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Mirando hacia atrás en la historia es complicado encontrar en nuestro país un periodo más largo de crecimiento y modernización que el que hemos tenido ... en estos últimos 40 años. Algunos, como yo, que no habíamos nacido cuando se aprobaba el Estatuto de Autonomía de Cantabria podemos hoy dedicar nuestro trabajo al progreso y desarrollo de nuestra tierra gracias a la visión y la entrega de los que hace cuatro décadas tuvieron claro que Cantabria necesitaba que España reconociese su identidad y su voluntad de autogobernarse en el seno de un Estado de las autonomías.
No todo han sido bondades en estos cuarenta años, el terrorismo nacionalista ha oscurecido ese proceso, asesinando a 864 personas en todo este tiempo, personas a las que los socialistas tenemos siempre muy presentes, también en los momentos como este de conmemoración, porque el camino no ha sido fácil.
Escribo estas reflexiones para saludar y agradecer el trabajo de todos los que hace cuarenta años, en aquella aun joven democracia, tuvieron claro que el futuro de Cantabria pasaba por contar con una identidad diferenciada y respetada en el conjunto de territorios españoles.
Un proceso largo y complicado en el que las jóvenes instituciones democráticas jugaron un papel crucial, en el que todos los actores políticos cántabros demostraron visión de futuro y una capacidad de negociación y consenso que a veces se echa de menos en estos momentos.
Fue un tiempo difícil en el que el desarrollo, el progreso y la libertad por la que trabajaba la mayoría de la sociedad española y de Cantabria, compartía tiempo con el revisionismo que defendían unos pocos a golpe de pistola asaltando el Congreso de los Diputados.
El tiempo ha demostrado lo que aquellos políticos ya sabían: acercar la toma de decisiones a los ciudadanos trae mayores cotas de desarrollo.
En Cantabria lo hemos comprobado gestionando la educación y la sanidad, y también lo hemos sufrido cuando se han utilizado esas competencias en la gestión de políticas públicas para acortar derechos y prestaciones, que de todo ha habido en este tiempo. En todas estas décadas ha quedado claro que se pueden reivindicar cotas altas de autogobierno y al mismo tiempo ser garantes de la unidad de España. Dejando claro que en el futuro de Cantabria los que primero tienen que opinar y decidir somos los cántabros y las cántabras y que, en el futuro de España, Cantabria también opina y decide.
Los socialistas que hace 40 años enfrentaron el desafío del autogobierno tuvieron claro que Cantabria era como dice el preámbulo del Estatuto una «entidad regional histórica perfectamente definida dentro de España», por eso desde el PSOE de Cantabria compartimos la bandera regional con quien comparta esos principios, sin más exigencia que la del respeto de la igualdad como principio básico que conduzca todas las actuaciones del Gobierno regional.
Ahora tenemos por delante nuevos desafíos y para superarlos tenemos que estar unidos, unidos en la defensa de la sostenibilidad ambiental, de la igualdad entre hombres y mujeres, de la igualdad de oportunidades, de la educación innovadora y de calidad, del emprendimiento, unidos como cántabros y como españoles, para que los próximos 40 años se recuerden algún día como décadas de progreso y convivencia. Afrontamos un tiempo nuevo en el que el desarrollo, el progreso y la libertad por la que trabajamos la mayoría de la sociedad española y de Cantabria, comparte tiempo con el revisionismo que defienden unos pocos a golpe de insulto, intolerancia y odio.
Si algo nos han enseñado estos cuarenta años, es que el progreso no está asegurado solo con el paso del tiempo, el avance de nuestra sociedad se asegura con leyes que se desarrollan desde las instituciones, en los boletines oficiales para la defensa de los derechos y libertades de nuestra gente. Lo sabemos, porque en estos 40 años hemos vivido también momentos de retroceso social, político, y de recortes de derechos y libertades.
Hoy me llena de orgullo recordar a quienes con carné del PSOE o sin él lideraron aquel proceso, ya que entonces dejaron claro que había que poner a Cantabria y a sus gentes por delante de cualquier interés partidista.
Hoy me parece justo reconocer el éxito en la gestión de aquellos hombres y mujeres que, en Cantabria, con carné del PSOE o sin él, han trabajado por hacer que nuestra tierra progrese.
Hoy seguimos aquel camino, en los pueblos y en las ciudades, en las instituciones educativas y sanitarias en el tejido asociativo, en las políticas sociales y de derechos en el apoyo a los emprendedores, en la protección de la industria y en su modernización, en la protección del paisaje y el patrimonio.
Hoy gobernamos para que Cantabria progrese.
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