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La pandemia está demostrando entre otras cosas que el sector agrícola y ganadero es vital porque gracias a él conseguimos sobrevivir ya que se ... puede prescindir de cualquier otro menos del que nos da de comer cada día. Para nosotros, profesionales del sector, no es ninguna novedad afirmaciones tan rotundas como estas, y hacemos cuanto podemos por mejorar la agricultura y la ganadería aportando ideas y defendiendo a quienes, desde el terreno, tratan de ponerlas en marcha.
Así, cuando todavía el coronavirus parecía algo lejanísimo a pesar de estar rondando por encima de nuestras cabezas, en toda España se sucedían manifestaciones y tractoradas callejeras que no deberíamos olvidar. Con motivo de la última, este Colegio de Ingenieros Agrónomos de Castilla y León y Cantabria emitió un comunicado abogando por resolver la crisis del sector sin más dilación. Además de denunciar las dificultades a las que todavía se enfrentan los que forman parte de él, hacíamos «un llamamiento a los poderes públicos para que analicen con rigor las consecuencias de mantener por más tiempo la situación tal y como está actualmente».
Aunque la agricultura cántabra tiene sus propios rasgos característicos distintos a los de Castilla y León, los problemas a los que se enfrenta el sector son idénticos o muy parecidos. La misma globalización que nos ha traído el Covid-19 es la que permite que podamos comprar naranjas de Israel, cultivos marroquíes, patatas de Francia, cebollas de Nueva Zelanda, lentejas y alubias de Estados Unidos y Canadá, corderos de otros países, etc. Y al revés también, naturalmente. En cualquiera de nuestras dos comunidades es un hecho incuestionable que en el mundo globalizado en el que nos movemos impera la economía que guían los mercados, que son quienes dan o quitan la razón a los productos existentes en los mismos. Por si fuera poco, el ámbito profesional en el que estamos obligados a movernos debe contar, además, con buenos planes de gestión sin olvidar los factores financieros, técnicos, económicos y legales. Y es ahí donde los ingenieros agrónomos podemos exhibir nuestra capacidad y conocimientos.
Como tuve ocasión de expresar recientemente, no tenemos nada en contra de la globalización, cuyos aspectos positivos y negativos aceptamos porque estamos ante un fenómeno universal que no deberíamos soslayar bajo ningún concepto. Nuestro mundo se encuentra en constante movimiento y cambio, lo que hace imprescindible la unidad de todo el sector, desde el primer titulado al último trabajador sobre el terreno, si queremos seguir existiendo.
No es sencillo imaginar qué habría pasado durante este encierro sin alimentos disponibles en tiendas y superficies comerciales. Es posible que a más de uno se le haya 'encendido la bombilla' del sentido común al percatarse de la importancia de tener un sector primario bien estructurado y organizado; de poder contar con un sector potente gestionado por los profesionales de la agricultura y ganadería, y el orgullo de disponer de una industria transformadora para la obtención de nuevos productos y para generar el valor añadido. Ahora más que nunca es necesario apoyar a los jóvenes y a las mujeres para que se mantenga la actividad en el ámbito rural, uno de los que menos ha sufrido a nivel sanitario, gracias paradójicamente a la tan manida «despoblación».
Pero cuando logremos vencer la pandemia, tendremos que enfrentarnos a un panorama económico oscuro, por no decir directamente negro. Como muy bien apunta nuestro compañero el profesor Carlos Buxadé en un reciente artículo: «tenemos una caída de nuestro PIB, en el primer trimestre de este año 2020, de un 5,2% (en la Eurozona esta caída ha sido del 3,8%). Ello ha comportado en nuestro país y en este primer trimestre una pérdida de unos 357.000 empleos a tiempo completo». Todos estos datos deberían servirnos para analizar cómo debemos adaptarnos a la nueva realidad. Sabemos que en economía de mercado todo son vasos comunicantes y que lo que se manifiesta en un lado, repercute en otro, y viceversa.
Nuestro tejido empresarial está compuesto ampliamente por pequeños y medianos empresarios, y sabemos que si no trabajamos codo con codo, la cosa puede ponerse muy mal. Mucho peor de lo que ya está. Por ello apelamos a la solidaridad y apostamos por apoyar y defender a nuestros profesionales agrarios y a sus producciones, que son de una calidad igual o superior que las que vienen de fuera.
Si tenemos productos determinados en cantidad y calidad suficientes, para qué comprar y consumir los foráneos. Otra cosa bien distinta es que los mismos no existiesen aquí, lo que nos forzaría a recurrir a mercados exteriores: solo así estaría justificado apostar por lo foráneo.
España ha sido, es, y seguirá siendo una gran nación que ha demostrado que cuando trabaja unida, tira para adelante como ninguna otra. Merece la pena apostar por lo nuestro y colaborar con quienes lo hacen posible desde el terreno.
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Ana del Castillo
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