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Cuatro nombres clave
La historia asciende

Cuatro nombres clave

marcos menocal | aser falagán

Domingo, 16 de junio 2019

El padre de la criatura

Chuti Molina

Maria Picassó

Lo es todo y no le importa. Asume su responsabilidad y se retroalimenta de ella. Estudia, vigila, apunta y decide. Sin paliativos. Su omnipresencia es la gasolina que activó al Racing hace más de un año, cuando mordió el polvo. Le dieron un punto de apoyo y... Movió el club. Su carácter intenso y su personalidad arrolladora son los dos argumentos que le convierten en palanca del cambio total y absoluto. Parapetado detrás de un éxito que ahora cuesta discutirle –otro asunto será el futuro–, Chuti Molina es el Don Quijote y el Sancho Panza –a la vez– de un Racing que le debe parte de los aplausos. Su especie de locura transitoria futbolística le hace pelear con gigantes, sin embargo su experiencia en el cargo le dota de un olfato y un oficio excesivamente perfilados. Su forma de proceder, autodidacta y en algunas ocasiones indomable, le convierte en imprevisible. No existe un Pepito Grillo que le aguante el ritmo, pero no es menos cierto que el tener las cosas tan claras le respalda. Es leal e inflexible con quien merece ambas virtudes. Ya sea a la vez o por separado; un coctail que le impide pasar inadvertido por donde va.

La dirección deportiva descansa sobre sus hombros. No hay un balón que bote sin que él sepa hacia dónde, pero tampoco hay quien le discuta que no estudie hasta el mínimo detalle cómo debe botar esa pelota. Lo tiene todo bajo control. Quizá su excesiva acumulación de responsabilidad choca con un pasado muy distinto en el club. Algo que no es ni bueno ni malo, sino todo lo contrario.

Con permiso de los 'jefes', asumió el poder deportivo con autoridad y acumuló más aciertos que errores

su trabajo

Chuti Molina se lo jugó al mismo color. Llegó para ascender al Racing y lo cumplió. Le dotaron de herramientas y las manejó a su antojo –dentro de las directrices que le escribieron en un papel– con éxito. Tomó decisiones impopulares, asumió la crítica y no dio ni un solo volantazo. Construyó el equipo con sus propias manos. «Hola, soy Chuti». Era su carta de presentación. Figueras, Cejudo, Barral... Al Racing de este año le decoran un ramillete de nombres impensables que llegaron porque este manchego apodado 'el Francés', por sus años de infancia en el país vecino, les llamó. Les convenció.

En la distancia corta impone. Su personalidad tiene valles y montañas; responde al perfil de un tipo recto y discreto que se hace respetar con sólo hablar, pero también le sale de dentro un hincha cuando los acontecimientos se tuercen. Hábil negociante y con un olfato para ver antes que el resto el talento, se curtió en el fútbol base y se doctoró en el de verdad.

Hábil negociador,conoce su oficio y ofrece lealtad e inflexibilidad a partes iguales

su personalidad

No le tiembla el pulso. Conoce mejor que nadie en qué consiste su trabajo. Domina el fondo del discurso y le falta pulir la forma. Desde que puso todos los huevos en la cesta del Racing apenas se le ha roto alguno. Colecciona aciertos y sus errores se difuminan. Su poder de decisión en el club aumenta con el éxito, por lo que para la temporada que viene sólo el fracaso le arrebatará el bastón de mando.

Apuesta por la discreción y el silencio. Prefiere presentar las cosas que no adelantarlas. Es pragmático, obsesivo en los detalles, pero sensible a toro pasado. Sus lágrimas en Son Malferit le quitaron el disfraz de tipo duro. El manteo de los jugadores le hizo más humano y su baño en la piscina le permitió darse un respiro. Es el que manda y no le importa. A eso ha venido. Y el racinguismo lo asume porque el 'statu quo' le gusta. Un Racing en subida es lo que se deseaba.

El hombre tranquilo

Pedro Ortiz

MarIa Picassó

Más que Zipi y Zape, Alfredo Pérez y Pedro Ortiz son el ying y el yang. Dos socios y amigos que han crecido juntos laboral y vitalmente y que dirigen ahora un enorme conglomerado del que son copartícipes a partes iguales. De hecho, se presentan como copresidentes del Grupo Pitma. Bastante más futbolero que Alfredo, Pedro J. Ortiz (Santander, 6 de abril de 1969) fue al principio quien con más fuerza decidió entrar en el club verdiblanco, pero al mismo tiempo su perfil, mucho más discreto, le alejó de la primera línea. No le importa salir en una foto o conversar con un periodista, aficionado o abonado, pero siempre desde una timidez que le llevó a decidir que fuera su compañero quien se colocara como presidente. Quien pusiera su cara, aunque él también se coloca en la foto.

Eso no significa en absoluto que no ejerza su mando ni su poder. De hecho, se colocó como presidente de la Fundación Real Racing Club, y como vicepresidente de la sociedad, que creó además la figura del consejero delegado para que los dos socios tengan firma en el club.

