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La participación o debate sobre la gestión de los fondos europeos y el 'Nuevo sueño o acuerdo verde' no parece haberse reflejado en los ... ámbitos sociales, políticos e institucionales -sean estatales, autonómicos o municipales-, y mucho menos en Cantabria, donde siguen quedando al margen -más allá de las obsesiones con La Pasiega, el AVE, o el victimismo en el reparto-, capítulos fundamentales referidos a la transición ecológica, como pueden ser programas de restauración o corrección de los numerosos impactos ambientales y sobre el paisaje en los territorios más valiosos y frágiles que han venido degradándose progresivamente.
Es el caso de los ecosistemas fluviales y el Dominio Público Hidráulico o el de la comarca costera en la Franja Marítimo-Terrestre y el conjunto de bahías -la de Santander, por ejemplo-, marismas, rías, estuarios, campos de dunas..., y tantos lugares castigados por desecaciones, urbanizaciones, infraestructuras, equipamientos, usos y actividades inadecuados y agresivos sin que la Confederación Hidrográfica, la Demarcación de Costas, las consejerías (in)competentes o los propios Ayuntamientos lo hayan impedido. Y sin que se hayan resuelto los conflictos de competencias entre las Administraciones Públicas y las transferencias a Cantabria de, por ejemplo, la gestión de las aguas continentales o el borde litoral. Y sin que los tribunales hayan depurado las responsabilidades e identificado a los responsables por sus negligencias o complicidades de las graves infracciones cometidas: las casi mil viviendas que deben ser demolidas -y son solo un parte cuyas licencias deberían haber sido también anuladas- por todo el litoral, la macrodepuradora de Vuelta Ostrera, las variantes de Oyambre y Comillas, los puertos deportivos de Laredo o San Vicente, los rellenos de zonas húmedas de Raos, Morero, El Astillero, Tijero, Solía..., la degradación en torno a Somo-Loredo, la playa de La Arena o Berria, el Puntal de Laredo, Oriñón y Ostende en Castro, el pantano del Ebro, la Cordillera Cantábrica, los Picos de Europa, los LIC y algunos más.
Y, desde luego, habría que recordar las grandes limitaciones que siguen padeciendo la fiscalidad verde, la reconversión ecológica y la descarbonización de la industria, la movilidad sostenible, la arquitectura bioclimática o simplemente el cumplimiento efectivo de leyes tan pretenciosas como ignoradas en sus objetivos ecológicos, como las leyes estatales y autonómicas -y no digamos de las directivas europeas específicas sobre el tema con España a la cabeza de su incumplimiento- del Suelo, Agua, Costas, Montes, Minas, Residuos, Patrimonio Natural y Biodiversidad, Conservación de la Naturaleza, Paisaje, Carreteras...
Con el capítulo añadido del olvido de un análisis crítico de la gestión de los espacios teóricamente protegidos para adoptar las alternativas más eficaces en las inversiones compensatorias para las poblaciones afectadas, convertirlos en un modelo de desarrollo sostenible y dotarlos de los instrumentos legales adecuados a sus fines.
De forma simultánea, otros criterios imprescindibles para garantizar una sociedad sostenible siguen desaparecidos u ocupando un lugar secundario en los proyectos de gobierno.
Es lo que viene ocurriendo con la Educación Ambiental de carácter general en las campañas sobre la sostenibilidad de técnicas y hábitos de producción y consumo entre la población con la ejemplaridad de las Administraciones Públicas. Y con la de carácter académico en todos los niveles de enseñanza y especialidades, incluyendo escuelas técnicas, máster o doctorados de Ingenierías, I+D+i, gestión empresarial... para incidir en la formación integral de los futuros responsables públicos y privados de Gobierno y empresas, donde se aborde el conocimiento y aprendizaje de la economía verde o ecológica, los límites físicos y ecológicos en el aprovechamiento de los recursos -con el decrecimiento como respuesta en aquellos sectores más frágiles o no renovables-, la necesidad de no sobrepasar la capacidad de carga en los ecosistemas que les sustentan, y la incidencia en una filosofía respetuosa en las relaciones del hombre con el medio y los seres que le habitan que no confunda la calidad con la cantidad, el ser con el tener, o la felicidad con el consumismo, dentro de las profundas reflexiones que encierra la necesidad de medir la trascendencia de la digitalización en la presión ambiental y en la confusión entre la realidad real y la realidad virtual en la que se envuelven sus percepciones del mundo.
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Ana del Castillo
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