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El Consejo Europeo resolvió a última hora del lunes proceder a un embargo paulatino y parcial del petróleo ruso, aunque concedió a Hungría, Chequia y ... Eslovaquia la posibilidad de seguir importando crudo por oleoducto mientras la UE se dispone a prescindir del 90% de ese recurso -el que llega por barco- al finalizar este año. Una medida que por sí misma, y a falta de que la desconexión energética se extienda al gas, no obligará a Vladímir Putin a renunciar a la guerra que el 24 de febrero desató contra Ucrania y, a través de ella, contra Europa y el mundo libre. Pero que permite visualizar el compromiso de la UE por acabar con su dependencia respecto al potencial extractivo de Rusia asumiendo los costes que ello suponga en lo inmediato para el crecimiento de nuestras economías. Unos costes que el Banco de España cifró ayer en 1,4 puntos de caída del PIB en un año.
Putin continúa denominando «operación militar especial» su agresión a los ucranianos e insiste junto a sus voceros en presentar lo que ocurre como una guerra desatada por Occidente contra Rusia. Lo objetable no es tanto que la Unión responda con muestras de división y excesiva parsimonia al reto del Kremlin como que se haya prestado durante años a acabar inerme ante las maquinaciones de un proveedor considerado en muchas ocasiones socio preferente. Cuando Moscú no solo ha evidenciado ser poco fiable, sino que se está jactando de una agresividad sin frenos morales contra las sociedades abiertas y frente a la libertad de comercio en la globalización. El Plan Repower, que buscaría la independencia energética de la UE, implica un presupuesto añadido de 210.000 de euros hasta 2027. A los costes que el embargo de los carburantes de origen ruso supongan para la economía española y europea se le suma el esfuerzo que han de realizar los contribuyentes para desengancharse de Rusia, mientras la inflación no da tregua.
La guerra de Putin, que los rusos están siendo obligados a metabolizar como hito histórico, se basa en transferir sacrificios a Europa. Sacrificios que Europa no tiene más remedio que asumir para evitar que sean aún mayores. La recuperación de España se está viendo frenada por ese conflicto y corre el riesgo de empantanarse en un IPC insostenible. Pero nada sería más costoso que someterse a los interminables chantajes de Putin, que se está apropiando del cereal ucraniano para someter a regiones del mundo al borde de su enésima hambruna.
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Ana del Castillo
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