parte de un programa de actos más amplio organizado en los Campos de Sport para recaudar fondos en beneficio de las familias del Camargo, un vapor que se había hundido tres días antes. No lo hicieron mal: 151,80 pesetas. Una barra de pan costaba unos 25 céntimos. Un coche modesto, algo más de 5.000. El fútbol, la fiesta y el certamen atlético, que por cierto tuvo como ganador de la prueba de resistencia a un sargento del Regimiento Valencia, Leopoldo Argos, llevó mucha gente a la finca. Tanto que Fernández Cervera se decidió a construir el cerramiento de las instalaciones para controlar mejor el acceso (y el pago), mejorar el graderío e instalar incluso una pista de patinaje. Muchos espacios y muchos deportes. De ahí lo de 'campos'.
Fueron pasando las semanas entre partidos, juegos, clases y probablemente algún recado en los negocios familiares hasta que bien entrada la primavera se anunció una nueva competición en Santander: la tercera edición de la Copa Luis Redonet, que ya se había disputado el año antes y había tenido un breve prólogo en 1905. Todo un acontecimiento en una provincia sin siquiera federación territorial y un torneo con afán de continuidad, puesto que la copa, que entregaba el propio Redonet, se la quedaba en usufructo el equipo ganador para ponerla de nuevo en juego la temporada siguiente.
El tal Luis Redonet y López-Dóriga (Santander, 1875-Madrid, 1972) era un abogado de buena familia que tras estudiar en Deusto había comenzado su carrera en política y presumía desde seis años antes de acta de diputado por Madrid. Lo del fútbol le llamó la atención y decidió donar un pequeño premio y un trofeo para que el comité de los Campos de Sport organizara un torneo que llevaría su nombre.
Los chicos de Pombo querían repetir experiencia, pero para participar era necesario que el equipo estuviera constituido legalmente. No parecía un gran problema hasta que les informaron de que al menos uno de los socios, en concreto el presidente, debía ser mayor de edad (23 años en la época). Ninguno se acercaba siquiera (los mayores rondaban los 19). pero .
Uno de los más jóvenes, Joaquín Sánchez Losada, convenció a su hermano Ángel, que aparece en la imagen, un joven y enfermizo abogado aficionado al deporte, para que hiciera de presidente y de paso les asesorara en los trámites
El 14 de junio 18 chavales y un joven abogado se citaron en el Bar Sonderklass, del Paseo Pereda, que ya había recibido ese nombre una década atrás, cuando se rebautizó en honor del novelista el viejo Paseo de La Rivera.
AUX STEP FOR JS
Sin sede donde inscribir el club, Losada decidió inscribirlo en el domicilio familiar, en la calle Isabel la Católica 5. Junto al presidente firmaron como directivos José Roncal como vicepresidente, Carlos Iruretagoyena (Goyena para los amigos) como secretario, Pancho Cossío como tesorero, Álvaro Zubizarreta y Mariano Pérez como vocales y Mariano Zubizarreta como capitán.
De la cuadrilla de febrero ya se han caído cuatro nombres, pero a cambio comienza a haber jóvenes con cierto recorrido dentro de lo inmaduro del grupo y, en general, del fútbol cántabro. Los Goyena, Zubizarreta, Losada, Breñosa, Lavín, Adolfo Torres, Gómez y Solana, ya desvinculado del Strong. No fueron muy exigentes con los nuevos socios, y aceptaron a futbolistas inexpertos a los que aún era complicado adjudicar ese nombre, como Mateo Pérez, Vela, Vidal Gómez, Sierra y Ojembarrena. Cossío y Sánchez Losada nunca llegaron a jugar.
La segunda junta, celebrada dos semanas después, sirvió para aprobar la entrada de cinco nuevos socios para llegar a los 24 e instaurar una cuota mensual de una peseta para los del primer y segundo equipo y de 50 céntimos para los infantiles. Cierto dinero para la época y para unos chicos que apenas habían superado la adolescencia, pero el precio por jugar al fútbol de una forma más o menos seria. Porque lo de socio significaba, en realidad, jugador.
Sí regresó el Racing el 29 de junio a los Campos de Sport, que construidos a parches iban sumando instalaciones, con dos formaciones: el primer equipo (aunque ningún jugador llegaba a los veinte años) y el infantil, que participaba en una competición paralela, la Copa Agüero, para la que también se había buscado un mecenas que ya les sonaba a los racinguistas: Tomás Agüero Sánchez de Tagle (Santander, 1863-Madrid, 1938), un abogado con inquietudes políticas que, hijo del escritor Tomás Celedonio Agüero, pasó por el Partido Liberal y por el Conservador a quienes sus hijos habían contagiado el interés por el fútbol (los dos jugaron con el Strong el partido de febrero contra el Racing). Llegaría presidir el club entre 1924 y 1925, precisamente cuando sus hijos formaban ya parte de la primera plantilla.
