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Un día ya lejano las conocimos, invadidos por un virus cuya naturaleza se desconocía, y evidenciándose que el contagio era especialmente respiratorio, después de ciertas ... tímidas aproximaciones, se decidió que las mascarillas eran esenciales para no contagiar ni ser contagiado. Nació así cierto desconcierto, además de por la novedad que suponía, porque se carecía de una prenda que jamás se había utilizado a nivel de calle. Nacen fabricas con este objetivo, otras existentes se transforman para adaptarse a esta necesidad, y surgen peticiones desde todas las autonomías dirigidas a aquellos países donde son mas familiares, especialmente los orientales; se lucha por obtenerlas, se compite, y a esta sombra de cierto desconcierto, nacen también intereses bastardos que se aprovechan de la falta de cierto orden para la obtención de comisiones. Siempre ocurre lo mismo, la anarquía, junto a la necesidad imperiosa de obtención de un bien, es el terreno más abonado para nacer y crecer los desnaturalizados, o sinvergüenzas.
Lentamente, pero con paso firme se va imponiendo, no sin resistencia social, incluso frente al nacimiento de corrientes negacioncitas. Avanza su uso, este se va haciendo esencial, aunque, como la yenka, los movimientos son tímidos y en ocasiones nos tenemos que desdecir de lo ya publicado, pero seguimos y seguimos, explicamos por activa y pasiva el cono de emisión de partículas cuando respiramos, y el comportamiento en estas circunstancias de los virus, por lo que hay que ponerles barreras. Además, se observa, mediante noticias oficiales reiteradas de forma diaria, la incidencia del virus, el número de afectados, hospitalizados, situaciones de las UCI, incluso de fallecidos. Todo eso va calando, va penetrando en nuestra conciencia y se va observando el problema que representan las residencias de tercera edad, los enfermos crónicos y los que sufren de déficit de defensas. La población en general acepta su necesidad, y su uso se generaliza.
Hoy se nos dice que no son necesarias, que su utilización en términos generales se ha terminado, que tenemos que prescindir de su utilización a nivel general. No obstante, se siguen dando situaciones que aconsejan su utilización, como las visitas a centros sanitarios, las farmacias, el transporte público, así como todos aquellos lugares en los que coincidan dos hechos: aglomeración de personas y mala ventilación. Ésas son las circunstancias que acotan su uso, quizás, hasta que la epidemia toque su fin, aunque hoy queda lejos.
La respuesta a esta notificación oficial ha sido en términos generales positiva. Nos veremos las caras, nos reconoceremos, nos podremos enviar un beso mirándonos, podremos acercarnos algo más sin temor, podremos, en definitiva, hacer una vida casi normal, aspiración de todos gestada a lo largo de más de tres años. Pero persisten ciertas precauciones, porque la pandemia se ha hecho endémica, por lo que ocurre como con la gripe, el que la sufre puede contagiar, de aquí que, los jóvenes, siempre más resistentes, y en general cualquier persona que se sienta mal, cansado, con problemas respiratorios y fiebre, es necesario que se haga un test para evitar ser portador y por ello contagiar. De aquí que la felicidad no ha llegado de forma completa, no somos libres, seguimos atrapados, el virus persiste y persisten sus mutaciones que le hacen más resistente, pero también se ha trabajado mucho sobre la respuesta a su contagio, naciendo, además de las vacunas, ciertos medicamentos que mejoran el estado general del paciente, así como la evolución del proceso.
Es necesario decir que no está prohibida su utilización, el que se haya levantado el veto en algunos espacios no significa que tengamos que tirarla si no queremos, es algo en lo que hay que incidir. Por otra parte, en los colegios, donde los niños están vacunados y los espacios son amplios y ventilados no tienen porque ser utilizadas. Algo parecido ocurre en algunas empresas que cumplan con los requisitos mencionados, espacios amplios y ventilación, aunque se dan otras donde, por su dedicación, las distancias entre los operarios se reducen, e incluso quizás no puedan disfrutar de la ventilación aconsejada. Aquí los servicios de prevención deben de marcar las normas correspondientes, pero sobre todo, como todos en general sabemos de la agresividad del virus, así como de las consecuencias posibles de su contagio, el sentido común es quizás lo más importante, después de saber y cumplir las normas.
Felicitémonos por haber llegado sanos a este punto, sigamos caminando utilizando la prudencia, seamos sensatos, no presumamos de atrevimiento, especialmente los mayores y enfermos, cuidémonos porque es cuidar a los demás, y a los nietos solicitarles que velen porque la fuente de saber de padres y abuelos siga, y siga muchos años más.
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Ana del Castillo
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