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La celebración del Día de la Mujer Trabajadora inspira orgullo y lucha. Orgullo por los avances de la igualdad de la mujer en ... los últimos siglos y décadas, y lucha porque aún hay mucho que avanzar. Independientemente del uso político que se hace de ese orgullo y de esa lucha, lo cierto es que ese constante espíritu reivindicativo es un ejemplo que deberíamos aplicar a otros problemas que, como el trato marginal a la mujer, también se ejerce de manera injusta sobre otros grupos.
Una de las más destacadas desigualdades, que perdura tanto como la secular referida a la mujer, es el hecho de que el hombre está condenado a morir antes. Concretamente en España, los hombres tenemos disminuido seis años el derecho a vivir con respecto a las mujeres. Según datos del INE, en 2019 la esperanza de vida de los hombres en España era de 80,86 años, mientras que el de las mujeres se elevaba a 86,22. La primera acción que deberíamos realizar a la hora de reivindicar el derecho a prolongar nuestra vida, es concienciarnos de que el problema existe. Según la Organización Mundial de la Salud, de las 40 causas principales de muerte, 33 contribuyen más a matar a los hombres que a las mujeres, y las que más se ceban con los varones son, por este orden, las enfermedades cardiovasculares, accidentes de tráfico, cáncer de pulmón, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, accidente cerebrovascular, cirrosis del hígado, tuberculosis, cáncer de próstata y violencia interpersonal. Sí, efectivamente, las tasas de mortalidad por homicidio son cuatro veces más altas en hombres que en mujeres. También las tasas globales de mortalidad por suicidio fueron un 75% más altas en hombres que en mujeres en 2016, lo que es todo un síntoma de esa macabra y desigual desesperación.
La doctrina feminista nos ha enseñado la importancia de organizarse en asociaciones subvencionadas y gastarse el dinero en campañas de divulgación para visibilizar la cuestión. Otra enseñanza del movimiento feminista es rechazar cualquier tipo de argumento genético del conflicto, lo que nos convertiría en condescendientes y conformistas. Una buena alternativa para evitarlo es acusar de misandria a quienes insistan en este tipo de justificaciones.
Presionar a las Administraciones Públicas para que lleven a cabo políticas de prevención exclusivas para los varones, campañas específicas de atención sanitaria, investigaciones sobre enfermedades que atenten contra la salud masculina e incluso poner en práctica políticas de discriminación positiva para luchar contra esta prematura matanza masculina, es el reto que los hombres tenemos pendientes. La mujer nos ha enseñado el camino para actuar y para ganar.
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