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Travis Birds: «Nunca se puede poner punto y final a una obsesión; siempre perseguimos algo»
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La cantautora madrileña actuará en la sala Sümmum de Santandereste sábado para presentar su segundo trabajo, 'La Costa de los Mosquitos'Como Luis García Montero en las páginas izquierdas de 'Balada en la muerte de la poesía', Travis Birds ha encontrado en lo animal, en lo primitivo, el impulso necesario para crear su segundo álbum de estudio, 'La Costa de los Mosquitos' (Calaverita Records, 2021), un disco producido por Álvaro Espinosa en el que la madrileña ha viajado por sus propios miedos para transformarlos en canción. En concreto, diez.
Tras autoeditar su primer trabajo en 2016, 'Año X', componer la cabecera de la serie de Movistar 'El Embarcadero' y ser una de las voces que participó en el disco 'Tributo a Sabina. Ni tan joven, ni tan viejo' junto a Amaral, Robe Iniesta o Estopa, el proyecto personal de esta artista ha dejado de aletear para emprender vuelo. El mismo con el que llega a Santander este sábado.
A Montero le dio por los escorpiones; a Birds, con su propio diseño en portada, por las moscas. Sigan leyendo para saber por qué.
- El año pasado recorrió más de 30 ciudades entre España y Portugal con 'La Costa de los Mosquitos'; a este le da la bienvenida iniciando gira en el Circo Price de Madrid. ¿Está en un buen momento?
- Profesionalmente estoy en un momento increíble. Es verdad que a medida que van llegando las metas te entra un poco la ansiedad de: «tengo que ir a más, siempre a más» e incluso estoy sufriéndola un poco, porque a medida que van aumentando los retos va aumentando la presión, pero estoy muy contenta y muy satisfecha del trabajo que estamos haciendo y de haber llegado hasta aquí con un disco que conlleva una escucha tan concreta; no me parece un disco fácil y no me esperaba tener el recibimiento que ha tenido.
- Su 'yo' de hace algún tiempo se sentía identificado con alguien que decía ser nadie buscando ser alguien. Ese alguien era Travis Bickle, protagonista de 'Taxi Driver'. ¿Quién fue usted antes de ser Travis Birds?
- Una niña atormentada que no terminaba de creerse que fuera a servir para algo que le gustase hacer. Con los estudios llegó un punto en el que pensé que iba a tener que conformarme; era lo que me llegaba porque no era buena estudiante. Elegir tu vida cuando tienes veinte años es difícil y a mí, afortunadamente, toda aquella frustración y tristeza de aquel momento me llevó a quitarme muchos prejuicios, actuar en automático, encontrarme con una guitarra y ponerme a tocar sin plantearme lo fácil o difícil que era aprender. Simplemente viví el momento y conecté con cómo era aprender un acorde cada día. Eso me abrió un mundo y me llevó a dedicarme profesionalmente a la música.
- En este disco propone viajar al interior de lo que somos como seres humanos. ¿Canta a sus obsesiones para ponerles nombre y punto final?
- Punto y final es imposible poner porque aparecerán otras cosas; nuestra cabeza es así, siempre vamos a perseguir algo y eso siempre va a conllevar dificultades. Quise conceptualizar el tema de las obsesiones en el disco a pesar de que me haya quedado muy intenso, y quería que tuviera el punto positivo de que se puede sacar algo bonito y productivo de las cosas más tóxicas de la vida, como son estas canciones. Por ejemplo, 'Coyotes' —canción de cabecera de la serie 'El Embarcadero'— salió de ponerme a escribir una experiencia horrible, y sin embargo bienvenida sea porque me ha regalado mucho más de lo que me dolió en su momento. Creo que la vida va de eso, de pelearla, o por lo menos es de lo que me he enterado en estos treinta años.
- ¿En qué momento transforma esas obsesiones en rostro de mosquito?
- Yo soy muy insectívora, el mundo de los insectos me parece super interesante y los uso mucho en mis metáforas. Creo que tiene que ver con que de pequeña mi hobbie era ir con mi hermana a coger bichos y eso se me ha quedado de alguna manera. Imagina una noche de verano de las que tienes que dormir con la ventana abierta y entra un mosquito a joderte la noche y escuchas su zumbido hasta que te levantas; una lucha a vida o muerte, ¿no? Pues me pareció una metáfora que recogía muy bien todo el concepto del disco, como ese ruido constante que te hace levantarte y moverte y a la vez conocerte a ti misma en tus extremos. Este disco invita mucho a acercarse a ellos y me parece fascinante sobrepasar la línea que nos diferencia de los animales y que en realidad es la que rige nuestro día a día.
- Apela a esas obsesiones a través del jazz, del bolero, del rap e incluso del fado. Como quien tiene algo de esponja, absorbe sus influencias para luego darles forma. Profesionalmente, ¿teme hacer siempre lo mismo?
- No, porque más bien es al revés. Ahora estoy haciendo otro rollo totalmente diferente y sí que me surgen dudas de: «me estoy alejando mucho de lo que estoy haciendo»; eso puede llegar a ser confuso pero no puedo enfocarlo de otra manera porque necesito componer la música con la que estoy conectada en el momento en el que estoy componiendo. Me está saliendo otro tipo de música muy diferente y creo que tiene una parte buena, aunque habrá gente que se perderá por el camino, pero creo mucho en la evolución y en el desarrollo. Me parece mucho más divertido probarte y conocerte en distintos contextos.
