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El gran Erasmo de Rotterdam escribió un tratado, quizá el que más fama le ha proporcionado, que se ha traducido del latín al español como ' ... Elogio de la locura'. Yo opino que la traducción más correcta es 'Elogio de la estupidez', término que mejor se corresponde con el latino 'stultitia'. En su tratado, recoge el humanista, con el espíritu irónico y satírico que le caracteriza, una multitud de estupideces que habían caracterizado a la humanidad desde la Antigüedad hasta su época, el siglo XVI.
Estoy seguro de que si hoy viviese habría incluido en su obra la decisión del árbitro inglés Taylor de dar validez al gol de Francia que determinó la victoria sobre España en la reciente final de la Liga de Naciones de selecciones de fútbol. Digo que estoy seguro porque el argumento principal de Erasmo es la defensa del sentido común frente a la estupidez. Es bien sabido que toda ley, norma o reglamento no ofrece una interpretación unívoca sino que se presta a múltiples interpretaciones. Basta para comprobarlo la consulta de cualquier palabra en cualquier diccionario. Por ello, existe un principio, no escrito, de que toda decisión judicial que favorece al delincuente frente a su víctima debe considerarse equivocada porque va contra el sentido común. Aplicado esto al deporte o al fútbol, toda decisión arbitral que favorece al infractor del reglamento es errónea pues va contra el sentido común.
En el caso de todos conocido y que comento, he escuchado a los árbitros jubilados que afirman sin ninguna duda que el gol del delantero francés fue ilegal por fuera de juego evidente. No parecen opinar lo mismo los árbitros en activo que se rigen por una interpretación de la norma que les ha sido dictada recientemente desde arriba y que, según manifiestan sus responsables, es «la interpretación oficial». Me he molestado en leer la citada norma que dice textualmente: «Se considerará que un jugador en fuera de juego no ha sacado ventaja de dicha situación cuando reciba el balón de un adversario que juega voluntariamente el balón, incluida la mano voluntaria, a menos que se trate de una salvada». Comenzaré por la terminología. Yo, que creo disponer de una formación literaria superior a la media del país, no sé qué significa el término salvada, tampoco ninguna de las personas a las que he consultado y, para colmo, el término no figura en el Diccionario de la Real Academia de que dispongo. Desconozco si los árbitros españoles, que no tienen que ser expertos en lengua, saben lo que este término significa. Lo único cierto es que parece que en la jugada en cuestión no se trató de una salvada y que se aplicó aquello de «jugar voluntariamente el balón», y aquí es donde interviene el sentido común. Todos saben que esta norma quiso establecer el principio de que el fuera de juego se anula cuando el jugador rival, por un error o distracción, entrega el balón al contrario. Y así se ha interpretado siempre por todos los árbitros, hasta que se ha impuesto la 'interpretación oficial' que, según recogen todos los medios de comunicación y reconoce ahora la máxima autoridad arbitral de la UEFA, un tal Rosetti, exárbitro italiano, «va contra el espíritu y el fin del juego».
Se nos dice también que, al igual que Erasmo elogió la estupidez, la UEFA, por boca del tal Rosetti, ha felicitado a Taylor por favorecer al delincuente, en este caso, al infractor, y no me consta que se hayan avergonzado, aunque el mismo Rosetti admite ahora que se debe cambiar la regla dictada por la Internacional Board (IFAB). Es decir, que reconocen que la interpretación vigente, la que ellos habían dado, no está conforme con 'el espíritu del juego', es decir, con el sentido común.
¿Cómo se explica todo esto? Creo que la única explicación es que los miembros de la citada IFAB desean seguir justificando las jugosas remuneraciones económicas que reciben por cada reunión para emitir unas interpretaciones cada vez más incomprensibles, absurdas y contradictorias como las recientes que afectan a las manos en el área. Nos enteramos de que dicho organismo internacional está compuesto por 32 expertos encargados de debatir y modificar las reglas que después deben ser ratificadas por los presidentes de las Federaciones de Fútbol de Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte. Es decir que todo queda en casa, en la casa del inglés Taylor.
¿Qué diría Erasmo de una 'estupidez' como esta? Supongo que las palabras con que concluyó su tratado: «Así, pues, vosotros pasadlo bien, aplaudid, vivid, bebed (en latín vivite y bibite), ¡oh renombrados adeptos de la desfachatez!».
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