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El debate de los candidatos autonómicos en El Diario Montañés apenas elevó el ruido en el final de una campaña que se ha desarrollado en ... términos de corrección y respeto, justo es decirlo, salvo que se produzca algún bombazo de última hora. No ha sido un diálogo de franciscanos, naturalmente, pero el intercambio de golpes, de críticas y reprobaciones, no ha sobrepasado en fondo y forma los límites de crispación y decibelios tolerables en una confrontación electoral. Sobre todo, cuando las urnas del 28M van a resolver hitos trascendentales: si el largo ciclo político de Miguel Ángel Revilla llega a su fin o tiene una prórroga o si el PP de María José Sáenz de Buruaga aprovecha o no su última oportunidad de recuperar el poder.
El PP dedica estos seis últimos días de campaña a pelear hasta el último voto útil. Los necesita todos, quizá no para ganar, pero sí para gobernar, empezando por los de Ciudadanos, para que no se queden en casa decepcionados por la inevitable extinción del partido. Los sondeos todavía otorgan a la formación centrista en torno al 1,5% de las papeletas, un poco más en Santander, un poco menos en el conjunto de la región. O sea, unos pocos cientos o miles de votos que el PP necesita. También buscan los populares a los desencantados con el PRC de Revilla y los que duden de Vox, aunque al partido de Abascal se le vea fuerte en toda España. En Cantabria le asignan las encuestas cinco escaños, dos más de lo que le auguraban hace muy pocas semanas. Está por ver.
La máxima movilización del PP dificultaría además la vuelta al Parlamento de Unidas Podemos, locos por ser terceros de la coalición PRC/PSOE, el 'Gobierno Frankenstein' que quita el sueño a los populares.
El PSOE, con un Pablo Zuloaga muy crecido en este fin de campaña, navega en el mar del desconcierto, entre la mejora que se le atribuye en las urnas autonómicas y el descalabro en Santander. Algo no cuadra. El argumento que siempre han manejado los socialistas, con buen criterio, es que para obtener buenos resultados en Cantabria hay que tenerlos también en los grandes municipios, y sobre todo en la capital. El PSOE maneja una encuesta/quiniela optimista: 9 para ellos y 9 para el PRC, una mayoría justita sin necesidad del incordio podemita. Luego habría que negociar la presidencia y el pacto con Revilla, pero al menos elude el riesgo de quedar a la intemperie.
Si para el PP, con el discurso ganador de Sáenz de Buruaga a lo largo de la campaña, el objetivo es rebañar para su causa los valiosos votos ajenos, para el regionalismo se trata de asegurar los que siempre fueron suyos y ahora se tambalean. Acaso los datos más significativos que han arrojado los sondeos son los que señalan la desafección de los votantes regionalistas. Revilla, sobrado en la campaña de 2019, ahora tiene que aplicarse a la remontada y jugar a la defensiva en muchos momentos para que el 45% de sus partidarios, que creen que Cantabria ha ido a peor en estos cuatro años, y los dos tercios que no estaban seguros de apoyarle esta vez en las urnas, le concedan el domingo el beneficio de la duda.
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