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Lo ha vivido todo. Las guerras mundiales, una más cercana que puso trincheras entre ella y la casa de sus padres, el hombre en la luna o una pandemia. Cosas así, de las que salen en los libros de historia. Y, por supuesto, de las otras. De las de andar por casa. Las de conocer a un marido en las fiestas del pueblo, las de un trabajo como dependienta vendiendo helados en Barcelona, las de las fotos joven y guapa en blanco y negro o la del traslado a Colindres para vivir con la familia de su hermana... Como para no vivir con 106 años. Es curioso: cuando Martina nació no había nacido ni la Liga. Y, sin embargo, ella, que es futbolera, no había visto un partido de fútbol en directo. Nunca es tarde. «Esto me llega muy tarde. Lástima que no me haya pillado con veinte años menos. Me lo pasé estupendo». Debutó el domingo con la verdiblanca en El Sardinero. «Estuve como una reina». No deja de dar las gracias por lo vivido. Si hay una ilusión que nos persigue y muchos motivos para hacerla realidad, ahora hay otro: Que Martina López, de 106 años, lo vea. «A ver si hacemos otra antes de que me vaya al otro mundo».
Vamos a empezar por el principio. No por noviembre de 1918 en su pueblo, Tierzo, en Guadalajara. Ni por una vida entera en Barcelona. Eso es el principio del principio. El que tiene que ver con el Racing empieza hace unos seis años, cuando la familia de su hermana se la trae para Colindres y los fines de semana son un catálogo verdiblanco de partidos en el salón de casa. Lo contó en este reportaje en El Diario Montañés que la periodista Ana Bringas tituló por ahí. «Ahora –porque Martina siempre fue un poco culé– sigo al Racing».
La culpa es de Felipe, el hijo de su hermana. El sobrino. Jugó en el juvenil en los ochenta y sigue llevando dentro el veneno. Es el que pone los partidos en la tele con ella cerca. Salió aquello del periódico y Felipe charló un día con Neru. Luego Neru con Colsa... Y Martina acabó aplaudiendo el domingo desde el palco cuando saltaron los futbolistas al verde y sonó La Fuente de Cacho.
Claro, Felipe fue con ella. De su brazo. «Fue fabuloso, fue espectacular. Habló con Gonzalo (Colsa), con Víctor Diego, con Sebastián Ceria... Con todo el mundo». Aparcaron donde los jugadores, le regalaron una camiseta firmada por todos y se la puso, le sirvieron un café con unas pastas... Todo atenciones, muy pendientes de ella. Él está tan eufórico como su tía. Con la emoción que no hace falta simular. «Tiene muchas ganas de vivir», dice. Y remango. Como le costó subir las escaleras hasta el palco, alguien le dijo que aprovechara que estaba Gema Igual para pedirle que pusiera un ascensor. «Se pasó el partido preguntándome quién era la alcaldesa. Me decía: 'a ellos no les va a hacer mucho caso, pero a mí, si me ve, sí, porque dirá que a esta le hace falta de verdad que pongan el ascensor'». La mujer no hacía más que mirar a la Gradona. «Qué bien cantan, qué coordinados están... Y no se cansan los chavales». O, viendo la goleada, se volvía hacia su sobrino para decirle: «Dirán que la señora esta tan mayor les ha dado suerte». Hasta le dio un poco de pena de los futbolistas y de los aficionados del Racing de Ferrol. «Seis goles y ellos, los pobres, no metieron ninguno en todo el partido».
«Es muy lista, una persona muy cerebral», comenta Felipe. «Con la cabeza intacta» –eso mismo reflejó el reportaje que publicó este periódico–. La misma cabeza que el lunes seguía en una nube contándole la experiencia a todo el mundo. Sin rastro alguno del cansancio de una experiencia así para alguien de 106 años. El teléfono no dejó de sonar. «Es que vino encantada».
–¿Qué tal lo pasó, Martina?
–Como una reina. Fueron todos maravillosos. Gracias y gracias. Me trataron estupendamente. Y, sobre todo, que ganó el Racing. Que si llega a perder yo me muero. Me lo pasé estupendo.
Da gusto el rato de charla. Escuchar cómo lo cuenta. «Lástima que esto no me pille más joven, pero ¡Viva el Racing¡ Y ¡Viva Colindres! Eso es lo que importa». Está eufórica y, sobre todo, muy agradecida.
–¿Qué es lo que más le gustó del partido? ¿Con qué se queda de todo lo que vio?
–Con todos los jugadores. Jugaron muy bien y ganaron. Estoy muy contenta por verlos porque yo pedía que ganaran y lo hicieron. Estamos de enhorabuena y hemos triunfado.
Lo cuenta con la ilusión del que va por primera vez a un estadio. La que unos viven del brazo de su padre y otros, del de un sobrino. La que unos recuerdan con seis o siete y otros sumándole a esos cien más. La ilusión que se tiene todas las primeras veces, que no varía aunque uno ya lo haya vivido casi todo.
Aquí, para acabar el reportaje, toca poner otra vez lo que ya se ha escrito al final del primer párrafo. Lo que dice Martina sin que se lo pregunten antes de despedirse. «A ver si hacemos otra antes de que me vaya al otro mundo». La 45. Volver. Como en el 93. Y que Martina lo vea.
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