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Si un ganadero de Cantabria estrecha tu mano, el acuerdo está cerrado sin necesidad de firma. Si quien lo hace es un político, míratela ... después por si te falta algún dedo». Oí la broma hace años en el Mercado Nacional de Torrelavega, aunque seguramente el tratante con el que hablaba lo decía muy en serio. Hoy, como ayer, el ganadero -la palabra es ley- cumple lo que promete. También hoy, como ayer, la palabra de un político vale tan poco que se acerca a la nada. Los ganaderos de Cantabria, los que quedan, mantienen en sus tratos la misma seriedad que fue la seña de identidad de quienes les precedieron en La Llama y en los feriales de Orejo, Solares, Gama, Sarón o Reinosa, hasta que hace casi medio siglo nació la Cuadrona para centralizar las operaciones y optimizar las condiciones sanitarias y los servicios administrativos. Cuatro entidades bancarias llegaron a operar en sus instalaciones.
El primer contacto se produce cuando al potencial comprador «le llena el ojo» una ternera o una vaca. Los ritos transmitidos de generación en generación -«qué pides», «tanto vale», «en cuánto la dejas», «por ese precio no nos vamos a arreglar»- pasan por la presencia de testigos que se acercan, de los cuales surge un mediador que intenta poner de acuerdo a las partes. El comprador se marcha, pero regresa porque le interesa el animal. Si «hay arreglo», la frase final es del mediador: «traed las manos». Y esa ceremonia es artículo de fe, acta notarial, el firme compromiso de hombres de palabra. El pacto se cierra de modo definitivo sin que pueda variarlo una oferta mayor. Vi de niño tales liturgias, y las recuerda y matiza Jesús Pérez del Río, notario de cuanto se relaciona con este mundo de gente de honor por sus crónicas en El Diario Montañés durante décadas.
La ganadería ha sido históricamente uno de los motores económicos de Cantabria, cuya prosperidad descansó en parte en el obrero mixto, aquel trabajador por cuenta ajena que, al tiempo, mantenía unas cuantas reses en su establo para aumentar los ingresos. Acabó con ellos una reconversión más política que económica, en la que no faltó el engaño, la desinformación y la competencia desleal, con un precio de la leche por debajo de lo que cuesta producirla. Pero, en la Cuadrona, los ganaderos, los que quedan, siguen haciendo ley de la palabra, en contraste con una política burocratizada, tan corrupta que un dirigente andaluz de UGT podía asar una vaca con los billetes saqueados, populista, falsa en la promesa y sobreabundante en altos cargos. Añádase en Cantabria, además de algo de lo anterior, el gusto por la holganza y el oscurantismo del Parlamento.
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