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Fue Miguel Ángel Calleja Vega un policía local que representó en su quehacer profesional el prototipo de agente que hacía cumplir las normas y la ... ley al tiempo que entendía y ayudaba a los ciudadanos, como lo hacen los auténticos representantes más cercanos a los vecinos. Ademas era un torrelaveguense de los de toda la vida, con hondas raíces en la ciudad de los Garcilaso. Había nacido hace 65 años y , tal y como eran los alumbramientos entonces, lo hizo en casa de su abuela materna, Manuela Garcia -viuda de Pedro Luis de la Vega, electricista de la Real Compañía Asturiana de Minas, fallecido muy joven-, en Torres, justo al lado del conocido restaurante Casa Sampedro. También allí nacieron sus hermanos mayores, Demetrio y Pedro. Los abuelos paternos eran igualmente vecinos de Torrelavega. Demetrio, el abuelo, junto a su esposa Eulalia, fueron los propietarios de los talleres mecánicos del mismo nombre, fundados en la calle Lasaga Larreta, justo al lado de la estación de Feve.
Precisamente esta misma profesión, la mecánica automovilística, la tuvieron sus hermanos mayores, siempre ligados a la firma Ramón González y Hermanos. Miguel Ángel, el pequeño, no siguió la tradición y bien joven se fue a Madrid, donde trabajó en instalaciones ligadas a la construcción. No viendo que este fuera su futuro, decidió volver a Torrelavega y presentarse a unas oposiciones para policía local, que ganó brillantemente, ingresando en el cuerpo en 1982, casi al tiempo que su gran amigo Vitoño (en cuyos brazos falleció) éste como miembro de la Policía Nacional. Ambos llegarían por méritos y servicios a ocupar las jefaturas de ambos cuerpos en la ciudad. Casado con Montse López, tienen dos hijos, Efrén y Héctor. Su esposa, funcionaria de Justicia, estuvo durante un tiempo destinada en Bilbao y ahora en Cantabria.
Fue persona de confianza de los alcaldes con los que le tocó trabajar y su cercanía a los ciudadanos, junto a su extraordinario desempeño profesional, le hicieron valedor de algo más importante, y difícil de conseguir cuando se tiene este oficio: el respeto y consideración de los ciudadanos.
Como periodista, siempre deberé agradecer la predisposición de Calleja a que, sin perder la obligación debida a su cargo, que jamás pusiera zancadillas a la labor de los periodistas cuando los casos presentaban un difícil cariz, ayudando a que las informaciones fueran veraces y precisas. Siempre tuvo en consideración el trabajo a veces difíciles de los informadores. Como ser humano, fue cálido en el trato, sonriente, empático y honesto. Una persona que mereció la pena conocer.
Descanse en la paz del Señor.
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Ana del Castillo
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