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«Mi hijo pequeño tiene ahora una madre chicle, no me despego». S. Parra
«Para mí hundirme no es una opción»
Ainhoa Arteta Soprano

«Para mí hundirme no es una opción»

«Me ha cambiado el carácter una barbaridad, ahora me enfado mucho menos»

Arantza Furundarena

Domingo, 27 de febrero 2022, 00:07

Le cuesta imaginar qué sentirá cuando, a las ocho de esta tarde, pise el escenario del Teatro de la Zarzuela tras ocho meses de silencio y después de haber estado a las puertas de la muerte, pero sabe que la emoción será intensa. Ainhoa Arteta se siente a sus 57 años más viva que nunca. Hoy cantará poemas con música de Falla y García Abril junto al tenor mexicano Ramón Vargas.

–Y volver, volver, volver...

–Y tanto que volver, pero sin ranchera, je, je... Espero que vaya todo bien. Me he preparado muchísimo. Y no ha sido fácil porque he estado con una operación a cuerda vocal abierta en noviembre. Me daban de seis meses a un año para recuperarme y a los dos meses y medio ya estoy en un escenario.

–¿No será una temeridad?

–No. Si lo fuese no lo haría. No estoy tan loca. La operación fue un éxito y he sido muy disciplinada. He ido a Berlín todas las semanas para la rehabilitación. Y con muchos días en silencio.

–¿Tiene sujeta la emoción?

–Sí, llevo 30 años en la profesión y me ha tocado tener que salir al escenario con un hijo en la UCI o cantar en el funeral de mi madre. Sobre esa angustia y ese dolor tan tremendo llegas a cantar. Están esos nervios iniciales, pero luego entras en el papel... El otro día estuve en San Mamés. Y vi a los jugadores con esos nervios de antes de salir al campo, esa adrenalina... Para los cantantes es lo mismo.

–¿Se canta mejor después de haber visitado el infierno?

–Para cantar bien, escribir bien o pintar bien más que haber estado en el infierno hay que haber vivido muy intensamente. Y yo he vivido siete vidas en una. El sufrimiento tiene doble lectura: hundirte y quedarte asustado o superarlo y sacar las cosas positivas de ello. Yo he optado por lo segundo.

–En algo habrá influido su fortaleza interna.

–Soy del bando de la necesidad. La necesidad es la que te hace virtuoso y te lleva a cotas que no imaginabas. Para mí hundirme no es una opción. No me lo puedo permitir. Todavía tengo dolor, sobre todo en mi mano, en mi dedo amputado, pero intento pasar de él. Yo soy de buscar la luz, intento caminar siempre por el lado del sol.

–Una vez me dijo que ha muerto tantas veces en el escenario que el día que llegue su propia muerte no la va a reconocer.

–No sentí que me moría porque estaba en coma. No vi una luz al final del túnel, pero sí me vi suspendida en una especie de vacío, un lugar silencioso lleno de estrellas en el que flotaba como un astronauta. Cuando volví y supe que mis dos mejores amigas, las dos médicos, habían estado llorando sin consuelo, comprendí que había estado más muerta que viva.

–¿Y a partir de ahí?

–Me dije: «Estoy viva, y tiene que ser por algo». Eso me dio la fuerza para superar todo lo que vino después. Porque desperté con las manos y los pies negros, al borde de la amputación.

–¿Le ha cambiado el carácter?

–Una barbaridad. Ahora me enfado mucho menos y les digo a mis seres queridos cuánto les quiero. Mis hijos están muy contentos. La mayor, que ya vive fuera, está feliz de verme tan bien. Y mi pequeño se lo está pasando bomba porque tiene una 'amatxo' que es como un chicle, no se le despega.

–¿Cómo le sienta que artistas famosos puedan haber pagado por un falso pase covid?

–Me sorprende. Cuando estuve en la UCI, vi a los sanitarios como guerreros. Me preocupan más ellos que los negacionistas. Y si eso de los pasaportes falsos ha ocurrido es una obscenidad.

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