Huir de los impuestos y los aranceles era su principal objetivo. Por eso un grupo de empresarios santanderinos decidió, tras el final de la Gran Guerra ... , impulsar la creación de un puerto franco que contribuyera a aumentar los tráficos de importación y exportación, y que se haría realidad cuando el Gobierno de España aprobó su creación el 11 de agosto de 1918.
Los empresarios, encabezados por el presidente de la Cámara de Comercio de Santander, Eduardo Pérez del Molino y Rosillo, buscaron un recinto que finalmente encontraron en la zona de los Arenales de Maliaño. Era una superficie que no estaba tan cerca del puerto, pero era idóneo para el movimiento de mercancías hacia la Meseta que durante su estancia en el depósito franco no estaría sometida a los gravámenes de la política comercial, porque se considera que no habían entrado todavía en el territorio nacional, al menos fiscalmente.
El 4 de marzo de 1923 se procedió a la inauguración del recinto y de las instalaciones en base a un proyecto diseñado por Alfredo Liaño y un presupuesto de 900.000 pesetas. El gran almacén ocupaba un área de cien metros por dieciocho, y el total de la superficie del Depósito era de 4.200 metros cuadrados. Hasta el momento de la inauguración ya habían solicitado terrenos para instalarse la fábrica Desmarais de Astillero que refinaba petróleo y los Hijos de Calleja, editorial de libros y cuentos de Madrid que quería establecer una gran industria librera de exportación.
El primer consorcio estuvo integrado por representantes de la Diputación Provincial de Santander, Junta de Obras del Puerto, Ayuntamiento de Santander, Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navegación de Santander, Banco de Santander y Banco Mercantil. El presidente nato del consorcio fue el de la Cámara de Comercio, Pérez del Molino, al que siempre se le reconoció el mérito de crear este servicio en el puerto de Santander, tal y como refleja una placa de mármol que se colocó en el primer almacén construido. También fueron artífices del Depósito Franco los industriales y comerciantes que suscribieron las obligaciones por un importe de 1,1 millones de pesetas para facilitar el comercio de los productos que venían de ultramar a través del puerto de Santander,
En su primera fase se construyeron dos almacenes de 1.800 y 1.530 metros cuadrados, inaugurados en 1923 y 1926. Los principales beneficiarios del régimen fiscal del puerto franco fueron los importadores de productos coloniales (cacao, azúcar, maderas...) y los de cereales, sobre todo en los años 60, cuando el Depósito Franco vivió sus momentos de mayor esplendor.
En los años setenta, el consorcio acometió un plan para ampliar la capacidad de almacenamiento de mercancías generales, edificando varios almacenes en 1970, 1971, 1972 y 1975.
Entre 1966 y 1983 las mercancías que más movimiento tuvieron a través del Depósito Franco fueron los cereales, piensos para la alimentación animal, café, productos químicos líquidos y alimentos congelados.
El Depósito Franco de Santander ha ido incrementando su capacidad de almacenaje y adaptando su oferta de servicios a las necesidades de las empresas. En la actualidad cuenta con 49.000 metros cuadrados de instalaciones, distribuidas en doce almacenes polivalentes en la zona portuaria y uno más en la Ciudad del Transporte, siete tanques metálicos para almacenamiento de líquidos (aceites vegetales, melazas de azúcar, etc), silos para cereales y cementos y una instalación frigorífica polivalente, dotada de túnel de congelación.
La Zona Franca y el espacio
El Depósito Franco de Santander fue el primero que se transformó en Zona Franca, de acuerdo con la nueva normativa comunitaria que obligaba a la desaparición de los puertos francos o a su transformación en zonas francas. En agosto de 2016 el Ministerio de Hacienda autorizaba la creación de la Zona Franca de Santander que con mayor grado de libertad en las formalidades aduaneras, asumió los servicios ya conocidos de almacenaje, manipulación, mantenimiento de mercancías, cargas, descargas, clasificación y consolidación de mercancías, pero permitiendo recrear las mismas condiciones aduaneras en otro espacio cerrado que no tiene que estar necesariamente dentro del puerto, y que abría las posibilidades para trasladarse al futuro polígono de La Pasiega.
Hay que tener en cuenta que su primera inversión como entidad pública fue la construcción de dos grandes tanques para graneles líquidos que ha agotado el espacio del que disponía en Raos.
En la actualidad la presidencia del plenario de la Zona Franca corresponde al presidente de la Cámara de Comercio de Cantabria, mientras que el órgano ejecutivo está presidido por el delegado Especial del Estado que desde 2020 es Francisco Fernández Mañanes.
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