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Hagamos el esfuerzo, intentemos visualizarlos: 1.500 millones de chinos. Y ahora imaginémoslos a todos dando un salto al unísono. Según una conocida leyenda urbana, ... si todos los chinos saltasen simultáneamente, el impacto generaría un terremoto que alteraría el eje de rotación de la Tierra. Una versión actualizada del bulo promete, incluso, que semejante cambio de la posición de la Tierra lograría detener el proceso de calentamiento global, alargaría las horas de luz diaria y crearía un clima más homogéneo. Mitos aparte, los 1.500 millones de chinos están ahí y sus 'saltos' ya generan terremotos en todo el planeta: si a los chinos les da por beber leche, el precio mundial de la leche se dispara; si los chinos se aficionan a ver partidas de billar, el billar se convierte en un deporte de masas. Y así todo.
El pasado miércoles, 11 de noviembre, se celebró en China el 'día de los solteros'. Esta festividad tiene naturaleza puramente comercial y su celebración masiva no se remonta a más de 10 años (comenzó el 11/11/11). Se escogió la fecha 11/11 porque el número '1' resulta afín a la individualidad y porque, para los chinos, esa cifra recuerda a la solitaria silueta de una rama desnuda, que es como se denomina en China a los varones solteros («ramas desnudas», aquellas que no engendran nuevas ramas ni dan continuidad a la línea ancestral).
El 11/11 anima a gastar, con ofertas y grandes descuentos que liquidan productos de todas las categorías, a los tradicionalmente austeros consumidores solteros. El lema que idearon los publicistas chinos del grupo Alibaba para alentar a los solteros a gastar dinero ese día no pudo ser más práctico: «Si no puedes pasar el día con la persona a la que amas, pásalo al menos con las cosas que amas». En China, la soledad ya no es un motivo de vergüenza y se combate a base de consumo compulsivo.
El grupo Alibaba ha convertido el 11/11, en tan sólo 9 años, en el mayor evento comercial del año y, también, de la Historia de la Humanidad. En sólo 24 horas la empresa, a través de sus plataformas de comercio electrónico TaoBao o T-Mall, vende la mitad de todo lo que vende Amazon en un cuatrimestre. La cifra marea: 56.000 millones de dólares en compras (¡56.000.000.000$!). Dando muestras del buen estado de forma de que goza la economía china -en plena pandemia covid-19- casi se ha duplicado la cifra de ventas del año pasado. Una locura consumista colectiva. En el primer minuto -lo que se tarda en leer estas líneas- se facturaron los primeros mil millones de dólares. En el último festival del 11/11 participaron 200.000 marcas de todo tipo de productos de consumo, de las cuales un 10% fueron marcas internacionales de 78 países. El 11/11 ya agrupa un volumen total de ventas globales mayor que las todopoderosas fechas del Black Friday y el Cibermonday juntos. La gran fiesta planetaria del consumismo es una fecha china.
Las cifras marean, sí. En un gigantesco contador del set televisivo donde Alibaba retransmitía en directo la gran gala, la cifra de ventas crecía y crecía a ritmo vertiginoso hasta alcanzar dimensiones absurdas. China y todo lo que el fenómeno chino implica, con sus métricas descomunales y sus números desorbitados, dan vértigo, pero importan. Importa mucho comprender China y el impacto múltiple en nuestra realidad cotidiana y empresarial para poder prepararnos adecuadamente a los retos y oportunidades que plantea. Y para aprovecharlos. Más de 20.000 marcas internacionales de más de 70 países participaron hace tres días en el Festival del 11/11. Merece la pena apostar por el mercado chino y hacerse con una minúscula fracción de esa gigantesca tarta: uno de mis clientes - una pyme - ha facturado, en las 24 horas del 11/11, el 18% de su facturación anual total.
Para atisbar las dimensiones de las oportunidades de negocio que representa hoy en día China, merece la pena acercarse al puerto de aguas profundas de Yangshan, en la costa de Shanghai. Allí, desde una colina, se otea un espectáculo sobrecogedor: hasta donde alcanza la vista -literalmente- se divisa un hormigueo de cientos de grúas moviéndose a lo largo de kilométricas «playas» de contenedores. Como si de minúsculas piezas de Lego se tratase, se cargan y descargan allí, día y noche, los gigantescos barcos portacontenedores amarrados a sus muelles. A veces, cuando regreso a España y paseo por unos de esos lugares deshabitados de nuestro país, miro al horizonte y descubro, con sorpresa, lo difícil que es concebir un lugar como China desde un lugar como Europa (y viceversa). Pero China existe. Imagino, entonces, a esos 1.500 millones de chinos saltando a la vez. Casi puedo notar el suelo temblar bajo mis pies cuando pienso en los millones de contenedores llenos de cientos de miles de millones de artículos que, en ese instante, flotan en el mar en dirección a nuestras Navidades.
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