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El arte, su gran periplo por todos los mares del mundo
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Fallece Fernando Meana, referente del coleccionismo español, ligado a la vida cultural y artística de CantabriaEl puñetero coronavirus se ha llevado también a Fernando Meana Green, un vasco que estaba enamorado de Santander, donde le ancló todos los veranos su ... mujer Mariví Larrucea en la casa de la calle Martillo, desde donde veía la bahía que le daba mucha serenidad. Le gustaba la playa y era fiel del FIS, del ambiente artístico de la UIMP y de Artesantander, típico veraneo cultural. Era un abogado brillante en una especialidad poco frecuente, el Derecho Marítimo. Aunque tenía 86 años siempre era celoso de su edad porque decía que si sus clientes lo sabían, igual no le contrataban. Al derecho le dedicó 50 años de su vida, casi nada. Creó Fernando Mena y Asociados y luego pasó a llamarse Meana Green Maura & Co. con Pedro Maura. Fue en 1961 el primer bufete especializado en esta disciplina de España. Recuerdo el día que naufraga el 'Prestige' como si fuera hoy. Veo la noticia en el telediario y lo llamé. Me dijo luego hablamos; me han llamado ya todas las partes, las cofradías, la Xunta de Galicia, el armador y el lobby asegurador de los grandes desastres. Él siempre trabajaba para el lobby que como decía es quien tiene el dinero. Pero lo interesante que me contó no es que todas las partes quisieran que lo representase sino que justo el día antes había cerrado el caso del Mar Egeo en el que trabajó 20 años y me dijo: «Ya tengo trabajo para otros 20». De sus dos hijas, Verónica ha seguido sus pasos en el derecho marítimo y Estefanía en el arte. Tenía un sentido del humor norteño, muy especial, y una forma de reírse sesgada cuando decía una maldad que era entrañable. Y además era del Real Madrid, con orgullo. Pero su gran pasión era el arte contemporáneo. Empezó a comprar en 1969. Decía con frecuencia «yo no he comprado casas ni yates... he comprado arte». A lo que Mariví siempre reía y movía la cabeza insinuando «no hay quién pueda con él, qué le vamos a hacer».
Pasión tenían los dos por igual y carácter en la discusión sobre el arte. Quizá porque, como también decía, todos queremos acumular cosas, sellos, cromos, peonzas... Cuando se casó con Mariví, sus suegros les regalaron una escultura de Vicente Larrea y ahí empezó todo. Una pasión que empezó con arte vasco que luego cambió a la Vital Kutxa por una serie de obras de arte internacional que tenía de la ejecución de un embargo. Un gran negocio porque una sola de aquellas magníficas piezas valía más que todas las decenas que entregó a cambio. No es que comprase por inversión pero tuvo un ojo muy intuitivo al seleccionar artistas emergentes alemanes, brasileños y mexicanos especialmente.
El inicio de mi carrera profesional como curator está sin duda unido a su apoyo incuestionable, junto al de Alberto Corral y Agustín Gutiérrez Cortines. Los tres me apoyaron muchísimo. Con Meana viajé a muchas ferias y él y Alberto Corral me cedieron sus colecciones cuando inauguré el CAC Málaga porque el ayuntamiento tenía un museo pero no una colección. Durante años fueron rotando obras básicamente de sus dos colecciones. Y también organicé muchas exposiciones en distintas ciudades con obras de su colección. Recuerdo especialmente la individual de Juan Muñoz en el Palacete del Embarcadero que en aquel momento lo gestionaba la Cámara de Comercio y nosotros organizábamos exposiciones de artistas internacionales. Una gran instalación propiedad de la Colección Meana-Larrucea fue la última en vida del más importante escultor español del siglo XX. Su relación con artistas y galeristas del todo el mundo es poco conocida aunque recibió varias distinciones por su mecenazgo y amor al arte. Entre ellas la A de Arco al coleccionismo. Pero aunque buscaba artistas únicamente con los que su mirada conectaba y se movía mejor con galerías foráneas también apoyaba el arte de proximidad. Juan Silió en Santander, o Maior en Pollensa, en verano, Elba Benítez... en Madrid. O Guillermo Paneque que fue un amigo artistas y cómplice durante años. Tuvo un olfato visionario incuestionable en un momento en el que su apuesta por el arte internacional o por la fotografía eran una rareza en España. Se va un referente del coleccionismo español. Su huella perdurará.
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Ana del Castillo
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