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La COP27 de Egipto se enfrenta a muy serias dificultades para clausurarse hoy con una declaración y compromisos frente al cambio climático que avancen respecto ... a la cumbre de Glasgow de 2021. El temor ayer era que termine dando pasos atrás respecto a la COP26. Las evidencias científicas sobre las causas y efectos del calentamiento global no permiten discusión, y la humanidad se hace cada vez más consciente de su presencia en forma de catástrofes naturales, fenómenos meteorológicos extremos, pérdida de espacios naturales y especies, y riesgos para la salud humana. Sin embargo, las principales potencias y los países productores de combustibles fósiles se muestran reacios a adoptar decisiones más drásticas cuando el consenso científico apunta a que el planeta se encuentra al borde del punto de no retorno que haga imposible contener el aumento de la temperatura media por debajo de dos grados sobre el mercurio preindustrial.
Tal paradoja encuentra su explicación inmediata en la guerra híbrida desatada por el régimen de Putin contra Ucrania y contra una Europa dependiente de su gas y su petróleo. La convulsión provocada por Rusia en el mercado energético y sobre las cuentas públicas de los países democráticos, con la pretendida invasión del territorio ucraniano, ha lastrado la COP27. Lo que podría hacer de un final decepcionante de la cumbre de Egipto otra de esas victorias sobrevenidas con las que la autocracia de Moscú justifica la guerra ante sus entusiastas. Pero la imposibilidad material de prescindir de combustibles cuyas emisiones sobrecalientan la atmósfera, y la inevitable contaminación global causada por los esfuerzos para frenar las agresiones de Putin, no deberían postergar la transición ecológica, y mucho menos convertir en tabú la obligada mención crítica que todo documento de consenso ha de hacer a los combustibles fósiles. Si hay alguna razón para acabar cuanto antes con la guerra contra Ucrania es que el mundo regrese a la senda de París y trate de recuperar el tiempo ya perdido.
Los países con más responsabilidad en el calentamiento del planeta –China incluida– han de hacerse cargo de los daños que padecen las regiones menos favorecidas a causa del cambio climático. Pero es necesario establecer diversos compromisos y fondos que ofrezcan garantías a quienes sufren injustamente los costes de la emergencia medioambiental y brinden seguridad jurídica a las sociedades llamadas a responsabilizarse de sus emisiones.
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Ana del Castillo
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