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Su hazaña ha certificado que en Cantabria es imposible ponerle puertas al campo. Durante seis etapas cuatro integrantes del Rasines Trail Club han recorrido campo ... a través los sistemas montañosos entre el Asón y el Deva. Un trazado de 190 kilómetros entre Ramales de la Victoria y Santo Toribio de Liébana en el que han acumulado una altitud de 9.000 metros, por encima de los 8.848 metros que mide el Everest. Todo para reivindicar unas instalaciones dignas para el Ampuero FC.
El desafío deparó momentos inesperados. Con nevadas que les obligaron a transitar sobre 70 centímetros de nieve acumulada. Huellas de un lobo de enormes proporciones con el que por fortuna no tuvieron ningún encuentro. Y situaciones comprometidas frente a varios mastines que, precisamente, pastoreaban a rebaños sueltos en los prados para evitar el ataque de los depredadores y que pusieron en un aprieto a los expedicionarios.
La gesta la protagonizaron Sandra Martínez, Erdoisa Garrastachu, Vicente Martínez e Iñaki Medina. Los cuatro, acostumbrados a la competición de media y larga distancia, contaron con Álvaro Pascual y Antonio Hernández como enlaces para los avituallamientos y la retirada diaria a los alojamientos en los que reunir fuerzas. Todos forman parte de un club que, con 135 integrantes, es de los más fuertes de Cantabria. Anualmente organizan el Rasines Mamut Trail, una prueba que en su última edición sirvió como campeonato de Cantabria por equipos.
El reto para reivindicar instalaciones dignas para el Ampuero FC lo integraron seis etapas que tuvieron como constante el picar siempre hacia arriba, deparando una ganancia de altitud digna de mención. Incluso cuando hubo vertiginosos descensos lo fueron sólo como forma de coger carrerilla hacia una nueva ascensión.
La primera jornada comenzó a las 8.30 horas en Ramales de la Victoria y llegaron cuatro horas después a Asón, en un trayecto de 20 kilómetros donde el desnivel positivo superado fue de 1.200 metros. La toma de contacto con la prueba estuvo pasada por agua y unas temperaturas gélidas, que sólo remitieron en el descenso a La Gándara y la llegada a los aparcamientos de los Collados del Asón.
La segunda etapa requirió nueve horas y media para su finalización a lo largo de 43 kilómetros que llevó a los expedicionarios hasta Vega de Pas, con avituallamiento en Selaya. El avance se hizo especialmente complicado con la aparición de la nieve a La Colina, ampliando la duración de algunos trechos el triple de lo previsto.
Como anécdota, en el único tramo de asfalto en el ascenso al Alto del Caracol tuvieron a un potrillo como acompañante. El refrigerio en Selaya corrió a cargo de la madre de Erdoisa con un caldito casero que les procuró las energías necesarias para llegar al punto de recogida.
La tercera etapa, hasta San Miguel de Luena, presentó 27 kilómetros de distancia, con una trepada inicial para luego descender a San Pedro de Romeral, antes de poner rumbo a Luena y descender al pueblo. En total, seis horas y media de carrera a pie en un ecuador del reto que redobló sus ánimos.
La cuarta etapa recuperó una de las tiradas más largas y fue cubierta en casi ocho horas. Ese fue el tiempo para cubrir los 40 kilómetros de distancia entre San Miguel de Luena y Bárcena Mayor. Aquí afrontaron auténticos muros con pendientes del 21% a lo largo de ocho kilómetros en los que ganaron una cota acumulada de 900 metros. Tras hacer cumbre y crestear, inciaron el descenso al Embalse del Alsa, cerquita del avituallamiento de Bárcena de Pie de Concha. Aún les quedaba la subida interminable hasta Pujayo, donde volvieron a sumar otros 900 metros de desnivel positivo.
El quinto día se fijaron como destino Tudanca, a casi 30 kilómetros que tardaron en cubrir cinco horas y que implicaron una nueva ganancia de 1.300 metros de desnivel acumulado. El espectáculo en el ascenso a Los Tojos, asomándose posteriormente al mirador de Colsa, se completó ya en la bajada a la Reserva del Saja con un recorrido entre hayas donde tuvieron la suerte de tropezar con cuatro ciervas y dos venados.
La etapa final, con distancia maratoniana de 41 kilómetros y 250 metros, les llevó hasta los pies del Monasterio de Santo Toribio de Liébana. Fue el día más madrugador, con arranque a las cinco de la mañana para hacer la entrada triunfal justo al mediodía. Allí les entregaron el correspondiente diploma y les sellaron las credenciales como los peregrinos más singulares que acudirán en este próximo Año Jubilar Lebaniego hasta este templo sagrado. Misión cumplida, fotos y regreso con la esperanza de que ahora se obre el milagro de unas instalaciones dignas para el Ampuero FC.
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Ana del Castillo
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