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La igualdad empieza en el territorio
Solo a través del feminismo, el desarrollo sostenible será verdaderamente desarrollo y verdaderamente sostenible
Teresa Ribera
Lunes, 8 de marzo 2021, 08:48
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Teresa Ribera
Lunes, 8 de marzo 2021, 08:48
La igualdad de género nos enfrenta a un desafío permanente como sociedad. A lo largo del tiempo, España se ha consolidado como uno de los países más progresistas en la conquista permanente de los derechos de las mujeres, que en nuestro país representan más de la mitad de la población. El mundo que ya conocemos, pero sobre todo el nuevo mundo que estamos empezando a conocer, ofrece nuevas realidades que vuelven a poner en el centro del debate la igualdad de género. De ahí que en estos días, en diferentes foros, seminarios o debates, estemos reflexionando sobre el papel de la mujer en el mundo de la covid-19. Como conclusión sabemos que la pandemia no es solo una crisis sanitaria, también es una crisis social, hasta el punto de hacer retroceder gran parte de los avances que las mujeres hemos logrado en las últimas décadas. Por ello debemos actuar con determinación y acción política.
La lucha por la igualdad, por derecho, hoy cuenta con un escenario más complejo. Una vez más han sido las mujeres, quienes han estado y están en primera línea de defensa para contrarrestar los efectos dramáticos de esta pandemia. De nuevo las mujeres, han vuelto a mostrar su coraje, su empatía, su talento y su resiliencia, de ahí que, hoy más que nunca, hacemos nuestro el lema de la Agenda 2030 'no dejar a nadie atrás'. No queremos quedarnos atrás y trabajaremos para que ninguna de nosotras quede atrás.
Por ello, este 8 de marzo tenemos que seguir reivindicando las tres dimensiones de la igualdad que establece la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW, 1979): la normativa, que se refiere a la igualdad ante la ley; la sustantiva, que supone la modificación de las circunstancias que impiden a las mujeres el ejercicio pleno de sus derechos, y la de resultados que tiene que manifestarse en diferentes campos. Es decir, mismos niveles de ingresos, igualdad en la adopción de decisiones e influencia política y, como no, que la mujer viva libre de actos de violencia. Y todo ello como afirmaba por derecho, pero también por un presente y futuro sostenible de nuestra sociedad. Porque sin igualdad real no habrá desarrollo sostenible posible ni defendible en ningún territorio. Porque sin igualdad real la democracia no alcanzará sus fines. Porque sin igualdad real nuestro proyecto colectivo fracasará. Una España sin brecha de género será un país conexionado e inclusivo.
Existe una relación directa, tanto en las causas como en las consecuencias, con la situación de la mujer en el medio rural. La población femenina es mayoritaria en España, pero el territorio está masculinizado: según las cifras oficiales de población del INE, en España hay casi un millón más de mujeres que de hombres. Sin embargo, la cifra general encubre grandes diferencias entre unos núcleos y otros de población en función de su tamaño. Mientras en las ciudades predomina la población femenina, hay un déficit de mujeres en los pequeños municipios, tanto mayor cuanto más pequeño es el municipio. La realidad es que en la mayor parte del territorio nacional se ha producido un proceso intenso de masculinización del territorio: en el 75% de los municipios españoles hay más hombres que mujeres. Lo que somos, lo que hemos sido y nuestras conquistas sociales no están lejos de nuestras raíces, nuestras tradiciones y aquello que nos hace únicas. La lucha por la igualdad de la mujer, es la lucha contra la desigualdad territorial.
Cuando nos reafirmamos como feministas también nos alzamos como defensoras de la igualdad en todos los ámbitos y en todos los territorios, en especial en aquellos que han sufrido las consecuencias de la falta de recursos y oportunidades, donde ciudadanas y ciudadanos sufren las consecuencias de la ausencia de una verdadera política de cohesión social y territorial. Fallarles a ellas es fallar a nuestro pasado, presente y futuro. Ello adquiere mucho más sentido cuando pensamos en las mujeres que sostienen nuestra tierra, las que siguen siendo invisibles aunque estén allí, las que la trabajan pero no son titulares de la misma. Sabemos que las mujeres desempeñan un papel esencial y transformador en los entornos rurales, por su relevante papel en el desarrollo social de su medio y como agentes de primer orden en la contribución a la fijación de la población al territorio.
Por todo ello, desde la Estrategia Nacional de Reto Demográfico 2030, el Plan de Medidas del Gobierno de España y el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia –'España Puede'– hemos situado la igualdad de género como eje transversal para la coordinación de actuaciones que favorezcan una mayor capacitación profesional de las mujeres, que faciliten el emprendimiento individual y colectivo, y avancen en la igualdad efectiva en el ámbito de la actividad agraria en términos de propiedad y de dirección; y en la empleabilidad, especialmente en todos los niveles y ámbitos de las transiciones verde y digital, así como en la nueva economía de los cuidados. Es imprescindible entender que la lucha por la igualdad de género es la lucha contra el cambio climático, es la apuesta por la innovación, el emprendimiento, el equilibrio social y territorial, en suma, es la clave del desarrollo sostenible.
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