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Comienzo confesando que soy un petardo con los idiomas. Bastante tengo con intentar hablar bien castellano. Es lo que suelo decir para justificar este analfabetismo. ... Romper las fronteras que a ignorancia de otras lenguas supone, es uno de mis sueños. Y seguirá siéndolo, porque uno ya está resignado a convivir con sus carencias. En esos sueños, me imagino con el don de hablar y entender todos los idiomas, como los apóstoles en Pentecostés. Claro que aquello fue cosa del Espíritu Santo para animar un poco la tarea predicadora. Yo fantaseo más bien con cargas cerebrales, al estilo de 'Matrix', para adquirir en un periquete cualquier clase de conocimiento o habilidad.
Salgo de la abstracción y regreso a la realidad para comprobar que hay otras maneras para entenderse en otras lenguas, además de aliarse con el Espíritu Santo o recurrir a injertos de programas informáticos. Como el truco del concejal valenciano Carlos Galiana que, aprovechándose de la mascarilla, fingió que hablaba un correcto inglés por videoconferencia en una ceremonia internacional, mientras lo hacía otra persona. He visto el video de su intervención y tengo que reconocer que dio el pego a las mil maravillas. Su expresión gestual estaba en perfecta sintonía con el tono de voz del doblaje, así que, entre los engaños a los que nos tienen acostumbrados los políticos, éste me ha parecido el más simpático y original. El concejal, que por cierto había sido actor, defendía la candidatura de Valencia como Capitalidad Europea de la Innovación, y el hombre quiso dar buena imagen además de mejor comunicar los valores de su ciudad.
Hay políticos que leen discursos ajenos como propios o fingen improvisarlos cuando en realidad los leen con el 'prompter', sistema de trasparencias que también se utiliza en el periodismo televisivo (teleprónter). Por lo tanto, ¿por qué íbamos a criticar a Galiana? Aunque Valencia no obtuvo el reconocimiento, se hubiera merecido el de la Capitalidad de la Picardía Innovadora por la genial idea del edil. Lástima que fueran sus propios vecinos quienes le delataran. Cosas que pasan por la maldita torre de Babel.
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