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Después de meses de intensos rumores, el líder del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), Abdulá Ocalan, llamó al grupo a dejar las armas ... y disolverse. El dirigente entregó una carta de página y media con este llamamiento a una delegación del partido kurdo DEM en una reciente visita que le hicieron a la isla de Imrali, donde está encerrado desde 1999, y fueron los miembros de la formación quienes leyeron lo que calificaron como «la llamada de siglo», que puede poner fin a un conflicto que dura cuatro décadas.
Ocalan, apodado 'Apo' (tío), es mucho más que un líder político y militar para los kurdos, pero habrá que esperar a la reacción de los mandos de las diferentes facciones del PKK, que defienden que una orden de este tipo sólo se puede acatar si viene de un líder que habla en libertad.
El veterano dirigente pidió al partido que «convoque un congreso y tome la decisión». «Todos los grupos –añadió– deben deponer las armas y el PKK debe disolverse» porque la lucha armada contra el estado turco fue en algún momento «necesaria», pero la resistencia armada «ya no tiene sentido».
A la hora de explicar sus motivos, Ocalan señaló que el PKK se formó durante un período en el que el Estado turco restringía los derechos de los kurdos, pero que ahora ya no se niega la identidad kurda y, además, se han producido «mejoras en la libertad de expresión».
La primera reacción del AKP, partido del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, llegó de boca del vicepresidente, Efkan Ala, quien dijo que Turquía quedará «libre de sus grilletes» si el PKK cumple con el llamamiento de Ocalan. Ala señaló que el Gobierno espera que la milicia obedezca a su líder y fundador. El PKK es considerado grupo terrorista por Estados Unidos y la Unión Europea.
Las palabras de Ocalan son órdenes en una formación cuyos comandantes se encuentran repartidos entre las montañas de Qandil, en Irak, y Rojava, el Kurdistán sirio. «La figura de Ocalan tiene muchísimo peso y Turquía está jugando esa carta. La decisión final depende ahora de los mandos militares, hay que convencerles de que realmente se trata de un llamamiento real del gran líder y esto es complicado debido a las condiciones de su encierro. Si Turquía quiere que esto realmente convenza al PKK debe mejorar las condiciones de su cautiverio», considera el sociólogo Baris Tugrul, experto en el conflicto kurdo.
La disolución del PKK tendría un impacto directo en la vecina Siria, donde el partido ha tenido un papel clave desde el estallido de la guerra en 2011 y cuenta con el apoyo de Estados Unidos.
Poco después del comunicado, Salih Muslim, líder del Partido de la Unión Democrática, brazo político de las Unidas de Protección Mixtas (YPG), mostró su conformidad con el texto y declaró que «no habrá necesidad de armas si se nos permite trabajar políticamente (…) Si desaparecen las razones para llevar armas, las dejaremos».
Muslim aseguró que «todo lo que hemos hecho hasta ahora lo hemos realizado en el marco del paradigma Ocalan y hemos obtenido resultados. Seguiremos haciéndolo de ahora en adelante». Las YPG viven una situación complicada porque el presidente de EstadosUnidos, Donald Trump, parece interesado en retirar sus tropas del tablero sirio y se encuentran en pleno proceso negociador con las nuevas autoridades de Damasco.
El PKK lanzó su lucha contra el Estado turco en 1984, cuatro décadas que dejan decenas de miles de muertos. En 2013, Ocalan pidió a sus milicianos retirarse «más allá de las fronteras» de Turquía porque «ha llegado el momento de que callen las armas y hablen las ideas». En aquella ocasión, el mensaje escrito por 'Apo' lo leyeron también representantes del partido kurdo, que entonces respondía a las siglas de BDP. Los kurdos se ven obligados a cambiar el nombre de su partido y sustituir a sus dirigentes porque cada cierto tiempo declaran las formaciones ilegales y encierran a sus representantes.
La tregua colapsó en 2015. Desde entonces se han producido acercamientos y este comunicado llega cinco meses después de los contactos iniciados por el líder ultranacionalista Devlet Bahceli, socio de gobierno de Recep Tayyip Erdogan. El político llegó a sugerir que a Ocalan se le podría conceder la libertad condicional si su grupo renunciaba a la violencia y se disolvía. El tema kurdo es muy sensible en un país profundamente nacionalista como Turquía y el final del PKK abre las puertas a un escenario político muy diferente para el partido kurdo, que es la tercera fuerza del país.
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