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Imaginemos la tierna escena. Los más pequeños corretean por los Jardines de Pereda en un caluroso día de verano. La gente, sentada en los bancos ... del lugar, habla de sus cosas. No quedan sitios libres en las cafeterías. Decenas de adolescentes ocupan el anfiteatro del Centro Botín porque se celebra un concierto de mucho ruido y poca música. Es incesante el desfile de mascotas de todas las razas y colores. Circulan las bicicletas, saltan los patinetes y una pareja se asoma al elegante estanque sin agua ni patos. Una niña, de apenas tres años, se acerca a su madre y le pregunta: «Mami, ¿me compras un helado?». En este brevísimo paisaje descriptivo se ha deslizado una expresión absolutamente inadecuada, aunque es muy probable que nadie la adivine. Desvelemos el misterio. Es la cariñosa y aparentemente inocente frase de la niña, que hubiera debido decir: «Progenitora, ¿me compras un helado?».
La tontuna no tiene límites, traspasa fronteras y llega hasta la Eurocámara, que comienza a parecerse en su inanidad al Parlamento de Cantabria. Los diputados europeos, partiendo de una base justa, la necesidad de proteger a los colectivos más sensibles, ha elaborado un glosario de palabras a utilizar para no ofender a nadie. Esta 'guía de lenguaje apropiado', destaca, entre otros aspectos, la importancia de reconocer la diversidad de la formación de las familias. Cita, como ejemplo, la sustitución del término 'matrimonio homosexual' por el de 'matrimonio igualitario'. El documento, de uso interno en principio, y no vinculante, se refiere, además, a las áreas de discapacidad, etnia y religión. Hasta ahí, bien, pero pretende acabar con una de las voces más hermosas del castellano y de cualquier idioma: madre. El Parlamento Europeo aconseja que llamemos a nuestros padres 'progenitores'. Manda huevos.
Académicos, lingüistas, profesores, periodistas y escritores participan cada año en una encuesta, abierta a todos, en la que se eligen las palabras más bonitas de nuestra lengua. Cambian algunas de ellas en función de las preferencias de cada cual, pero madre -o mamá- siempre permanece, junto a otras como amor, familia, esperanza, amistad, hijo, vida, azahar, paz, alegría o perdón, al tiempo que se reivindican vocablos antiguos y perdidos: dulcería, pardiez, párvulo, fetén, ganapán, pololos, dandi, cuchipanda, guateque, desleír o jipiar. El Día de la Madre, pues, debemos llamarlo el Día de la Progenitora, mientras rechazamos, por si lo de 'viejita' resulta hiriente, el emocionado poema argentino: «Venga, mi viejita, venga aquí, a mi lado. / Quiero que charlemos de cosas, de historias, / las tuyas, las mías, las bellas, las otras, las cosas del alma. / Venga, mi viejita, siéntese a mi lado, sigamos hablando».
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