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Se alaba, con razón, del brillante trabajo del IFCA para la ONU. Su repercusión internacional, el prestigio para la UC, la valía de sus investigadores ... y la importancia de sus estudios para paliar el calentamiento. Se reconocen, con justicia, el talento y el conocimiento científico. En cambio, se rebaten las razones, también científicas, alegadas por Sanidad para aplicar medidas que reduzcan los contagios y disminuyan la presión hospitalaria. ¿La ciencia es válida depende de cuándo o de para qué?
Las villas costeras alegan que su población (permanente), aunque se doble en verano, no permite aumentar la dotación policial. Para el semáforo covid no sirve la primera, solo la veraniega. Contradictorio. Con esos cálculos, quienes busquen seguridad y salud llevarán siempre las de perder.
Reflexionemos: ¿Somos una sociedad generosa? ¿Con los ancianos, que vuelven a estar en riesgo de contagio? ¿Con los médicos y enfermeros, exhaustos tras más de año y medio de lucha en hospitales y centros de salud? ¿Con los enfermos de cáncer (niños y adultos) y cuantos esperan una operación durante largo tiempo porque se suprimen quirófanos y camas para destinarlas al covid? Se cree a menudo que la presión hospitalaria solo repercute en los profesionales sanitarios (y no es poco). No se tiene en cuenta que perjudica otras dolencias, retrasa otros diagnósticos y causa más muertes.
Por lo general aquí se es generoso, y se exige serlo, solo con algunos todo el tiempo, pase lo que pase y por encima de todo. Con el resto, casi nunca. Fingimos que no vemos, que no sabemos. Estamos vivos, es verano y basta. Ya ni cuentan los miles de muertos que tanto dolían mientras se aplaudía en los balcones.
Generosidad no es solo donar al Banco de Alimentos y volver la espalda (por otro lado, cada vez que obligan a cerrar los bares dicen que «se tiene que tirar comida»). Es proteger la salud de los conciudadanos. Nos corresponde a todos en todo cuanto esté en nuestra mano.
Un día ese enfermo sin diagnosticar, sin operar o en la UCI puede ser usted, su hijo o su padre. Piénselo la próxima vez que se festeje el disfrute de las vacaciones y se brinde por un triunfo frente a un organismo sanitario. Es sano disfrutar de la vida. No lo es si cuesta vidas o salud al prójimo, o agrava el trabajo de quienes salvan la nuestra.
Virus letales y catástrofes climáticas nos acucian. Cuidemos la ciencia, respetemos a los científicos y a los sanitarios. Nos va la vida en ello. Y la del planeta.
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