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M arisa Garrido fue una mujer adelantada al tiempo que le tocó vivir, pionera en el reconocimiento de la mujer como profesional, en unos años ... en los que la pata quebrada y en casa era santo seña para muchas mujeres, pero fue, sobre todo, una persona equilibrada en su pensamiento, en su forma de vida y en su relación con los demás. Quienes tuvimos la suerte de distinguirnos con sus amistad fue un privilegio haber podido tratar con una persona extremadamente educada, cordial, empática, elegante y gentil. Fue una de las mujeres pioneras en la botica en Torrelavega, como Chuchi Ciriza, Amparo Fernández-Abascal, Toya Cacho, Ana Lamelas, Mercedes Pita o Mari Luz Obregón.
Nació en Medina del Campo (Valladolid) cuando España superaba los horrores de la guerra civil. Su padre era comisario de Policía y su madre ama de casa, formando con sus hermanos, Gonzalo y Tere, una bonita familia. Marisa tuvo desde pequeña una obsesión y una meta: estudiar, estudiar y estudiar, así que sus padres dispusieron que hiciera Magisterio, una carrera que entonces se veía 'adecuada' para una mujer. Pero ella quería ampliar sus horizontes vitales y profesionales y luchó hasta conseguir que le enviaran a Santiago de Compostela para licenciarse en Farmacia y residir en un colegio mayor, una experiencia que marcó su vida. Con el título debajo del brazo, pasó a regentar una farmacia en Valladolid, su tierra, a la que siempre estuvo estuvo unida, y donde conoció a un reinosano, Luis Estébanez, recién licenciado en Ciencias Químicas. Se casaron y se trasladaron a vivir a Torrelavega, donde su esposo había sido contratado en la empresa Firestone.
Marisa comenzó entonces a regentar una farmacia en Los Corrales de Buelna, hasta que en 1988 compró la botica a Luis Molleda, una farmacia situada frente al bar Chema, que trasladó al número 10 de la calle Joaquín Cayón. Con el tiempo, uno de sus hijos, Borja, le sucedería al frente de la botica. Madre de tres hijos, Juan, Pablo y Borja, profunda y militante cristiana, discreta, dulce y valiente, deja huella en quienes la conocimos.
Alguna formula magistral estará ahora haciendo en la casa del Padre, para aliviar a quien lo necesite. Descansa en paz.
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Ana del Castillo
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