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Un imbécil y una imbécila

En el grupo de botarates locales hay una categoría especialmente dañina, la de los descerebrados

Viernes, 13 de mayo 2022, 07:33

El imbécil y la imbécila caminaban en dirección a la Estación Marítima, pasado ya el Centro Botín. Los acompañaba un niño pequeño y un perro ... grande. El perro se detuvo de pronto y el niño también, pero fue el perro quien se puso en posición y depositó una cagada en el centro del paseo. El niño, por fortuna, se limitó a mear en un seto. El imbécil y la imbécila, ambos de mediana edad, matrimonio supongo, prosiguieron su andar tranquilo y cochinero sin volver siquiera la vista atrás. Pasaba por allí la dueña de uno de esos perrucos mínimos que abundan en Santander y, de forma educada, les hizo ver, por si no lo advirtieron, la necesidad de hacerse cargo del producto resultante del alivio del perro. Esta fue la respuesta del imbécil, ante la sonrisa aprobatoria de la imbécila: «Que lo recoja el Ayuntamiento. Para eso pago mis impuestos». Tal cual.

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