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JON GARAY
Lunes, 29 de julio 2019, 16:38
Ahí está, imponente, con sus 423 metros, la cascada de Gavarnie, la más alta de Europa. Eso dicen por estos lares. Al parecer hay varias en Noruega, Alemania y Eslovenia que la superan. Poco importa. El hecho es que su tamaño es tal que el agua parece caer a cámara lenta, como si el tiempo se hubiera detenido. Alrededor, una inmensa pared que alcanza los 1.500 metros y seis kilómetros de diámetro.
Cifras todas ellas que no reflejan en absoluto la inmensidad y belleza de uno de los rincones más visitados de la cordillera pirenáica. Y es que escribir sobre los Pirineos es una bendición a la vez que una condena. Bendición, porque los paisajes son de una hermosura abrumadora; condena, porque es imposible que las palabras estén a la altura de sus parajes. Ni siquiera sirve el dicho de 'más vale una imagen que mil palabras'. Las fotos tampoco alcanzan en este caso. Hay que estar allí, recorrer sus senderos, subir sus montañas y tocar el agua de sus lagos. Cualquiera que haya estado allí lo sabe.
Gavarnie es una pequeña localidad situada en el parque nacional de Los Pirineos franceses. Con menos de 400 habitantes, siempre es temporada alta, en verano y en invierno. Todo en ella está orientada a los turistas. Se diría que casi hay más hoteles que casas. Y lo que no son hoteles son restaurantes, tiendas de souvenirs, panaderías o negocios donde se venden productos típicos del lugar.
Desde Cantabria, la ruta más rápida es coger la AP-8 hasta la frontera, continuar por la A-63 para pasar a la A-64 justo antes de llegar a Bayona. Entonces hay que continuar hacia el este, en dirección a Pau y Tarbes. Antes de llegar a esta última se debe girar hacia el sur por la N-21 en dirección Lourdes. A partir de entonces se toma la D-821 hasta llegar a esta conocida localidad. No tiene pérdida. Son poco más de cuatro horas de viaje (y casi 30 euros en peajes. Una alternativa más económica es acceder por el sur pasando por Vitoria, Pamplona y Jaca para llegar a Bielsa, donde se pasa el túnel que atraviesa la cordillera. Una vez allí hay que superar el Aspin y el Tourmalet para llegar al destino en unas seis horas. Cuestión de prioridades.
Desde que se llega a Gavarnie la mirada se desvía irremediablemente hacia su circo. Está ahí, siempre presente. Parece estar más cerca de lo que está en realidad. «En apenas media hora llegamos», piensas con el ansia de contemplarlo ya de cerca. Lo cierto es que está cerca, pero no tanto. Tras pasar la noche, salimos a las 8.15 de la mañana. La idea es evitar la caravana de visitantes que seguro llegará a lo largo del día. Seguro. El día es soleado, perfecto para disfrutar de las vistas. Se trata de seguir el río Gave de Pau hasta su mismo nacimiento. Su estruendo al pasar lo impregna todo en Gavarnie.
Extensión 23 kilómetros desde el pueblo de Gavarnie al circo y subida al refugio de Espuguettes, regreso a la cascadas y, de ahí, de nuevo a Gavarnie.
El camino son poco más de cinco kilómetros y un desnivel de 400 metros que se recorren en hora y media a ritmo tranquilo. Es una ruta perfecta para hacer con niños, ya que no presenta ninguna dificultad. Sorprende encontrar en el trayecto el Hotel du Cirque et de la Cascade. Imposible mejor ubicación y mejores vistas a solo treinta minutos de la cascada. O casi, porque en el mismo circo ha dormido una pareja en una tienda de campaña.
Son las 9.45 y apenas hay gente. Ventajas de madrugar. Es entonces cuando se descubre la verdadera magnitud de este paraje. Simplemente abruma, como una versión del 'síndrome de Stendhal' pero aplicada a la naturaleza. Empezando por el este -izquierda-, está el Marmoré (3.248 metros), los tres picos de la cascada (todos por encima de los 3.000), el col de la cascada (2.931 metros), La Tour (3.009 metros) y La Casque (3.001 metros). Más allá, hacia el oeste, aunque no se vea desde el circo, la famosa Brecha de Roldán (2.804 metros) y el Taillón (3.144 metros). Y justo detrás, al otro lado de la frontera, el valle de Ordesa. En definitiva, una pared de 1.500 metros desde los 1.750 de la base hasta las cotas reseñadas. La cascada nace de los tres picos y baja despacio, como parando el tiempo. O eso parece, porque su estruendo llena todo el lugar. Su fuerza es tal que cala sin tocar el agua. Stendhal…
Tras una hora de disfrutar de tan hermoso lugar, es momento de volver. Pero no a Gavarnie. Justo en el hotel antes mencionado, hay un desvío hacia el refugio de Espuguettes (2.030 metros). El camino, ahora sí, se empina. Poco importa porque el paisaje deja sin palabras. Parece sacado de La misión' o 'El último mohicano'. Es una senda estrecha que remonta el monte y en el que se encuentra una pequeña cascada, riachuelos, un frondoso bosque… En 50 minutos se llega al refugio de Pailha (1.808 metros). Queda el tramo más duro, ya siempre con el refugio de Espuguettes a la vista. Llegamos justo a las 13.00 horas. El emplazamiento es privilegiado. Desde él se puede ver el circo de Gavarnie, la propia Gavarnie y hasta la Brecha de Roldán y el Taillón.
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Al estar la cascada en el lado este del circo, es a partir del mediodía cuando el sol la iluminará con todo su esplendor. Es por ello por lo que decidimos regresar al circo por la misma senda. Una nueva oportunidad para recorrer estos parajes. Efectivamente, la cascada luce todavía más hermosa. Todo un espectáculo que deja sin palabras. Otra vez Stendhal. El regreso a Gavarnie lleva apenas una hora. Han sido en total siete horas y cuarto, 23 kilómetros y 750 metros de desnivel. Poco importan los números. Más, mucho más, un paisaje de ensueño.
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Álvaro Machín | Santander
Guillermo Balbona | Santander
Sócrates Sánchez y Clara Privé (Diseño) | Santander
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