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Arriba el Palencia Sonora, abajo el pollo premium
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El evento palentino, sin estridencias y abogando por el disfrute de la música en un entorno agradable, sin prisas, agobios, ni solapes, debería ser el ejemplo a imitarPOLLO PREMIUM. Allí estaba. Entre bandejas normales de otro tipo de carnes. Mezclado con la chusma normal del supermercado. Allí estaba. Pero no te creas que era un pollo cualquiera. Era POLLO PREMIUM. Lo miré y lo remiré. Y a mí me parecía un pollo de lo más normal. Del amarillo, para que tú y yo nos entendamos. Pollo campero. Industrial, pero menos industrial que otros, vaya.
Días después, he disfrutado del Palencia Sonora 2022. Un festival que no se pone a sí mismo apellidos como premium, chic, fashion ni nada por el estilo. Un festival normal. Con gente normal. No con influencers haciéndose vídeos de espaldas al escenario. La gente iba arreglada, iba guapa, con sus camisas de flores, muchos en modo peña llevando la misma camisa, pero se notaba que no habían pasado días pensando cómo dar el golpe de efecto con un «outfit festivalero» extraordinario.
Y, sin embargo, a mí el Palencia Sonora, me ha parecido un festival extraordinario. Un ejemplo a imitar. Un festival que ojalá fuera «influyente». Con un recinto en un parque cómodo y fresco de la ciudad, no en un secarral de las afueras. Con un cartel potente entre clásicos nacionales (León Benavente, Zahara, Depedro, Rufus…) y quienes vienen arrasando (Alizzz, Rusowsky, Califato ¾, Ortiga…). Con un tamaño sostenible en el que no pierdes a tus amigos o a tu energía entre hordas de personas. Con precios de la bebida también sostenibles.
Con camareros profesionales (supongo que eso implica bien pagados) y sin agobios ni odiseas para llegar, entrar, salir o ir al baño. Sin solapes que te obliguen a dramas. Acababa un concierto y a los 5 minutos empezaba el siguiente justo al lado. ¿Querías descansar? Descansabas. ¿Querías comer o beber? Pues lo hacías. ¿Querías mear? Pues también sin problema.
¿En qué momento hemos convertido estas cosas en extraordinarias? Un festival es un plan de ocio y de placer. Es para disfrutar. No para sufrir. ¿O quizá pagamos el peaje de sufrir sólo con poder contar que «estuvimos allí»? Todo se ha ido tan de madre que ahora al pollo normal se le llama premium. Queremos todo «deluxe», «premium», queremos ser algo más… ¿Algo más que quién? Mírate. Ganas 1.000 euros (si eso) y vives en menos de 100 metros cuadrados (si eso). Ahorras a duras penas. NO eres premium.
Cantaba Iván Ferreiro aquello de «quién quiere ser normal, yo quiero que me echen de menos». Pues Iván, perdóname, pero debemos ser todos más normales. Mirarnos entre nosotros y dejar de querer pisarnos y adelantarnos. Dejar esta velocidad y locura de vida hiperconectada en la que al final no llegamos a ningún lado queriendo estar en todos a la vez.
Mi último concierto de esta edición del Palencia Sonora fue el de los barceloneses Mujeres. Ellos nos recuerdan en 'Rock y amistad' que los grupos, por muy estrellas de cartel que sean, sólo escriben «canciones de gente normal que soñamos y cantamos hechas realidad». Arriba el Palencia Sonora. Abajo el pollo premium.
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Ana del Castillo
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