Es la cara más contenida de 'los Pitma' y un gestor habituado a masticar los problemas sin estridencias

sobriedad

Desde el punto de vista empresarial resulta muy complicado separar la trayectoria de la de su socios. Juntos han estado en infinidad de negocios, incluso en la hostelería, y juntos contactaron con el entonces presidente, Manolo Higuera, para entrar en el accionariado del Racing... A iniciativa suya

Al igual que su colega, se presenta en su perfil público como «empresario y copresidente del grupo empresarial Pitma», y es siempre la segunda voz en el Racing, mucho más cómodo en labores estratégicas. Porque también para la gestión diaria 'los Pitma' buscan a otros profesionales, caso de Víctor Alonso en el Racing.

Con miedo reconocido al avión, se ha perdido más de un viaje y se desplazó a Palma en barco

manía

Tiene miedo al avión, pero no al barco, así que el viaje a Mallorca lo hizo en coche para después trasladarse en ferri a la isla. Consiguió involucrar en su aventura a un amigo para turnarse conduciendo mientras su familia viajaba en el avión de los empleados. Pero a pesar de esas manías difícilmente le verán descomponerse ni esforzarse por explicar una aversión que tampoco oculta; que lleva con completa naturalidad, como las camisas ligeramente abiertas en una especie de rebelión contra los hipsters que se abrochan el botón del cuello. Y siempre con cierta pose taciturna, acostumbrado como está, según sus próximos, a asumir todas las preocupaciones en primera persona, sin dejar que les contaminen ni que afecten un carácter que, al menos desde una prudente distancia, de personalidad serena, capaz de dominar las situaciones.

Ahora falta por comprobar si como su socio irá tomando mayor protagonismo de cara al público. Pero de momento Pedro Ortiz es el hombre tranquilo; aquel que mide sus palabras y observa con atención a sus interlocutores.Un educado pero firme negociador que no es que haya asumido el Racing como un sentimiento propio, sino que ya lo tenía antes. A todo futbolero le gustaría estar en su situación y ahora le toca mirar a Segunda División mientras su empresa se rasca, eso sí, el bolsillo. Pero el motor silencioso que impulsó al Grupo Pitma hacia el Racing no piensa ahora en eso. O al menos no lo exterioriza, porque su pensamiento es más un enigma. Lo que le importa ahora es progresar en la categoría de plata mientras comienza a masticar la certeza de que se debe terminar aquello de que la política de comunicación sea que no hay comunicación.

El hombre por bandera

Iván Ania

MarIa Picassó

Con hambre. Sangre en los ojos. Apareció en La Albericia un día de verano con la misma expresión en la cara con la que se marchó hace una semana de vacaciones. Eso sí, cuando llegó lo tenía todo por hacer y cuando se fue lo había hecho todo. Apostó a todo o nada y se subió al caballo ganador. Acertó. El tren del fútbol le llamó pronto. Un bautismo en el Caudal y una confirmación pasajera en el Villanovense. Y después de torear con novillas le llegaron los toros de verdad: el Racing. Dijo sí con tanta fuerza que aún le resuenan los oídos.

Con la maleta a medio hacer dibujó en una sevilleta su hoja de ruta y... Adelante. Bingo. Su pasado futbolista encaja a la perfección en el perfil de entrenador cercano, buen gestor de grupos y confesor del jugador. Va por delante. Piensa como ellos. Sus dotes como jefe se aderezan con esas ganas de crecer que son necesidad en el Racing. Acople perfecto.

Asumió el reto de todo o nada y acertó. Intenso, comprometido y con la ambición necesaria

sin dudas

«Conmigo como entrenador no jugaría un futbolista como lo era yo». Su carta de presentación fue una declaración de intenciones. En su libreta figuran jugadores con chispa, intensos, con carácter, de los que ganan duelos... Y de calidad. Quien confió en él le dotó de los mejores mimbres. Nunca lo negó. No rehuyó la responsabilidad. Trabajador meticuloso; estudiante avezado y perfeccionista de los detalles. Su profunda convicción en lo que hace le mantiene alerta siempre. No da bandazos y fija el rumbo. Su filosofía futbolística se compone de una base sencilla que sin ser invariable tan solo se modifica si el rival se pone caprichoso. Su forma taquicárdica de vivir los partidos en el banquillo es un rasgo de la petición prioritaria que le hace a cada jugador. Prefiere correr para delante y perder por querer ganar que defenderse de partida.

Iván Ania gana en el cuerpo a cuerpo. Su seriedad no es una pose, pero si se relaja florece ese técnico joven con mucho fútbol detrás y ganas de crecer. Le apasiona lo que hace y se le nota. Pese a tener que lidiar con un Mihura –el Racing en Segunda B lo es– no se amilanó y asumió el cargo con oficio. Bien es cierto que todo le ha venido rodado. Apenas un bache insignificante que superó por inercia. El puesto de entrenador suele ser más delicado cuando las cosas no marchan. En unos meses todo puede cambiar o no.

