El Parlamento de Cantabria acogerá, dentro de once días, el Debate sobre el Estado de la Región, el más importante del año, más incluso que ... el de Presupuestos cuando el Gobierno goza de una sólida mayoría como es el caso, y el último de la legislatura antes del desafío electoral de mayo de 2023. Un duelo entre el optimismo forzoso del Ejecutivo de coalición y los partidos opositores que atacan en todos los frentes, en una difícil y conflictiva coyuntura socio-económica. Puede ser también el último para el presidente Revilla, 38 debates en su historial, todos los celebrados en el régimen autonómico, una docena de ellos al frente del bipartito, si en los próximos meses los médicos no le dicen que está en condiciones de aguantar cuatro años más a pleno rendimiento.
Revilla todavía no se había metido a fondo esta semana pasada con el discurso del denominado Debate sobre Orientación Política del Gobierno, en el que el presidente y su equipo más cercano se reservan el inicio y el final, con mayor contenido político, que envuelven el relato más tedioso de las diferentes consejerías, en manos del PRC o del PSOE.
Antes tocaba preparar un escenario más o menos propicio para la discusión: presentar un balance de gestión razonablemente positivo en las distintas áreas, exhibir algún avance, aunque sea mediante la realidad virtual, de alguno de los proyectos estrella como el Mupac, plantar cara a la ministra Ribera para defender al ganadero antes que al lobo, acelerar la producción legislativa, y desde luego, disipar en la medida de lo posible el clima de conflictividad que ejemplifica el conflicto del metal. El 'polvorín social' que los sindicatos anticipaban en el Primero de Mayo para los meses siguientes si no prosperan las negociaciones de los convenios colectivos. En estos días crispados han pedido dimisiones en el Gobierno, aunque sólo por el lado regionalista de Revilla y Marcano.
Revilla aspira una vez más a transmitir en el debate un mensaje de prudente confianza en el futuro después de un tiempo difícil marcado primero por la pandemia, y luego también por los efectos de la guerra de Ucrania, por la inflación que dispara el miedo ciudadano a no llegar a fin de mes, y por el retraso de la recuperación que las principales instituciones financieras aplazan hasta 2024. El lema perpetuo de Revilla: Cantabria responde mejor que el conjunto de España, en las buenas y en las malas. Con la gestión propia y con la reivindicación al Estado. Como gran expectativa de optimismo, Revilla vislumbra un verano pleno de turistas. Si, con el sector primario en precario como de costumbre y la industria en declive, el turismo y los servicios constituyen siempre el pilar más firme y visible en el nebuloso modelo de región en la que ya casi un tercio de su población, 180.000 habitantes, vive o malvive del dinero público.
La oposición de PP, Ciudadanos y Vox espera a Revilla con una visión mucho menos condescendiente con el desempeño gubernamental. Ni de la gestión interna, con el fracaso que supone las salidas consecutivas de dos consejeros socialistas: el de Sanidad, luego de una cascada de dimisiones que ilustra el desbarajuste directivo en el departamento, y luego la de Economía, justo después de cortarse dos trajes a la medida para ella y para su secretaria general como funcionarias de alto nivel mediante un concurso de dudosa legalidad y desde luego sonrojante. El desencuentro en un asunto tan esencial como la crisis industrial, la Ley del Suelo o la incertidumbre sobre el despliegue de la energía eólica añaden hostilidad al debate entre Gobierno y oposición.
Tampoco la reclamación al Estado y a la UE salva los muebles del Gobierno, a juicio de la oposición: la exclusión del Corredor Atlántico y el tren a Bilbao, los retrasos en las infraestructuras y la baja ejecución de las inversiones estatales previstas consignadas para 2021, el deterioro de las líneas férreas de Cercanías, el rechazo a la financiación europea de La Pasiega, el Mupac y la terapia de protones, el acoso de la ministra Ribera con la protección integral del lobo, la Ley de Costas, el deterioro de las playas, la crisis de la industria electrointensiva... ponen en entredicho la rentabilidad de la relación del Gobierno de Revilla con el de Sánchez.
Los partidos de la oposición, también los del Gobierno, aprovecharán la ocasión para evaluar el tono físico y político de Revilla, en plena meditación sobre su futuro ante la cercanía de las elecciones. El presidente niega que quiera seguir en activo para estar en las televisiones y vender libros y recuerda que su explosión mediática se produjo en 2011 en su peor momento político, cuando primero perdió el poder por la mayoría del PP y luego no logró el escaño en el Congreso que pretendía.
Pendiente de los avatares de la política nacional y de la economía, a él le tienta volcarse en una última campaña, que es su hábitat natural, pero espera a hacerse un 'superchequeo' en Valdecilla que le autorice a seguir, al menos en las mismas condiciones que hasta hoy. Incluso si está algo peor, el PRC le necesita en el cartel electoral. «Sí, en el partido me dicen que me ven mejor que nunca», dice socarrón el presidente.
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