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Las dos niñas que entregaban los premios de un sorteo de productos gastronómicos naturales y autóctonos en Puente San Miguel se llamaban Deva -el río, ... la diosa madre- y Vega -la brillante estrella azul, la tierra llana y fértil-, nombres cántabros, pero también de otros lugares. Los antropónimos y topónimos propios de la región o adoptados son hermosos y deben ser cuidados, aunque evitando caer en un seudonacionalismo tontuco, pueblerino y falaz por inexistente. La historia verdadera, las tradiciones y la mitología de Cantabria son tan viejas e importantes que no necesitan confalones ni signos inventados anteayer; y si se utilizan, debe quedar claro que la fábula es reciente. Mas el hecho de que no exista un idioma 'cántabru', como algunos colectivos defendieron y aún defienden, no niega las peculiaridades de un habla montañés diferenciado en distintas zonas de la comunidad.
Es ese léxico cántabro, hoy desperdigado y en desuso, uno de los tesoros que debieran ser recuperados y reunidos para protegerlos. El presidente Revilla aseguró hace años que el presunto idioma 'cántabru' no es más que «un castellano mal hablado», pero son muchas las voces nativas que merecen seguir viviendo, si no en la cotidianidad, sí en una obra que sirva de permanencia y consulta. De esa opinión era José María de Cossío, quien en sus 'Estudios sobre escritores montañeses', editados en tres tomos por la Institución Cultural de Cantabria en 1973, hizo una contribución muy notable a la recopilación de «las palabras privativas del lenguaje aldeano, no registradas en los vocabularios regionales», y localizadas todas ellas en Tudanca. Cossío hace una mención expresa al 'Estudio del dialecto popular montañés', de Adriano García Lomas, y lo considera «el más completo y útil».
Cossío advierte de que la recolección de «un puñado de palabras» -son muchas más de un puñado- se produjo por su costumbre de asistir a la hila que se celebraba en la Casona «provisto de un rimerillo de papeletas». Tomando como base el habla de los tudancos, y como un ejercicio práctico y divertimiento indocto, escribí hace tiempo un 'microrrelato tudanco' del que extraigo ahora tres frases solo para dar cuenta de algunas de esas voces exclusivas de un área tan reducida de Cantabria: «Le mandé agutar y alear, porque avilaba a las búcaras y a los chuvines». («Le mandé callar y trabajar, porque esperaba con impaciencia a las tudancas ojinegras y a los bueyes cornicorvos»). «Podría alupar con las andoscas, pero soy un gullurito calamejo y esmalandranado». («Podría escapar con las ovejas, pero soy un zascandil terco y desarreglado»). «Eso decía Adela, patiqueando con el maco tras el tresno». («Eso decía Adela, andando menuda con el hato de ropa tras el aseo»).
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