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Santini, en el barrio del Chiado, es uno de los templos del helado artesano. Dicen los lisboetas que allí se elaboran los mejores sabores del ... mundo, y su fama ha trascendido de tal manera que suelen formarse grandes colas para acceder al local. Pero en esta hora, mediada la tarde, apenas hay gente. La oferta es variada, el precio razonable, y aunque valoro la excelencia del producto, no me parece superior al que podemos encontrar en Santander o en algunas localidades de la región. Cantabria también es tierra de heladeros y barquilleros, los más conocidos de los cuales son pasiegos procedentes de los pueblos de Vega de Pas, San Pedro del Romeral, Ontaneda, Toranzo o San Roque de Riomiera, localidad esta última en la que nació Luis Ortiz, quien emigró a Francia en busca de fortuna y, junto a sus hijos, levantó un imperio, la multinacional Miko, en la que dio empleo a miles de trabajadores.
Lo que llama la atención al visitante que llega a Santander por primera vez no es la calidad de sus helados, porque eso viene después, sino el gran número de heladerías que encuentra en una pequeña zona de la ciudad -seguramente una de las mayores concentraciones de España- localizada en el Paseo de Pereda y su área de influencia. En los aproximadamente 500 metros que van desde el pasaje Águeda hasta la calle Gándara pueden contarse trece. Antes de llegar al Banco Santander están Capri y Regma; enfrente, en los Jardines, La Granadina, La Polar y nuevamente Regma. Pasada la entidad bancaria, futuro museo, la densidad aumenta y aparecen Cantabria Exquisita, Gómez, Vacanze Romane, La Flor y Nata y otra vez La Polar. Por detrás, en la plaza del Cuadro, vemos a Monerris, Chaska y, también a la vista, aunque en la calle Hernán Cortés, un tercer establecimiento de Regma.
No hay que ampliar demasiado el radio de acción para continuar sumando: dos en Castelar, Vía Mazzini 43 y Enjoy It, a la que acuden muchos adolescentes, y una en la calle Burgos (Regma), Amós de Escalante (Monerris), Jesús de Monasterio (La Polar) y Calvo Sotelo (Bico de Xeado). Un total de diecinueve en los dos mil metros de oro del helado en la capital cántabra, que cuenta con otras heladerías, como El Mejor Gusto, y alguna más en El Sardinero, donde se produjo el triste adiós a la histórica La Italiana, un icono del verano. Los helados y los barquilleros son los recuerdos infantiles de Salas y de Goofi girando la ruleta -«dale, dale, a ver qué sale»- y son los versos de Gerardo Diego: «Barquillero de canela, / tu alta vara de barquillos / sube tan alta, tan alta, / que ya la ven los chiquillos / tras el balcón de la escuela, / tan alta que llega a El Alta». Es Santander, mi cuna, mi palabra.
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