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Creo que desde hace tiempo era necesario valorar la posibilidad de fundar en nuestro ámbito territorial un ente autónomo para el desarrollo de los territorios rurales en fuerte declive económico y demográfico. Un ente que goce de una gran independencia, no solo organizativa sino ... también en cuanto a su funcionamiento ordinario. Podría participar en el proceso de elaboración del marco estratégico general, contando con las asociaciones y la población civil para escuchar sus ideas y propuestas de futuro. Destacar que sus miembros no serían cargos públicos o políticos en activo, sino personas escogidas por su cualificación y solvencia profesional e intelectual: abogados, empresarios, técnicos, profesores universitarios, expertos financieros, economistas, periodistas, técnicos culturales, etc. Este ente desarrollaría su actividad rodeado de un amplio consenso político y social y un alto grado de confianza con respecto a su misión y actividades. Prácticamente todas sus acciones las realizaría en colaboración con otras entidades públicas, empresas, universidades, administraciones locales y regionales, socios europeos, etc., identificando claramente qué obstáculos legales y administrativos dificultan el desarrollo integral de los territorios más vulnerables.
Su labor fundamental sería fortalecer a las comunidades rurales, ya que el medio rural precisa hoy más que nunca de población capaz de emprender, de innovar, de rediseñar nuevas relaciones económicas y sociales entre sí y con el medio urbano.
Una de las fórmulas mas eficaces para llevar a cabo las iniciativas de emprendimiento local es la de las empresas de economía social. Se trata, por lo tanto, de apostar por un modelo de empresa en el que los beneficios económicos sean los suficientes como para garantizar que se alcanza el verdadero beneficio esperado: el mantenimiento de los servicios básicos a la población, la inserción laboral y autonomía de las personas en riesgo de exclusión o el acceso a una oferta cultural y de ocio diversificada y de calidad que a su vez contribuya a reforzar la comunidad local.
Inculcar el emprendimiento en el medio rural es absolutamente determinante para el desarrollo de una comunidad. Es imprescindible que un proyecto de este tenor tome contacto directo con las comunidades rurales y conozca aldea a aldea las necesidades reales y las posibilidades concretas de generación de riqueza en cada una de ellas. Por lo tanto, un ente así concebido debería de identificar a las personas y colectivos existentes activos o simplemente más capacitados para el emprendimiento social y para ayudar a inculcar valores positivos entre sus convecinos debido a su credibilidad, prestigio, influencia o liderazgo social. Además, debería trabajar en programas que promuevan el emprendimiento social y las dinámicas de asociacionismo. También, su labor sería la de inculcar formas de pensar y actitudes más positivas, proactivas y generadoras de confianza.
Por otra parte, debería ofrecer a las comunidades rurales el asesoramiento adecuado en el diseño de proyectos de inversión económicamente viables. Empoderar a las comunidades y ofrecer un marco legislativo que favorezca el lanzamiento de proyectos empresariales novedosos.
Resulta necesario que los requisitos legales para negocios y actividades en el medio rural se adapten a sus realidades y se flexibilicen en cuanto a su aplicación. Este principio debería abarcar también a la legislación tributaria, contemplando seriamente la posibilidad de establecer un marco fiscal más favorecedor -discriminación positiva- para aquellos emprendedores que inviertan en el ámbito rural.
Hay que transformar nuestras zonas rurales en regiones competitivas, cuyos habitantes alberguen confianza en sus posibilidades de seguir viviendo y prosperando en el futuro en sus pueblos, de forma que si alguien decide marchar sea por decisión personal y no por falta de oportunidades. Resulta urgente implantar medidas que contribuyan tanto a rejuvenecer como a feminizar la estructura demográfica de los territorios rurales más vulnerables.
La necesidad contar con una oferta educativa suficiente y adaptada a las necesidades del propio territorio, porque una oferta educativa adecuada en calidad, variedad y proximidad facilita el arraigo de los jóvenes. Una educación bien adaptada a las necesidades de los sectores productivos: la planificación de la oferta educativa en el medio rural debería adaptarse a las realidades de la economía del territorio.
Es imprescindible incorporar los aspectos psicológicos y culturales a la estrategia del nuevo desarrollo rural. La decisión de apostar por permanecer en el propio territorio o de elegir un pueblo como escenario de un proyecto vital no solo tiene que ver con factores objetivos y materiales sino también con otros que pertenecen al ámbito de las ideas, los anhelos e ilusiones, los sentimientos y emociones.
También es necesario un esfuerzo de marketing continuado, debidamente concebido y ejecutado, destinado a «vender» el medio rural allí en donde existen personas potencialmente atraídas y dispuestas a llevar a cabo sus proyectos en él.
Por último, señalar que hay que construir un nuevo modelo de desarrollo en varias fases: contacto directo y permanente con las realidades de cada zona, un proceso de planificación sobre el que operar y la acción concertada con todos los socios públicos y privados implicados en este ámbito, es decir, poner en valor el espíritu 'Reditus'.
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