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La risa va por barrios en el volátil escenario político. En la primavera de 2019 el PP de Cantabria alcanzó su punto más bajo al ... menos desde la convulsa etapa de Juan Hormaechea. Dividido por el conflicto interno que estalló en el congreso de dos años antes, acosado desde la derecha y desde el centro, derrotado en toda regla por el PRC de Revilla, el futuro se presentaba muy oscuro. Y sin embargo, los populares miran ahora desde la barrera cómo Vox hace frente a las turbulencias internas por las candidaturas de mayo y cómo Ciudadanos prepara su propio funeral. El PP aprieta las filas en su ofensiva para ganar las elecciones y volver al Gobierno, pero para eso le hace falta avanzar un buen trecho.
Los dirigentes populares recuerdan con un escalofrío aquella campaña de los comicios autonómicos y locales de 2019. Con su líder, María José Sáenz de Buruaga, repescada como candidata de emergencia tras la fallida designación de Ruth Beitia. Con Pablo Casado que venía a los mítines como si fueran velorios, después de obtener 66 paupérrimos escaños en las generales de abril. Con Ciudadanos en su fugaz éxito de 57 diputados, en Cantabria pasarían de dos a tres, y Vox, ya con 24 en el Congreso, se estrenó con dos escaños en el Parlamento regional. Las apuestas no eran si Revilla ganaría por primera vez las elecciones, sino por cuánto. Al final, una buena goleada: 14 diputados para el PRC, 9 para el PP.
Un PP mucho más optimista se prepara para desplegar una intensa campaña hasta mayo. La presidenta, María José Sáenz de Buruaga –recién proclamada por Génova como candidata autonómica– reclama a los suyos, por ejemplo en la cena navideña de este sábado, la máxima movilización para transmitir el mensaje de un Revilla sin energía para impulsar un Gobierno PRC/PSOE acabado y muy poco exigente con el socio Pedro Sánchez en todos los frentes, desde el incierto tren a Bilbao y la lentitud de las infraestructuras hasta la crisis industrial o la protección integral del lobo que trae de cabeza a los ganaderos.
Aún es pronto para concretar las listas aunque el congreso regional de octubre sugiere un alto nivel de continuidad del equipo de Sáenz de Buruaga. En 2019 hubo un par de incorporaciones importantes de representantes de la sociedad con resultado desigual. El presidente de Asaja, Pedro Gómez, se integró en el partido sin problemas. La adaptación del presidente de CEOE, Lorenzo Vidal de la Peña, fue problemática casi desde el principio, como por cierto todo el mundo había pronosticado.
El PP tendrá que resolver si incorpora a Gema Igual en un puesto noble de la candidatura regional como ella misma ha pedido y si la acompañará algún otro alcalde.
El partido trabaja desde hace semanas en las listas municipales. En las anteriores elecciones solo unos pocos alcaldes afines a Ignacio Diego y desafectos a Buruaga dejaron la formación, todos los demás –una treintena– se mantuvieron en el PP aunque tendieron a esconder las siglas que atravesaban su peor momento. Hoy la marca supone un plus electoral y el partido lo nota porque recibe ofrecimientos para estar en las listas. El PP no tiene dudas de que armará candidaturas en los 102 ayuntamientos, pero es verdad que hay lagunas en comarcas pobladas como el entorno de la bahía santanderina, el litoral y la cuenca del Besaya y serias dudas en municipios importantes como Torrelavega, Castro Urdiales o Cayón, el segundo más importante de los que gobierna el PP después de Santander y el primero con mayoría absoluta.
La restrictiva Ley del Suelo, el declive de la ganadería y la empresa o la precaria situación de la sanidad serán algunos ejes de la batalla del PP en la Cantabria rural.
Los dirigentes populares observan con atención la crisis de Ciudadanos, pero no tanto como lanzarse a los fichajes. Ni siquiera la 'joya de la corona' naranja, el alcalde de El Astillero, Javier Fernández Soberón, expresidente de las Nuevas Generaciones del PP y único regidor del partido de Arrimadas en el Norte de España, les impresiona mucho. Bueno, algún fichaje habrá, pero al PP, ya lo dijo Alberto Núñez Feijóo, no le interesan los dirigentes de Ciudadanos, lo que quiere son sus votos. Lo ideal para el PP es que el partido de centro se rindiese y no compitiese en las urnas de mayo. En efecto, si mantuviese unos cientos de votos en Santander o unos pocos miles en Cantabria eso podría afectar a las expectativas populares.
El PP cree factible volver al primer lugar del escalafón político de Cantabria, enjugar la importante ventaja de cinco escaños que el PRC logró en los comicios de 2019. Las dudas aluden a si será posible configurar con Vox una mayoría de 18 diputados en el Parlamento. Aún más difícil ven negociar un pacto con el PRC que iría sobrado de escaños en la Cámara y de ayuntamientos en el mapa político de Cantabria, y condenaría a la intemperie al PSOE de Pablo Zuloaga. Para Buruaga y su gente es la última oportunidad de volver al poder.
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