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Un minuto después de terminar el debate de la noche del lunes entre Sánchez y Feijóo, el PSOE y sus terminales mediáticas se pusieron a ... la tarea de cambiar el resultado del desdichado cara a cara. Pronto constataron que era imposible convencer a tantos millones de españoles de que el debate no era lo que habían visto ellos mismos o les habían contado, así que la única alternativa era ganar el post-debate. En eso están.
El argumento principal es la 'montaña de mentiras' vertidas por Feijóo en la discusión, según el término acuñado por el propio Sánchez. Ojo, que se las trae cómo el líder socialista acusa a un adversario de mentir, cuando muchos consideran que esa es precisamente su especialidad, pero el presidente no se va a parar en barras cuando se está jugando su carrera política. Mientras en el PSOE buscan culpables del fiasco de Sánchez en el debate este sigue con sus acusaciones al PP y a su líder de embarrar la campaña, también con el voto por correo, y de pactar con Vox aquí y allá. Si Pedro Sánchez hubiese estado en la noche del lunes la mitad de lúcido y fluido de lo que lució ayer en el abarrotado Paraninfo de la UC los socialistas serían hoy más optimistas
Hay que reconocer la entereza que despliega la militancia socialista de Cantabria para reconfortar con sus aplausos y mensajes de ánimo a un líder en su momento más bajo. Claro que antes y después del encuentro partidario aparece el rictus amargo y el desahogo en voz baja: 'El debate era la ocasión de cambiar la tendencia, salió mal y no hay otra oportunidad'. 'Hay partido', aventuran los que llegaban tonificados por el último sondeo del CIS de Tezanos, siempre al rescate del jefe, que pronostica una victoria del PSOE y del bloque de la izquierda que ninguna otra encuesta ha percibido en las últimas semanas o meses.
Antes del debate en el PSOE se manejaban varios escenarios. El primero era/es ganar contra pronóstico o al menos poder rearmar el 'Gobierno Frankentein'. El otro es sobrevivir a la derrota. Sánchez domina el aparato y los grupos parlamentarios de las Cortes. Con 100 o 110 diputados electos el 23J podría mantenerse al mando del PSOE, decían sus incondicionales, pero tras el fracaso frente a Feijóo a lo mejor eso tampoco es posible. Mientras tanto, García-Page y los socialdemócratas olfatean el incierto futuro del PSOE en discretos conciliábulos.
Los dirigentes socialistas cántabros, de clanes diversos pero todos de Pedro Sánchez, cruzan los dedos y se entregan como en el mitin de ayer para salir bien parados del 23J. Salvar al sanchismo para salvarse ellos mismos.
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