Secciones
Servicios
Destacamos
En nuestro país tenemos tantos y tan variados motivos de polémica que, con frecuencia, es fácil verse envuelto en alguna de ellas. Sea cual sea ... el asunto de qué se trate, da la impresión de que lo que procede es llevar la contraria, sobre todo si el asunto tiene algún matiz político (¿y cuál no lo tiene?) y si los principales implicados, porque pretenden sacar réditos de ello, son los partidos políticos. Ante la situación tan complicada que está viviendo el mundo, uno de los últimos asuntos en saltar a la palestra es el de la conveniencia/inconveniencia de aumentar de forma sustancial nuestro gasto militar. Pues bien, pese a que el mismo tiene múltiples vertientes y una de ellas es de naturaleza económica, no es éste, sin embargo, el que quiero tratar en esta ocasión.
El tema que quiero abordar es, una vez más, el del salario mínimo, que ha vuelto a estar en el candelero ante las discrepancias existentes acerca de si es conveniente, lógico, procedente, justo, etc., etc., que sus perceptores se vean sometidos al impuesto sobre la renta. Entendiendo que cada uno puede tener un punto de vista diferente sobre el particular, mi impresión es que, en el fondo, el tema se está utilizando, como sucede con frecuencia, para desgastar al adversario político. Reconociendo que hay argumentos a favor y en contra de someter a la aplicación del IRPF a los perceptores del salario mínimo, considero que los primeros tienen, al menos en teoría, bastante más fuerza que los segundos.
Para mí, el argumento definitivo es que, al contrario de lo que sucede con los impuestos indirectos, que son, en esencia, regresivos, el IRPF es, probablemente, el impuesto más progresivo de todos, el que más contribuye a la redistribución de la renta, y, por lo tanto y en principio, debería afectar a todos. La discrepancia podría existir, y me parecería razonable que así fuera, acerca de cuál debería de ser la cuantía del mínimo exento o incluso sí debiera existir tal mínimo, pero, me parece, ese no es, de hecho, el motivo de polémica ante la reciente subida del salario mínimo y la intención de Hacienda, ya materializada, de gravarlo con el IRPF. En relación con este último hecho, sí que considero que hay un motivo de discrepancia importante, que no es otro que el tipo marginal del impuesto, el 43%, que me parece excesivo a todas luces.
Pero, dicho esto, que tiene su relevancia, creo que lo verdaderamente importante es que el salario mínimo interprofesional haya ido creciendo de forma paulatina y sustancial en los últimos tiempos y que esto no sólo no haya sido negativo para la actividad económica, sino que, por el contrario, haya contribuido a fomentarla. Como se reconocía recientemente en un artículo publicado en El País, «los incrementos del sueldo base en los últimos años en varios países … recogen más efectos positivos que negativos». La destrucción de puestos de trabajo que auguraban muchos representantes empresariales y hasta alguna institución financiera, como el Banco de España, no se han materializado por ningún lado, al menos si tenemos en cuenta la fortaleza del mercado laboral. No estoy seguro de que la creación de empleo habría sido más fuerte sin subidas, o subidas menores, del SMI, pues esto constituye, en todo caso, una hipótesis que no se puede contrastar. Lo que sí se puede contrastar es que tales subidas han contribuido a reducir las desigualdades, a sacar a algunos colectivos de una situación rayana en la pobreza, a incrementar su capacidad de consumo y, por ende, a aumentar la demanda agregada. Y, a juzgar por los resultados empresariales de los que tenemos noticias, estos no sólo no se han visto perjudicados, sino que, al menos en muchas de las grandes empresas, han crecido de forma sustancial.
A la vista de estos efectos sigue llamando la atención quienes consideran que este asunto, como le ocurre a Trump con los aranceles, es un juego de suma cero, en el que lo que unos ganan otros lo pierden. Nada más lejos de la realidad. Para que la economía funcione correctamente es imprescindible que todos los agentes implicados, trabajadores, empresarios, gobiernos, etc., vean satisfechas sus pretensiones de forma razonable. Y contar con un salario mínimo digno, se vea o no sometido a tributación (aunque yo soy partidario de que lo sea), me parece que constituye un elemento fundamental para que esto sea así.
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.