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Al PP ya no le caben más tiros en el pie', comentaba ayer un dirigente regionalista con sonrisa socarrona, apenas unas horas después de la ... estridente renuncia de Ruth Beitia como candidata autonómica. En efecto, parecía imposible que el PP fuese capaz de hacerse todavía más daño del que se ha infligido en Cantabria durante dos años de conflicto interno de alto poder autodestructivo, pero los nuevos inquilinos de Génova –Pablo Casado, Javier Maroto, Teodoro García Egea- han logrado el más difícil todavía en el circo político con la fallida candidatura de la campeona olímpica.
El episodio no le saldrá gratis al PP porque no sólo fomenta una división ya crónica sino que, además, subraya el exceso de improvisación y la falta de rumbo del partido justamente cuando más lo necesita, cuando siente en la nuca el aliento de sus muchos adversarios. Ningún viento es favorable para quien no sabe dónde va.
La fugaz candidatura ha sido un alarde de frivolidad, de los dirigentes que la propusieron y de Beitia por aceptarla. Quizá ni ellos ni ella misma intuyeron que la simpatía y la admiración casi universales que la gran atleta concitaba se iban a trocar por lanzas al minuto siguiente de su proclamación, antes incluso de que la flamante candidata se trabucase en su declaración sobre la violencia de género y el maltrato animal. Ese torpe estreno, el choque con la realidad de la batalla electoral sin cuartel, la constatación de sus limitaciones, las presiones desde Cantabria, las difíciles circunstancias familiares, puede que también el rechazo de sus patrocinadores comerciales a una presencia política tan visible… Sobran argumentos, uno a uno o en su conjunto, para explicar el paso atrás de Ruth Beitia.
Génova rectifica y transige con que María José Sáenz de Buruaga se suba al cartel electoral. A lo mejor es que el bochorno no deja margen para más experimentos creativos. La presidenta de los populares cántabros obtiene el reconocimiento a su tenaz resistencia frente a los duros avatares que ha enfrentado desde su precario liderazgo. Sostienen sus partidarios que Buruaga ha ganado afecto y carisma en esta crisis. Puede ser, pero también es cierto que se han producido daños muy considerables para ella y para el partido. Con todo su desgaste a cuestas, hasta hace un mes Buruaga era al fin y al cabo la candidata natural del PP, hoy ha pasado a ser una candidata de emergencia a la que sus jefes habían retirado la confianza y eso es lo que sus adversarios van a repetir durante toda la campaña.
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