Gestionó perfectamente un vestuario lleno de egos; distribuyó con ingenio las palmadas en la espalda con los tirones de oreja. Quedará en los libros de historia su rapapolvos de Estella, del que salió reforzado entre una afición que con lo que ha hecho le tiene como de lo suyos.

De fuerte carácter, personalidad curtida y pizarra innegociable. Un buen gestor de grupos

en corto

En lo personal, lo que se ha dejado ver apunta a un tipo con las ideas claras y que conoce el gremio. En lo profesional maneja los tiempos y la pizarra. Ganar siendo el favorito es paradójicamente algo complicado. No se le recuerda ninguna salida de tono ni error significativo más que alguno de bulto que, sin tapujos, asumió nada más cometerlo.

Iván Ania, no por haber conseguido todo lo que figuraba en sus exigencias, es el entrenador perfecto para este Racing en vías de construcción. Le unen los mismos apegos y la mismas prisas que al club. Matrimonio de conveniencia. El asturiano sabe que la temporada que viene le subirán el listón, pero para eso vino. Y quien apostó por él, conocía perfectamente que le va la marcha. Se retroalimentan y el beneficiado es el Racing. Bienvenido y buen trabajo, Iván.

Cambio de rol

Alfredo Pérez

MarIa Picassó

Espontáneo, extrovertido y con don de gentes.Expansivo.Así es el verdadero Alfredo Pérez Fernández (Torrelavega, 27 de octubre de 1969), que desde su desembarco en el Racing se había esforzado en mantener un tono discreto. Tanto que incluso ocultó junto a su socio, Pedro Ortiz, que se había hecho con la mayoría accionarial del Racing a través de la compra de la firma prestamista Inmoarrabi.

El caso es que el presidente, que apenas cumple un año en el cargo, ha cambiado radicalmente de perfil desde que ocupa el sillón presidencia. Ya su estudiada rueda de prensa en los Campos de Sport, con aquel gesto de quitarse la corbata con el que simbólicamente se remangaba dejaba ver que algo había cambiado en su actitud hacia los medios y hacia el racinguismo. Hasta entonces tanto él como su socio habían estado parapetados en el anterior presidente, Manolo Higuera, pero algo había cambiado. Y se notaba.

Porque si algo es Alfredo Pérez, como lo es también su socio, es atrevido, pero de otro modo. Él lo exterioriza. Una trayectoria de claroscuros les ha convertido en empresario de éxito que presentan su presencia en el Racing como parte de su responsabilidad social corporativa y, ahora ya, un proyecto personal. El caso es que estos dos socios torrelaveguenses que comenzaron con poco más que una furgoneta para ejercer de antenistas, han creado un grupo que a través de cámaras de videovigilancia y la franquicia de tiendas de telefonía móvil fue creciendo exponencialmente con algún conflicto laboral incluido.

Su paso por el Racing ha sido otra cosa. Heredero del trabajo de las directivas 'postokupas', una línea de crédito ha permitido que el club se ponga al día con Hacienda y recuperar la normalidad institucional. Eso sí: al 4% de interés. Su Grupo Pitma, el de Pérez y Ortiz, es al mismo tiempo el salvavidas al que se ha aferrado el Racing y una empresa que si todo marcha como debe –su plan era tener el equipo en Primera División en dos o tres años– le debe dar muy buenos beneficios. De momento se calcula que la deuda es ya de unos quince millones de euros, a la que hay que sumar la concursal.

Casado y con familia, Alfredo Pérez pule su imagen de hombre de familia junto a su socio.Es frecuente ver cenar juntas a las dos parejas en Santander o ver al presidente insuflar racinguismo a su hijo, como en el primer partido frente al Atlético Baleares. Porque lo del Racing le ha enganchado. Tanto como para desembarazarse definitivamente de su antigua imagen, lanzándose a la piscina con sus futbolistas durante la celebración del ascenso en Palma de Mallorca. Era el final de un largo curso y el premio a un atrevimiento para rescatar a una de las instituciones más importantes de Cantabria.

El caso es que poco o nada queda –laboralmente hablando– de aquel Alfredo Pérez al que llamaban, de nuevo como a su compañero, como el antenista. Ahora es un empresario de referencia en su ámbito con las ideas muy claras.Y es que 'los Pitma', como se les conoce ahora, han recibido al menos dos ofertas para entrar en el accionariado del Racing, ya fuera para hacerse con el control del club o para convertirse en socios de los cántabros. Han rechazado ambas. Ya han hecho del Racing su proyecto. Tanto que el uso del estadio para una fiesta ibicenca del Grupo Pitma provocó la furia de la alcaldesa, después aplacada. Son los tiempos de Pitma en el Racing. Nuevos tiempos.

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