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Esta semana se ha publicado la noticia de que un docente habría cerrado cuatro aulas y puesto en cuarentena a más de ciento treinta alumnos. ¡ ... Imposible! Los protocolos de sanidad y educación de los que manan todos los planes de contingencia de los centros educativos de Cantabria se sostienen sobre cuatro pilares: ventilación, distancia, mascarilla e higiene. Desde marzo, las organizaciones sindicales tenemos la sensación de ser pelotas de ping-pong, en un partido donde educación dice que «eso» lo decide sanidad, y sanidad dice que «eso» es competencia de educación; «eso» en la mayoría de los casos atañe al cierre de aulas: Santoña, especialistas con PCR positivo que pasan por varios grupos de convivencia estable, contactos estrechos de alumnos y/o profesores... Pero ahora resulta que ni educación, ni sanidad. La capacidad de cierre dependía de los docentes.
No es inusual que un docente acuda a trabajar con un dolor de muelas, una migraña o un catarro; lo que evidencia el exceso de compromiso con los alumnos, los compañeros y el centro. Pero esto, salvo para el trabajador, no debería ser un problema y menos ahora, y no lo es porque según los cuatro pilares es imposible que se produzca este contagio. Según la consejería de Educación, el grado de exposición de los docentes es el mismo que cuando vamos al supermercado. Por lo tanto, si se cumplen las medidas resulta imposible que un solo docente haya causado ese efecto.
Los alumnos, blanco fácil de las sociedades (es lo que toca chicos, por jóvenes, osados, valientes, aventureros..., todo ello características propias de vuestra etapa), están siendo culpabilizados de propagar la enfermedad. Generalizar no es bueno, y a las características anteriores hay que añadir responsabilidad, educación y sentido común. Como en el resto de la sociedad hay quien lo tiene y quien carece de ello. ¿O nadie conoce adultos irresponsables, maleducados y carentes de cualquier sentido común?
Ni docentes, ni alumnos. Ni sanidad, ni educación. Ni buenos, ni malos. Políticas resolutivas y coordinadas que realmente den respuesta a lo que necesita la comunidad educativa. Es injusto culpabilizar a los docentes que se están dejando la piel cada día por mantener los centros educativos de Cantabria como lugares seguros. Y lo es porque si los cuatro pilares del protocolo funcionan, si la exposición es como la de ir al súper, si la toma de temperatura, la activación del protocolo covid, la comunicación entre sanidad y educación es correcta, ¿qué falla? Sencilla la respuesta: las ratios elevadas, la falta de espacio y la descoordinación entre consejerías. Maestros y profesores, ánimo, lo estáis haciendo bien.
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Ana del Castillo
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