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Pues sí, usted tiene derecho a no vacunarse contra el virus SARS-CoV19, causante de la enfermedad covid-19. Pero si hace uso de su ... derecho conviene que considere que:
Las vacunas actuales contra el covid-19 no han sido diseñadas para impedir la transmisión del virus desde personas portadoras del virus a personas sanas. El objetivo real de estas vacunas es impedir que el virus penetre en el interior de las células de las personas contagiadas, con lo que, al evitar su replicación dentro de ellas, disminuyen las probabilidades de que se produzca una enfermedad grave y se reduce la tasa de mortalidad.
A estas alturas de la pandemia ya hay suficiente información que permite afirmar que las vacunas actuales, aunque no impiden que las personas vacunadas sean contagiadas por el virus del covid, disminuyen notablemente el riesgo de padecer enfermedad grave que precise hospitalización, bajan la importancia de sus secuelas y reducen la tasa de mortalidad.
Como ya se había apreciado en la fase de investigación de las vacunas, se ha constatado que no todos los vacunados responden igual, y hay una pequeña proporción de ellos (alrededor del 5% en las vacunas ARN) en la que no se detecta una respuesta objetivable con los medios disponibles, aunque tampoco se puede descartar algún grado de respuesta diferente a las evaluadas con las técnicas habituales.
Además de estos efectos positivos mencionados, se ha comprobado que el riesgo de que un vacunado que sufra una nueva infección por el virus SARS CoV19 contagie a sus contactos es mucho menor que el que tienen los no vacunados.
A medida que aumenta el grado de vacunación universal, se reduce la cantidad de virus que se están replicando y circulando por el ambiente. De esta forma, se reduce el peligro de que resulten contagiados los vacunados que no respondieron adecuadamente a la vacuna, así como las personas que padecen una enfermedad inmunológica y los que reciben tratamientos que disminuyen la inmunidad, como los enfermos de cáncer y los receptores de trasplantes de órganos. Este es el tan traído y llevado efecto rebaño.
Además de estas ventajas que proporcionan las vacunas a título personal, la vacunación aporta otro beneficio a toda la población. Al reducir la cantidad de virus circulantes, disminuye la probabilidad de que surjan nuevas variantes que puedan escapar a las medidas de control de la pandemia.
Resulta paradójico que los negacionistas y todos los que, por diversas creencias, rechazan vacunarse, también resultan beneficiados por la vacunación de los demás, y no sólo por el efecto rebaño, sino porque las cargas de virus que contienen los inóculos procedentes de vacunados reinfectados (cada vez más numerosos) suelen ser sensiblemente inferiores a las de los no vacunados, disminuyendo así la probabilidad de que los contagios les origine enfermedad grave.
Así que, si usted es de los que no quieren vacunarse y, tras leer estas consideraciones no cambia de criterio, sigue en su derecho a no hacerlo. Es más, si algunos de los que piensan como usted, llegados a este punto, esbozan una sonrisa mientras piensan en los ingenuos que, vacunándonos, hemos contribuido a reducirles a ellos el peligro de morir, o de quedar malparado por las secuelas si contraen el covid-19, siguen estando en su derecho, y nosotros podemos evocar el dicho «de desagradecidos está el mundo lleno», aunque seguro que es una exageración y son muchos menos de lo que parece.
Para terminar, si hubiera que escoger las diez aportaciones de la historia de la medicina más merecedoras del Premio Nobel, una de ellas sería la de las vacunas, y el premio para Edward Jenner, el médico que en 1796, partiendo de una sabia observación de los campesinos de su pueblo, elaboró la primera vacuna de la historia 37 años antes de que naciera Alfred Nobel, con la que se ha logrado erradicar completamente de la faz de la Tierra la terrible enfermedad de la viruela, causante de tantas epidemias y millones de muertes. Las razones para incluirla en ese 'top 10' son:
1. Que las vacunas son, muy probablemente, el tratamiento médico que más vidas ha salvado en la historia de la humanidad.
2. Que el fundamento de su gran eficacia es que actúan imitando a la naturaleza.
3. Que es uno de los recursos terapéuticos más inocuo y eficiente que se conoce para luchar contra el cuarto jinete del apocalipsis.
¡Ni más, ni menos!
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