Secciones
Servicios
Destacamos
Tres años después de dejar el Gobierno, en 2014, preguntaron a José Luis Rodríguez Zapatero si se arrepentía de cómo había gestionado la crisis económica. « ... La palabra perdón no entra en el vocabulario de las responsabilidades políticas», dijo. Quizás por eso hemos tenido que esperar un mes para escuchar una disculpa del Gobierno de Cantabria por el caso de corrupción en Obras Públicas. Durante ese tiempo ha habido explicaciones técnicas y jurídicas de la investigación y de cómo funcionaba la trama. Ha quedado claro que ningún cargo político participaba en esas mordidas urdidas por el funcionario que estaba al frente del departamento de conservación de Carreteras. Y ha habido, incluso, un homenaje del PRC al consejero José Luis Gochicoa, que sí ha reconocido que fallaron los sistemas de control. Pero no ha sido hasta un mes después cuando alguien allí arriba ha pronunciado la palabra mágica. «Pido perdón por quien robó, por quien consintió y por quien calló», dijo Jezabel Morán cuando solo llevaba un minuto como nueva consejera. No se me ocurre mejor modo de asumir esa patata caliente que el presidente regional ha puesto en sus manos a solo dos meses de que acabe la legislatura. Porque lo que Obras Públicas necesita ahora es un lavado de imagen más que ningún otro proyecto.
Pedir perdón no es suficiente para mejorar la percepción ciudadana sobre un Gobierno, un partido o un político, pero es un buen paso para empezar hacerlo. Y aunque parezca lo contrario, se hace más veces de lo que parece. La primera que se nos viene a la memoria, por el personaje, por las formas y por lo falsa que resultó ser con el paso del tiempo, fue aquella de Juan Carlos I: «Lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir».
También el Congreso ha sido escenario de arrepentimientos más o menos creíbles, como aquellos de Rajoy con la corrupción del PP –por partida doble–, de Dolores de Cospedal con el Yak-42 o aquel «no he estado a la altura» de Patxi López en la comisión de reconstrucción tras el covid.
Pero lo habitual, lamentablemente, sigue siendo que los políticos opten por el viejo manual de negar las crisis, reconocerlas solo si no hay más remedio aunque sin atribuirse la responsabilidad y, en último caso, echar la culpa a un tercero. Es la estrategia que ha llevado a la polarización extrema de la política los últimos años.
Según el filósofo Daniel Innerarity, solo tiene sentido pedir perdón cuando hay segundas oportunidades. «Y uno de los problemas actuales de la política tan acelerada es que apenas concede segundas oportunidades».
Después de todo, quizás al PRC le haya venido bien que todo esto ocurra con la segunda oportunidad de las elecciones a la vuelta de la esquina. El «perdón» de Jezabel Morán seguro que apacigua a más de un votante cabreado.
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Noticias seleccionadas
Ana del Castillo
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.