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Se puede engañar a todo el mundo durante algún tiempo, se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todo ... el mundo todo el tiempo», según Abraham Lincoln, pero el presidente de Cantabria pudo ser uno de esos raros personajes populistas que logran llegar sin mácula al final de un largo trayecto. Aunque la ausencia de contenido en la gestión, la carencia de realizaciones de relieve, el declive económico de la comunidad y la paulatina pérdida de competitividad constituyen pruebas sólidas de un liderazgo mejorable, ha sido la presencia de un virus letal lo que ha malogrado la imagen positiva que Miguel Ángel Revilla quería preservar hasta su retirada de la vida política. Ya no es posible. Las mentiras, el descontrol, los bandazos en las medidas sanitarias y la elusión de responsabilidades, culpando de todo a quien tuviera más a mano, pasan factura ante la opinión pública.
El artículo 17 del Estatuto de Autonomía de Cantabria, en sus apartados 1 y 2, es claro al respecto: el presidente ostenta la más alta representación de la comunidad autónoma, designa y separa a los miembros del Gobierno y preside, dirige y coordina su actuación. Suya es la competencia máxima y última. No es presentable, por lo tanto, que Revilla señale y acuse al consejero de Sanidad de cualquier decisión restrictiva, dirigida principalmente a la hostelería, cuando puede revocarla o destituir al consejero si considera que no está a la altura de lo que exigen unas circunstancias tan duras como las actuales. Sus declaraciones son un insulto a la inteligencia y transmiten al ciudadano la sensación de encontrarse ante un presidente débil, temeroso y sobrepasado, y un Gobierno ineficaz y verbenero en el que cada cual viaja por libre, sin coordinación alguna, y va de ocurrencia en ocurrencia.
En años anteriores, los jóvenes elegían a Revilla como el compañero perfecto para tomar unas cañas, según las encuestas de una conocida marca cervecera. Seguramente es así, porque los chicos tendrían una jornada amenizada con divertidas anécdotas y chirigotas. Pero lo que se espera del presidente que prometió llevar a Cantabria a las alturas y la contempla al borde del precipicio no son bromas y chanzas sino justamente lo contrario. Hay cuestiones que nunca se le plantean a Revilla en sus frecuentes apariciones estelares en las televisiones. Cómo es posible, por ejemplo, que imparta lecciones sobre la economía española cuando la cántabra va manga por hombro, aunque también podríamos preguntarnos qué provecho ha obtenido Cantabria de su dilatada estancia en el poder -y lo contrario- o cuáles son las obras por las que será recordado. Las respuestas se conocen de antemano.
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