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Los orígenes del flamenco resuenan en Comillas

Los orígenes del flamenco resuenan en Comillas

Caprichos Musicales ·

El guitarrista y compositor José Luis Montón, junto a Inma 'La Carbonera' y Cristina Benítez, ofrece su particular visión del género

Lunes, 10 de agosto 2020, 18:30

«Solo tenemos una vida y la palabra clave es libertad». Esta rotunda afirmación resulta chocante cuando la profiere alguien que se maneja en el campo del flamenco, disciplina rígida donde las haya. Las tradiciones, para serlo, tienen que atenerse a unos cánones heredados, se llamen palos o cantares. Pero eso no parece importarle a José Luis Montón.

Lo suyo es la mezcla. Este guitarrista y compositor no se pone freno. «Si vemos algo que nos gusta y nos encaja, pero tira más al tango que al flamenco, pues lo dejamos fluir».

Habla en plural porque no está solo en la aventura musical que le trajo este domingo hasta Comillas. Junto al virtuoso músico están Inma 'La Carbonera', cantaora y al baile, Cristina Benítez. Los tres forman 'La memoria del aire', una experiencia musical que definen como «un viaje a los orígenes y un encuentro para contarlo».

Sobre el escenario de la Plaza del Ángel y ante un centenar de personas, ofrecieron un espectáculo que equilibra la fuerza instintiva del flamenco más tradicional, con la sutileza de la mezcla. No son manos lo de Montón, al menos no como las del resto, que parecen convertirse en inertes piezas de madera a la vista de la velocidad y precisión con que baila sobre las cuerdas.

Farrucas, milongas, bulerías, tangos y seguirillas se suceden con naturalidad. La voz de La Carbonera no asusta, como algunos de esos quejíos cavernosos. La suya se balancea y va llevando el compás que una precisa Benítez marca con todo su cuerpo. De corto, de blanco, de negro, de rojo. Con un abanico, con un bastón, con un clásico mantón. El lenguaje de las manos es una narrativa propia que se construye con el eco del taconeo, primario y directo a las entrañas de quienes observan. Un público silencioso, casi conteniendo la respiración ante el siguiente giro y rasgueo. Uno, tras otro, subiendo la intensidad hasta donde parece que la física debe impedir con sus leyes que la velocidad aumente.

Quizá no haya una muestra cultural tan sensual y arrebatadora en toda su expresión como el flamenco. Hasta el propio ángel de piedra habría dado palmas si pudiera.

Terminado el show, recuperando el aliento, Montón explica que este de Comillas ha sido el primer show tras la pandemia. Por el camino han quedado muchos otros, a buen seguro irrecuperables.

El guitarrista es un habitual de los Caprichos Musicales. Apenas ha faltado a un par de sus XVII ediciones. El director del ciclo, el violonchelista Serguei Mesropian alaba la apuesta de Comillas por mantener la cita, mientras otros lugares han cortado por lo sano con la cultura. «Son héroes», dice. Son buenos gestores, podríamos añadir, preocupados por dejar que la música siga sonando entre el ruido general y cuidando hasta el extremo las medidas de seguridad impuestas.

Ya de noche, en una terraza, repartidos en varias mesas, chelistas, guitarristas, cantantes y bailarinas, profesores y alumnos, se dan cita al fresco de la agradable noche comillana. El talento también descansa, antes de abordar las tres citas que les esperan esta semana. La villa de los arzobispos suena bonita este verano raro. Aprovechen.

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