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Soy de las personas de mi generación que recuerda a Chile cada 11 de septiembre. Llegamos a pensar que era posible un proceso revolucionario en ... libertad, sin quebrar los procedimientos democráticos y el marco constitucional que había hecho posible que en 1970 Salvador Allende presidiera el Gobierno apoyado por la Unidad Popular, una coalición de partidos de izquierda. Necesitábamos comprobar que el proceso chileno podía ser una alternativa al modelo cubano y a la lucha armada que defendían sectores radicales. La experiencia chilena podía ser una referencia para que la izquierda latinoamericana adecuara esa experiencia a sus realidades nacionales.
Pero constatamos, con preocupación, el brazo intervencionista de la administración republicana estadounidense, la polarización de la política que impedía el entendimiento entre la Democracia Cristiana y el Gobierno de la Unidad Popular, la actitud agresiva de la derecha chilena y la radicalización del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), de la Central Única de Trabajadores (CUT), del Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU) y de sectores del Partido Socialista (PS), al exigir acelerar los procesos de socialización sin pactos con la Democracia Cristiana y repartir armas a los organismos del poder popular. Todo ello complicó la acción gubernamental de Allende en un país de tradición constitucional.
A una compleja y no siempre acertada gestión económica, se unieron los actos de sabotaje de la extrema derecha y las huelgas empresariales de camioneros y comercios, organizadas y financiadas por la CIA. La extrema derecha del Partido Nacional y de Patria y Libertad tenían como objetivo deslegitimar al gobierno, no dudando en activar acciones terroristas y sectores de la Democracia Cristiana no aceptaban los procesos de reforma y nacionalizaciones del gobierno de Allende que desafiaban a la burguesía. Estados Unidos inició una campaña de estrangulamiento de la economía chilena para evitar que se consolidara la imagen del presidente Allende, aunque hay que recordar que la nacionalización de las empresas productoras de cobre estaba en el programa de Radomiro Tomic, candidato presidencial de la Democracia Cristiana.
En el contexto de la Guerra Fría, Estados Unidos se había marcado el objetivo de impedir el avance del socialismo y el comunismo en América Latina; evitar que la experiencia cubana se extendiera por el continente sudamericano. En Chile se puso fin a la democracia representativa más larga de América Latina.
El 11 de septiembre de 1973, una Junta Militar formada por el Almirante José Toribio Merino, el jefe de la fuerza aérea Gustavo Leigh, el comandante en jefe del Ejército, el General Augusto Pinochet, y el General César Mendoza al mando de los Carabineros, dio un sangriento golpe de Estado que rompió con la tradición institucional de Chile. Quedan para la historia los Informes de la Comisión Nacional de la Verdad y Reconciliación de febrero de 1991 a instancias del presidente Patricio Aylwin o el de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura de 2004, instaurada por el Ricardo Lagos y presidida por el obispo Sergio Valech.
Aquel 11 de septiembre de 1973, Allende, junto a un grupo de colaboradores, resistió en el Palacio de la Moneda, dirigió su último mensaje a Chile (el de las grandes Alamedas), sintió cómo aviones de la Fuera Aérea atacaban el palacio presidencial provocando un incendio del edificio y allí se suicidó antes de la entrada de los militares al palacio. No se produjo una resistencia significativa del poder popular y la izquierda fracasó en su defensa del gobierno constitucional. Debieron pasar 17 años para que Chile, después de una dictadura y un modelo económico neoliberal recuperara la libertad y la democracia.
El golpe en Chile del 11 de septiembre de 1973, cuando la dictadura española comenzaba su agonía, dividió a la prensa española. ABC lideró la satisfacción por la intervención militar y en una línea similar se manifestaron: Ya, El Alcázar, Arriba y Fuerza Nueva, mientras que optaron por condenar el golpe, defender al Gobierno de Allende y la tradición democrática chilena: La Vanguardia, Pueblo, Triunfo, Cuadernos para el Diálogo y Cambio 16.
Los demócratas españoles de diferentes tendencias denunciaron el golpe militar y defendieron el restablecimiento del Estado de Derecho que representó Salvador Allende.
En Cuadernos para el Diálogo se analizó el papel de la Democracia Cristiana en Chile y al comentar la expectación ante 'la vía chilena hacia el socialismo' se evidenciaron diferencias entre democratacristianos y socialdemócratas. La democracia cristiana española giró hacia posiciones de derecha liberal y el PSOE se alineó con las posiciones del SPD alemán, después de analizar lo que había supuesto la fragmentación de la Unidad Popular y la falta de apoyos a Allende dentro de su propio Partido, el Socialista Chileno.
Los socialistas españoles fueron conscientes de que en un contexto democrático había que evitar retrocesos hacia formas autoritarias y definir que sus objetivos se vinculaban a la sociedad europea del bienestar y responder desde la política a las demandas sociales.
En España, donde el Régimen y la Junta Militar chilena se reconocían similitudes de origen, nuestro dictador particular murió en la cama. Pinochet fue el único jefe de Estado extranjero que asistió a sus funerales. Ningún dictador se hereda a sí mismo ni sobrevive a las miserias que engendra.
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Ana del Castillo
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