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Nunca una expresión ha reflejado con tanta exactitud la realidad de una parte de la política de nuestro país. Lo ha dicho y repetido Pedro ... Sánchez: «A la izquierda de la izquierda del PSOE», refiriéndose al espacio político que muchos interesados denominan 'extrema izquierda' o 'izquierda radical'. Algunos preferimos decir 'izquierda real'. Las palabras de Sánchez son un reconocimiento realista de que en su partido hay, cuando menos, una izquierda y una derecha. Algunos lo dijimos hace mucho.
No cabe duda de que existe mucha expectación y, en algunos, honda preocupación por ver cómo se vaya a desenvolver el proceso de unidad de la izquierda «a la izquierda de la izquierda» del PSOE. Parece un juego de palabras. Pero no, la trayectoria del Partido Socialista, ampliamente demostrada, refleja, cuando menos, una tensión interna, a lo largo de los años, y de los sucesivos gobiernos que ha presidido, entre posiciones más o menos progresistas y otras claramente conservadoras. Y que a la izquierda de su izquierda siempre ha habido un espacio también es indiscutible.
Que existen intereses opuestos en nuestra sociedad es una obviedad. Que algunos tenemos la etiqueta merecida de que solo defendemos los intereses de una parte, también. Es por eso que, en estos momentos, más allá de temas concretos que son de actualidad y que nos afectan como personas de edad, como es, por ejemplo, la Reforma de las Pensiones, algunos estemos especialmente expectantes –y preocupados– sobre si es posible o no que las fuerzas «a la izquierda de la izquierda» del PSOE vayan juntas a las próximas elecciones.
Desde mi punto de vista, el tan aireado y, por muchos jaleado, 'desencuentro' Yolanda-Podemos está interesadamente mal planteado. Y digo desencuentro porque estoy convencido de que no hay ruptura cierta ni la habrá; y que primarán el sentido común y el realismo: a nadie que vaya a pedir el voto de la gente que vota 'izquierda real' le conviene ser rechazado por no haber hecho todo lo posible para que, yendo unidos, no se pierdan los cientos de miles de votos que habitualmente se pierden debido a la 'multitud' de opciones políticas.
Quizás en otras ocasiones la dispersión del voto no haya sido sentida con la gravedad con que se siente hoy: en esta ocasión, como nunca ha ocurrido, nos jugamos ciertamente que el próximo gobierno lo sea de carácter lo más progresista posible, y es fundamental cerrar el paso a un posible gobierno de derecha y derecha extrema.
¿Por qué digo que el desencuentro está interesadamente mal planteado? Porque, a quienes están groseramente empeñados en que no se repita el Gobierno de Coalición, les interesa que la unión de la izquierda real fracase, y lo haga lo más escandalosamente posible, de forma que mucha gente quede desencantada y no vaya a votar. Y lo hacen, no atacando a esa izquierda en su conjunto, sino que insisten en lo que de espectáculo lamentable tiene el desencuentro, para que la desilusión de la gente sea mayor y opte por la abstención.
Y está interesadamente mal planteado por la otra parte porque, en realidad, tenía que ser Podemos, por ser, en estos momentos, la fuerza real mayoritaria de ese espacio, quien viese la importancia del momento, plantease la necesidad de la unión y asumiese el protagonismo y la responsabilidad de intentar eliminar los obstáculos que impidan esa unión, y de trabajar desinteresadamente por conseguirla. Podemos, sin embargo, está optando por poner condiciones y dar ultimátums a quienes voluntariosamente y –creo– honestamente, lo están intentando en su lugar, y poder así descargar sobre ellos la culpa del posible fracaso. Podemos es mayoritario, pero no es el único y, con esa postura de descargar sobre otros la responsabilidad está dando a entender que no cree realmente en su propia fuerza.
Siempre he manifestado públicamente haber votado a Podemos y sigo valorando la trascendencia política de su nacimiento y de muchas de sus decisiones. Pero ha sido en situaciones distintas a las de hoy: estamos en una coyuntura en la que tenemos que exigir a Podemos la misma determinación, responsabilidad y claridad de planteamientos que tuvo al principio de su existencia. No podemos aceptar un «no te ajunto porque no me das tu caramelo»… y exigiremos que, en las municipales y autonómicas actúen con la misma responsabilidad.
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Ana del Castillo
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