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Izquierda a la defensiva
Entre líneas ·
El centroderecha ha instalado su relato ideológico frente a la narrativa de los avances socioeconómicosAlberto Surio
Domingo, 11 de junio 2023, 00:03
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El centroderecha ha instalado su relato ideológico frente a la narrativa de los avances socioeconómicosAlberto Surio
Domingo, 11 de junio 2023, 00:03
El presidente del Gobierno se encuentra atrapado en un bucle de difícil salida para dar la vuelta a los pronósticos ante las próximas generales. No ... hay nada escrito sobre el futuro, pero incluso el acuerdo 'in extremis' entre Sumar y Podemos, aunque salve los muebles a última hora y sacrifique a Irene Montero, puede que no resulte suficiente para reorientar cierta sensación de deriva que se ha apoderado de la izquierda. Queda poco tiempo para enderezar las cosas y la batalla por la movilización se antoja decisiva. El problema de este pacto es que escenifique un cierre en falso, con las heridas demasiado abiertas, para activar una ilusión colectiva.
Sánchez ha preferido evitar un semestre de agonía con la oposición en el monte, los aliados fuera de control y sus rivales internos –Javier Lambán y Emiliano García-Page– en plena efervescencia. La percepción de que el cambio de ciclo es inminente está sobre todo asentada en Madrid y en sus circuitos de influencia. Y la periferia no es Madrd, pero los efectos de sus ondas sísmicas siempre se notan. Por eso la sensación de desánimo es, de entrada, una victoria psicológica que la derecha trata de inocular. Pero que también puede reflejar señales reales de agotamiento de ciclo.
Es cierto que la derecha ha construido un relato demonizado de Sánchez por sus pactos con Unidas Podemos, Esquerra y EH Bildu y por sus cambios de posición en relación con sus aliados. Y le ha resultado eficaz. Sobre la versatilidad de determinadas estrategias se puede escribir una tesis doctoral, porque todos han incurrido en contradicciones entre lo que en su día dijeron y luego, en realidad, hicieron. Nos podrá gustar a o no, pero asumir el principio de realidad es una regla esencial en política. Como le ocurrió a Hillary Clinton, la caricaturización del líder forma parte de la operación de erosión política. Pasó lo mismo con Zapatero y con González. En nuestra historia, Azaña concentró las iras más venenosas del espectro conservador.
La derecha más militante ha construido una imagen tan sesgada de Sánchez que ha terminado por calar en su sociología profunda. Dan igual sus resultados económicos o en empleo. Dan igual los avances sociales, los fondos europeos recibidos tras la pandemia o la creciente influencia de España en Europa. Da igual, casi, que la 'excepción ibérica' nos haya librado de una crisis energética sin precedente. Al presidente esa derecha le odia. Y punto.
En este cuadro de luces pesan las sombras de la relación con ERC y Bildu. Esa es la bandera emocional que puede provocar la derrota de Sánchez contra todos los pronósticos hace pocos meses. La sobreactuación ha funcionado y el acuerdo entre el PP y Vox parece que opera con toda naturalidad en un blanqueo de posiciones sorprendente si se tiene en cuenta el aislamiento que sufre la ultraderecha en otros países europeos. En España, no. Feijóo pactará con Vox aunque dilate la foto porque le escuece en algunas autonomías. Pero en su electorado esto no le pasa factura.
Algo habrá hecho mal la izquierda para llegar a este punto. El PSOE debería mirárselo. Por no hablar de Podemos, cuyo empecinamiento en determinadas materias ha dado una valiosa munición a sus rivales. Pero determinados movimientos responden a algo. ¿Por qué hemos blanqueado tan fácilmente a Vox? ¿Y si la Transición se hizo sobre una relación de debilidades y no se se cortó con el franquismo sociológico, que ha seguido vivo y coleando, encaramado al Estado y en parte de la sociedad? Hay indicios para sopesar la hipótesis.
Durante años creíamos que el objetivo de los demócratas en el País Vasco era que los que defendían la violencia hicieran política como los demás, sin el recurso del terrorismo. Y ahora que lo hacen resulta que es el problema. Durante años pensábamos que el objetivo de la reconciliación entre españoles era que los que habían sido derrotados en la Guerra Civil hicieran política como los demás. Ahora el problema es tener ministros 'comunistas'. La derecha democrática debe cuidar mucho no azuzar la imagen de la 'antiespaña' de 'rojos y separatistas'. Sería pan para hoy y hambre, y mucha, para mañana.
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Ana del Castillo
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