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Las encuestas insisten desde hace meses en conceder a la izquierda situada a la izquierda del PSOE la posibilidad de volver al Parlamento de Cantabria, ... al rondar el 5% de los votos que marca el umbral de la representación en la Cámara autonómica, y quizá de decidir la gobernabilidad regional como en 2015 cuando propició la investidura de Miguel Ángel Revilla. Todo es posible en el incierto paisaje de la política cántabra. Podemos e IU se estrellaron por separado hace cuatro años y ahora concurrirán juntos como en al menos la mitad de las comunidades y en muchas capitales de provincia, pero en realidad la coalición Unidas Podemos ya ha saltado por los aires, entre el Sumar que alienta Yolanda Díaz y la resistencia del aparato podemita de Pablo Iglesias, Irene Montero e Ione Belarra. La batalla se proyecta hacia las elecciones generales, pero podría tener incidencia en las urnas autonómicas y locales.
La eterna división que caracteriza a la izquierda desde sus orígenes a mediados del siglo XIX se escenifica esta vez entre el nuevo proyecto de Sumar, que todavía no se ha asentado, y el viejo Podemos que no quiere rendirse. Yolanda Díaz, ungida primero por Pablo Iglesias y después por Pedro Sánchez, lleva ventaja, pero todavía tiene que demostrar la calidad de su liderazgo en las urnas. Está por ver si construye un movimiento potente para consolidar una mayoría progresista en el Gobierno de la nación como quiere Sánchez o si le procura al PSOE más daño que beneficio.
Yolanda tiene detrás al Partido Comunista, a Comisiones Obreras y a Izquierda Unida, desengañada de la irrelevancia de Alberto Garzón, que es el primero en subirse al nuevo carro, con Íñigo Errejón, Mónica García, Ada Colau y otros grupos y líderes políticos.
Enfrente, Podemos se sabe con unas expectativas electorales muy pobres en solitario y ha de decidir si se entrega a Yolanda o emprende su propio camino. Una teoría extendida es que Pablo Iglesias ya tiene descontado el cambio de ciclo, el triunfo del PP de Feijóo en las generales, y que Podemos deberá rearmarse desde la oposición en las instancias políticas, en la calle y en los medios.
En la izquierda radical –o real, que es la etiqueta que prefieren– de Cantabria se constata también la creciente influencia de Yolanda Díaz y de Sumar, mientras en Podemos proliferan las deserciones hacia el otro bando, más o menos como en el resto de España, pero lo que toca ahora es afrontar las elecciones autonómicas y municipales del 28 de mayo al amparo de la tambaleante coalición Unidas Podemos.
Los dirigentes más involucrados prefieren creer que las turbulencias de estas últimas semanas no van a interferir en la campaña, pero es muy aventurado confiar que la cohesión interna y el grado de movilización no se verán afectados por la intensa discusión sobre el futuro de la izquierda en las generales. Los representantes cántabros defienden su autonomía en el terreno electoral y lo que ahora esperan es que en Madrid unos y otros dejen de hacer un ruido tan dañino en estas semanas que faltan para los comicios.
A diferencia de 2019, Podemos e Izquierda Unida concurren juntos a las urnas autonómicas con Mónica Rodero como número uno, que ya lo fue del partido morado hace cuatro años. La unidad parece una fórmula más propicia para recuperar la presencia parlamentaria que tuvieron en la legislatura 2015-2019, pero sigue siendo un empeño difícil. Unidas Podemos ha estado bastante ausente del debate político de Cantabria en estos cuatro años, a pesar de que la coalición forma parte del Gobierno central, y Rodero sigue siendo tan poco visible como en 2019.
En el ámbito municipal la izquierda no está para derrochar optimismo. En la coalición anuncian que van a presentar candidaturas en más de una treinta de municipios, pero eso habrá que verlo porque el trámite se ha vuelto muy complicado incluso para los partidos grandes. Es muy sintomático que la Asamblea Ciudadana por Torrelavega (ACPT), el grupo de la izquierda radical más solvente y más consolidado en Cantabria, haya resuelto no presentarse a las elecciones de mayo después de cuatro legislaturas, cuando surgió como una escisión de IU, en una decisión sorprendente que no se entiende muy bien después de una trayectoria tan sólida.
En Santander, el concejal Miguel Saro, de IU, el dirigente más valorado en este segmento de la izquierda cántabra, cierra su ciclo político. Probablemente habría sido un buen candidato autonómico, pero ahí el socio dominante hasta ahora, Podemos, no da facilidades. En la capital, Keruin P. Martínez encabezará la candidatura unitaria que IU y Podemos lograron acordar no sin problemas. El objetivo es conservar el escaño de Saro y si fuera posible lograr otro con la número dos, Charo Quintana, ex consejera de Sanidad con el PSOE, que siempre tuvo predicamento en la izquierda.
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