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Los avances sociales en este país, los avances en justicia social, en igualdad, en sanidad en educación, en dependencia, siempre se han hecho por el ... PSOE, eso gustará más o gustará menos, pero es un hecho. Y hoy es un hecho que en España todos los que viven en este país, todos los que arriman el hombro para sacarlo adelante saben que nadie se quedará atrás en nuestro avance, en nuestro progreso. Como es un hecho que esos derechos sociales, hay que protegerlos, por que siempre existe el riesgo del retroceso, de que el egoísmo impere, de que la injusticia gobierne, de que el odio y el rencor se convierta en la forma de hacer las cosas.
Desde hoy España garantiza a las familias un ingreso mínimo vital para acabar con la vergonzante pobreza infantil, en la que teníamos uno de los índices más altos de la Unión Europea, y para sacar de la exclusión a muchas personas que se estaban quedando al margen, no solo de la protección de los derechos, también de la igualdad de oportunidades que todo Gobierno está obligado a proporcionar a sus conciudadanos.
No hay mayor libertad que la de tener la oportunidad de elegir, y solo se tiene la oportunidad de elegir si el origen de tu familia o el lugar en el que vivas no determina cuál será tu futuro. Lo justo, lo moralmente justo, es que lo que seas, lo que logres, lo que alcances, dependa de tu esfuerzo, de tus méritos... Así son las democracias modernas, lugares de convivencia, de igualdad, de libertad.
No hay avance en democracia sin avance en derechos sociales. La historia lo ha dejado claro... Cada vez que los populistas, los racistas, los que niegan la igualdad han llegado al poder, no solo han retrocedido los logros en materia social, también hemos perdido libertades y con ello hemos perdido oportunidades de progreso.
En un mundo competitivo, con multitud de desafíos por superar, como país, como nación, no nos podemos permitir el lujo de dejar fuera, de no contar con las capacidades de los que peor lo pasan, de los que más riesgo corren solo por carecer de ingresos para garantizar un mínimo vital. Me pregunto cuántos de los niños que este ingreso mínimo vital salvará harán de este país un lugar mejor; cuántos de ellos serán emprendedores, investigadores, profesores, sanitarios; cuántos de ellos harán del mundo un lugar mejor, gracias a que un ingreso mínimo vital sacó a sus familias del riesgo de exclusión.
Este ingreso mínimo vital traerá muchas cosas buenas, algunas inesperadas por sus críticos, como el hecho de que más que previsiblemente se producirá un incremento del consumo, pero habrá otras, como por ejemplo el hecho de que como sociedad incorporaremos al potencial laboral y creativo de nuestro país a personas que estaban a punto de ser excluidas, a punto de vivir fuera de los márgenes de la convivencia. Esta medida social, nos hará mejores y mas fuertes.
Sé que hay quien ve con malos ojos que se ayude a los que lo necesitan. Son, en muchos casos, los mismos que piden subvenciones para sus proyectos y ayudas para sus iniciativas, pero no deben temer. En el modelo social del gobierno de Sánchez, caben todos. Caben los que emprenden pidiendo subvenciones y los que lo hacen a puro impulso personal, caben los que levantan la persiana de sus negocios cada mañana, y caben los que por algún tropiezo corren el riesgo de quedarse descolgados de la convivencia y del progreso, caben los que enferman, y los que curan, caben los que hacen y los que pelean por demostrar que pueden hacer, caben los que tuvieron la suerte de nacer en familias acomodadas y los que no tuvieron esa fortuna, caben todos y todas.
Hay otros modelos sociales y políticos en los que solo caben unos pocos y son esos pocos los que cuentan con la protección del Estado, son modelos que más tarde o más temprano se rompen. Nosotros, en Cantabria y en España, tenemos la oportunidad de hacer posible un modelo convivencia que perdure, que proporcione las mejores condiciones para que todos puedan progresar sacando adelante sus proyectos de vida, y yo estoy orgulloso de vivir en un país así. Hoy somos mejores como personas y como sociedad, porque hacemos lo posible para incorporar toda la inteligencia social y colectiva que la exclusión y la pobreza dejaba fuera, y que corríamos el riesgo de perder solo por ceguera ideológica.
Un ingreso mínimo vital es ni más ni menos que eso, un punto de partida, un aumento de las oportunidades, una garantía básica de igualdad, una renta que te ayuda a que tengas un empleo con el que complementar tus ingresos, un escudo de dignidad que te dé lo que el ciego mercado te puede quitar de un día para otro. El ingreso mínimo vital nos hace mejores a todos, a los que por su infortunio lo reciben y a los que hacemos posible que exista, hace mejores a los que pagan sus impuestos y hace mejores a los que reciben esa ayuda, que no es más que un asidero en el que sujetarse cuando vienen mal dadas. Hoy como país, como región, como sociedad debemos levantar nuestras miradas y sentirnos orgullosos, porque de nuevo demostramos somos una tierra de igualdad, de progreso, de oportunidades, de justicia. Hoy somos mejores.
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