- Habla de un disco de escucha complicada; en él ha incluido cristales rotos, el zumbido de una mosca y suspiros. ¿Cuándo un matiz deja de ser ambientación para aportar a la canción o modificar su significado?
- (Piensa) Qué pregunta más difícil. Creo que cuando funciona así para el oyente. Al final cada uno lo interpreta de una forma diferente y le llega de una forma diferente, y a lo mejor una textura en una canción como pueda ser un suspiro a una persona no le dice nada y a otra, de repente, es lo que le asienta. Yo cada cosa que he metido en este disco tenía un porqué, pero para nada quiero que sea el porqué de los demás. Seguramente las canciones de la gente que a mí me gustan ni siquiera son sus preferidas y ni siquiera hago la lectura de la historia que han hecho ellos al escribirla, y eso es lo interesante.
- Esperó dos años hasta poder publicar este álbum tras abandonar su anterior discográfica. ¿Queda un sabor amargo de todo aquello?
- Fue un reto conseguir irme de allí y considero que fue una decisión super acertada, no solo porque ha traído muchas cosas buenas, sino porque era inviable para mí trabajar de aquella manera; no me quería conformar. Fue una decisión complicada que ojalá no me hubiera costado tanto tiempo ni tanta salud tomar, pero seguramente aquello me curtió bastante y me dio otros enfoques de mí misma que a lo mejor no conocía. De todo se aprende, y de lo malo, de lo que más.
- ¿De los directos también?
- ¡Sin duda! Es donde más se aprende porque no hay ni trampa ni cartón. Ahí estás tú sola y ya puedes tener un mal día, que tienes que sacar lo mejor de ti igualmente. Supone un aprendizaje constante. Tengo un amigo que se refiere a esto como «escalar sin cuerda» y es verdad, tienes que salir ahí y dar tu mejor versión. De hecho yo cuando considero que no es así me torturo bastante y siempre busco dar lo máximo, aunque no tenga la energía suficiente.
- Sobre el escenario recrea su habitación, ¿no le asalta el vértigo cuando tanta gente conoce el núcleo donde nacen sus canciones?
- ¿Sabes qué pasa? Que no lo siento así porque el disco es muy metafórico y no narro nada literal, así que por mucho que haya creado el disco aquí, en mi habitación, y que este lugar tenga tanto peso en las canciones, nadie se lo imagina así. No me he sentido demasiado expuesta con este disco, la verdad.
- Ya hace un tiempo que pudo interpretar '19 días y 500 noches' desde la mirada de su otra protagonista: María, la mujer de aquella historia. ¿Lo recuerda como un golpe de suerte?
- Pues sí, fue un golpe de suerte porque no dependía de mí. La propuesta llegó en un momento super acertado, así que el hecho de que llegara en el lugar y momento correctos y me pasara a mí sí que me parece un golpe de suerte que podía no haber tenido. Luego es verdad que hubo mucho trabajo detrás y me lo preparé como si fuera el papel de mi vida, con toda la honestidad hacia Joaquín Sabina porque era una oportunidad muy grande poder agarrarme a su canción y al texto de Benjamín Prado para defenderla; pero sí, fue un golpe de suerte que me trajo muchas cosas buenas después.
- Tras 'La Costa de los Mosquitos' saldrá nuevo material. ¿En qué fase se encuentra todo lo que está por venir?
- Estamos grabando videoclip ahora mismo. Tenemos la idea de publicar algunos temas por separado durante este año porque me apetece darle forma a lo próximo que meta en un disco, y para eso necesito tiempo y perspectiva. Pero sí que tengo otros temas que me apetece ir sacando. 'La Costa de los Mosquitos' se alargó mucho y luego llegó el covid, así que no pude vivir lo que es interpretar las canciones en un momento reciente al que han sido compuestas. Eso no quiere decir que no esté conectada con este disco, pero sí que musicalmente ahora mismo estoy buscando otras cosas y aunque me conecto rápido porque es un disco que me encanta y forma parte de mi, me apetece vivir la inmediatez de publicar algo que he compuesto ahora antes de empezar a plantear ya el siguiente disco.
- ¿Podrá escucharse algo de ese material nuevo en Santander?
- (Duda) Un tema seguro, al otro tenemos que darle una vuelta todavía.
- En honor al tema que cierra el disco, ¿se imagina dando un concierto para chicharras?
- (Risas) ¡No tengo el don de poder hacer ese sonido! Ese tema me pareció que conceptualmente cerraba muy bien el disco, dando un momento 'en plena naturaleza' donde reflexionar y poder encontrarte con esa parte tuya más animal. Para mi conceptualmente 'La Costa de los Mosquitos' hace referencia a un lugar en la cabeza de uno mismo que es primario, de selva y naturaleza, en el que estás tú solo con tus propias obsesiones y contigo mismo. Me pareció que eso representaba muy bien ese lugar y ese momento después de la tormenta en el que estás tú solo y te preguntas qué has sacado al final en claro.
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Ana del Castillo
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