Los primeros en debutar fueron los infantiles, que cayeron por 1-8 ante el Santander Sporting, que sin embargo es descalificado por jugar con futbolistas que superaban la edad máxima. Los infantiles se clasificaron así para la final, pero el Strong se llevó el trofeo con un solo tanto en todo el partido.
Al primero le tocó en suerte medirse en la semifinal del cuadrangular al vigente campeón, el Nueva España, y lo hizo con un equipo formado por Roncal; Villegas, Goyena; García, Zubizarreta, Zubieta; Mateo, Flórez-Estrada, Breñosa, Ojembarrena y Losada. El resultado, un desastre: un 9-0 en contra ante un rival mucho más hecho y experto. Pero si hubo una víctima fue el portero racinguista, un Roncal a quien le llovieron las críticas, hasta el extremo de que, molesto, abandonó el equipo. Le sustituyó poco tiempo después Joaquín Rasero, un nuevo guardameta cuyo jersey de portero costó, según apunta Teodosio Alba en sus '75 años de historia', 16 pesetas, una menos que un balón.
Día a día, el fútbol avanza en organización en toda España, también en Cantabria. Así fue como el 30 de julio de 1913, menos de un mes de la final de la Copa Redonet, se constituía al fin la Federación Española de Fútbol para sustituir a las dos asociaciones enfrentadas existentes hasta entonces (Federación Española de Clubs de Football y Asociación Española de Clubs de Football) con una división territorial (Norte, Centro, Este y Oeste) y que el 1 de septiembre se inscribe en la FIFA.
El Racing, que ya trabaja en un amistoso nada menos que frente al Athletic, medita federarse ya en un primer momento, como sugería además el Comité de los Campos de Sport a todos los clubes, pero cuando quiere formalizar su entrada se encuentra con dos problemas. Uno, que el que ya es su gran adversario, el Real Santander, ya lo ha solicitado, con lo que ha cogido ventaja en la carrera por la hegemonía en Santander e incluso en Cantabria. Otro, que la directiva de la Federación se toma los trámites con mucha calma. Tanto que se tiene que suspender el amistoso contra el Athletic: la normativa prohibía que los equipos federados se midieran a los que no lo estaban. De pronto, el Racing solo puede jugar contra equipos menores.
El único rival de enjundia en medio del conflicto es la Gimnástica, que mucho más consolidada se impone por 0-5 en el primer derbi cántabro, celebrado el 17 de agosto en los Campos de Sport con un programa que incluye romería, juegos infantiles y rifas. Amistosos menores, partidos contra el Deportivo Cantabria de los hermanos Gacituaga (serán después históricos racinguistas) y citas de los combinados santanderinos contra las tripulaciones de mercantes extranjeros que se saldan siempre con derrota local amenazan con sumir al club en el marasmo.
La intervención del comité de los Campos de Sport, que organiza un partido contra el Real Santander y la tercera edición de la Copa Luis Redonet, en la que el Real, que había ganado 0-1 el amistoso, decido no participar por estar formalizando su inscripción, no solo permiten salvar la crisis, sino que le darán al Racing el primer título de su historia. El 12 de julio se impone (2-0 a la Gimnástica) y el 17 gana una polémica final por incomparecencia del Nueva España, que protestaba por un horario que consideraba favorecía al Racing.
La Copa de Plata, un torneo a doble vuelta entre Racing y Gimnástica en esas mismas fechas, se quedó sin adjudicar tras una grave polémica entre ambos clubes y después de dos partidos en los que volvió a quedar patente la superioridad gimnástica precede a otra fecha histórica que completa la génesis racinguista: el 14 de noviembre de 1914 el Santander Racing Club, que así se había inscrito, es admitido por fin en la Federación Español de Fútbol. Tres semanas antes, el 23 de octubre, lo había sido el Real Santander. 110 años después, la historia continúa.
Texto: Aser Falagán y Raúl Gómez Samperio
Narrativa y gráficos: Ana I. Cordobés
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Rocío Mendoza | Madrid, Lidia Carvajal y Álex Sánchez
Álvaro Machín | Santander
Guillermo Balbona | Santander
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.