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Desde 2018 la 'situación progresista-nacionalista' no ha sido capaz de dar a España unos Presupuestos Generales del Estado. Esto supone una gran anomalía. ... Es probable que durante el comienzo de 2021 aún esté en vigor la ley de Cristóbal Montoro. Que ese, sin embargo, sea el límite en el que se retorne a una institucionalidad ordenada depende de tres hechos extraordinarios: (1) que Ciudadanos, que no quiso iniciar en 2019 las legislaturas de Sánchez, le garantice virtualmente el mandato; (2) que 'junts' o 'revuelts' los diputados independentistas catalanes arríen la estelada y se avengan a salvar a la España de la que querían irse; y (3) que la presión de la pandemia mantenga el sentimiento de que es mejor mantener un escaño gubernativo cuatro años que perder el opositivo en cuatro meses.
Todo esto afecta a Cantabria, naturalmente. La tendencia de la 'situación progresista-nacionalista' a favorecer a las autonomías más pobladas (con más electores) y/o más significadas dentro de la convergencia (gobernadas por nacionalistas de tendencia soberanista) se ha visto ya en el reparto del fondo covid de 16.000 millones de euros, realizado con la pura consideración de la igualdad per cápita. Esto perjudica a las comunidades que, como la nuestra, no tienen 'igualdad per cápita' en el coste de sus servicios a la ciudadanía, debido a la dispersión poblacional, envejecimiento, etcétera.
Hay una tendencia notoria de las regiones más habitadas a reclamar el principio de cantidad de habitantes; las regiones forales se parapetan fortaleciendo sus conciertos, pero las de régimen común no pueden hacerlo. Por ello defienden el criterio de 'coste efectivo' de los servicios. Esta tendencia también existe al asignar inversiones del Estado (y ahora extraordinarias europeas). Ante esto sólo existen dos frenos. El primero lo proporciona el sistema electoral. Hay unas 30 provincias sobrerrepresentadas en el Congreso en relación con su población. Cantabria es una de ellas. El Gobierno no puede sostenerse contra esta prima jurídica a las Españas rurales. Pero sí puede ignorar a algunas, porque su peso en escaños es pequeño (y aquí también está Cantabria).
El segundo freno al principio de mayor población es la percepción del 'valor nacional' de una agenda autonómica, es decir, que desempeñe funciones vitales en el 'sistema España'. Entonces se nos abre una vía más prometedora que reclamar el 'coste efectivo' (que no vale para las grandes inversiones del Estado) o presionar con escaños y/o rupturas de coaliciones domésticas (dinámica desde que quedó claro que el 'papeluco' merecía el diminutivo).
Esta reflexión la hizo en 2009 la Universidad de Cantabria cuando impulsó su reto de excelencia y asumió una mayor ambición. Pero no se ha emprendido en Cantabria en su conjunto. Sin ánimo de agotar el asunto, porque aquí sólo se trata de animar, mencionaremos cinco puntos.
En primer lugar, el mapa. Cantabria es a la vez cordón umbilical entre Castilla y las rutas marítimas, y entre Atlántico y Mediterráneo por el valle del Ebro y Campoo. Ahora la situación paradójica es que parece haber renunciado a la primera función y en la segunda se conforma con ser un apéndice de un eje cuya cabeza real es Bilbao. La desatención a la autovía Aguilar-Burgos, tras la imposible autopista Reinosa-Miranda, muestra que no somos buenos geógrafos. Y el ferrocarril Santander-Mediterráneo ya está construido: sólo falta el tramo Aguilar-Burgos.
En segundo lugar, la tierra. Aún anotamos un peso importante en producción láctea y ganadería de vacuno. Ello trae otras cosas, como industria agroalimentaria. Sin embargo, no soy capaz de ver una estrategia de liderazgo nacional. El 99% de las noticias vienen del muro de los lamentos. Hay que hacer la 'meditación de la vaca' y tomarse en serio las conclusiones. Existen muchas producciones posibles en un clima como el nuestro. Un reportaje reciente nos ha mostrado cultivadores cántabros de arándanos que sincronizan su actividad con el gran ciclo de Huelva. Esas son las filosofías correctas y quizá valgan también para la ganadería o la acuicultura. Necesitamos más imaginación agraria y quizá convenga traer a expertos foráneos. El ímpetu genético canadiense ya no es suficiente.
En tercer lugar, la energía. Los entendidos en eólica aseguran que disponemos del recurso viento en condiciones interesantes. El mar, cinta transportadora de energías, podría también contribuir en diversas modalidades de aprovechamiento. Sorprende que estando tan cerca las montañas del mar y dándose, por ello, importantes desniveles, no haya más aprovechamiento de la gravedad. Paradójicamente, el cambio climático, al dinamizar aguas y atmósfera, puede hacer más productivos algunos sistemas de renovables cuya misión sería mitigar dicho calentamiento global.
En cuarto lugar, la industria. Todos los tópicos turístico-rurales y folclóricos hacen olvidar que, a partir de las minas y las vacas holandesas, Cantabria emergió como una de las regiones industriales españolas. Pero ahora el porvenir no es tan claro. Cierto que hay empresas de éxito, y que algunas de las tradicionales se mantendrán, pues los ingredientes básicos de la manufactura y la construcción siempre serán necesarios. Sin embargo, ¿se mantendrá la potencia y el protagonismo industrial entre el 20% y el 25% del PIB? Para esto habría que avanzar mucho más rápido en industria sanitaria-farmacológica; en nuevos materiales metálicos, textiles o plásticos; en agroalimentación innovadora; en automoción orientada a los nuevos vehículos; y en productos que sean aplicaciones de tecnologías de información.
Y en quinto, el 'relajadero', llámese turismo o 'sociedad de conocimiento'. Los rasgos paisajísticos y patrimoniales de Cantabria hacen que sea un destino óptimo para desengancharse del estrés de la vida contemporánea, con disfrute del arte, la historia y la naturaleza, y con localización de actividades profesionales que 'teletrabajan' casi por definición, como los diseñadores. En este entorno de calidad, actividades científicas y educativas se pueden parangonar a escenarios de Europa y Norteamérica. Miles de vascos muestran permanentemente el valor de Cantabria como punto de reposo.
Uno diría que la probabilidad de que las cosas salgan depende de este valor funcional de Cantabria que facilite superar el hándicap de la dimensión.
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