Secciones
Servicios
Destacamos
Allá por los años 50 del siglo pasado, cuando la España de Franco pudo finalmente abrir sus fronteras a las importaciones, empezaron a ... llegar productos 'made in USA' (pronunciado en español), que gozaron del máximo prestigio en nuestro mercado. Junto a sus productos, Estados Unidos exportaba ideología liberal -apertura, democracia, libertad de mercado-, que al menos entre los jóvenes gozaba de igual prestigio. Hoy, la ideología que exportan los americanos es el nacionalismo. Se pensaba que eso sería una anomalía trumpista que desaparecería con Trump pero lo cierto es que, con un cambio radical en las formas, Biden está promocionando algo muy parecido.
Su expresión más evidente es la guerra comercial con China. La actuación de la delegación americana en la reunión del G-7 ha confirmado los peores temores al respecto: la globalización, tal como la conocíamos, ha pasado a mejor vida; el comercio y con este las relaciones internacionales, van a discurrir por otros derroteros donde el nacionalismo pasaría a ser la nota dominante, aunque de momento lo sea principalmente en sus formas subyacentes. Lo que ahora descolla en el panorama internacional no es la apertura ('laissez faire') a todos los demás países, sin restricciones, sino una descarnada lucha por el control de los recursos, sobre todo materiales, pero también humanos, así como de las áreas de influencia; ambos característicos de la Guerra Fría.
El repliegue nacionalista de Estados Unidos es una reacción lógica ante la trayectoria ascendente de China, que reúne todas las características para disputar con éxito la posición que EE UU ha venido gozando en el mundo: un estado fuerte, un sistema autoritario bien aceptado por sus súbditos y mirado con creciente admiración por los líderes de determinados países no occidentales, una cultura comunitaria no infectada por el hiperindividualismo occidental, una población que cuadruplica la de EE UU y una potencia bélica que crece a mayor ritmo y que, en el ciberespacio, pronto podrá poner en serias dificultades a los americanos.
En contraposición, el Estado americano, como la mayoría de los estados occidentales, se ha debilitado a consecuencia de la globalización. El crecimiento de monopolios y oligopolios multinacionales no sólo ha debilitado al mercado tradicional, donde reinaba la libre competencia, sino que estos han devenido más poderosos que los propios estados, a los cuales imponen sus condiciones. Esta situación ha provocado en la clase media proletarizada un sentimiento de que el sistema está en declive, se ha perdido poder adquisitivo y está desamparada por el Estado. En China los monopolios son estatales o están controlados por el Estado.
Así pues, el nacionalismo cotiza al alza en todo Occidente. Su objetivo es restablecer el equilibrio interno que se ha perdido con la globalización: conseguir que los más poderosos vuelvan a pagar impuestos a los niveles de antaño, restringir los paraísos fiscales, controlar el desmadre de las grandes empresas tecnológicas, tomar el timón de los planes de reconstrucción de la economía, planificar el futuro desarrollo, desarrollar campeones nacionales en sectores estratégicos, para no depender de las importaciones al nivel y con la extensión que se depende ahora.
Eso, en el plano político-económico, pero también hay un repliegue social: auge de lo identitario y potenciación de lo étnico, tribus urbanas (LGTB) y reivindicaciones de género. Con sus contrapartidas: auge del integrismo religioso, desprecio de la diversidad, defensa de la familia y la natalidad, orgullo nacional y recuperación de la soberanía. En el caso de España hay que añadir el auge del nacionalismo español, como reacción al impulso disgregador, no sólo de los independentistas sino de las autonomías en general. Pero, volviendo al caso de los americanos, no está claro que este repliegue vaya a dar los resultados apetecidos. Para empezar, la derecha está mejor posicionada para llevar a cabo una renacionalización del país de lo que lo está la izquierda; desde el Tea Party hasta Q-Anon, tenemos pruebas fehacientes. Sólo que los excesos trumpistas han puesto la Casa Blanca en manos de Biden y lo va a intentar desde la izquierda. Su referente histórico es Roosevelt, el esfuerzo consistiría en la aplicación de políticas de corte socialdemócrata tipo 'New Deal'. El primer obstáculo para lograrlo es el partido Republicano, ciegamente enfocado en hacer fracasar cualquier iniciativa Demócrata y reconquistar el poder a la sombra de Trump.
Pero el obstáculo más formidable es la resistencia de las grandes empresas a someterse a la realización de objetivos de país que pongan en entredicho su actual hegemonía político-económica.
Por otra parte, está la Unión Europea, que no tiene claro eso de tomar partido contra China, que es su principal cliente y viceversa, así que prefiere negociar acuerdos antes que plantarle cara, o sea, mantener una cierta equidistancia entre China y USA. Paralelamente, el nacionalismo de extrema derecha está creciendo en todos los países de la Unión y la derecha tradicional parece resignada a pactar con ellos para poder gobernar.
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Favoritos de los suscriptores
Pastillas, cadáveres en habitaciones distintas... la extraña muerte de Gene Hackman y su mujer
Oskar Belategui | Mercedes Gallego
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.