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Al fin, ya podemos caminar bajo el sol de esta fúnebre primavera. Un sol negro para muchos. Triste es siempre la muerte. Pero más ... demoledor es su hachazo sin el adiós; sin un velatorio como nuestra costumbre y humanidad imponen. El futuro es el gran interrogante; es humano sentir incertidumbre. Más ante la eclosión económica que llama a nuestras puertas: quienes han perdido o pueden perder su trabajo sienten auténtico pavor.
Heroica es la lucha de nuestros sanitarios, que han sido enviados a librar la guerra del siglo XXI con armamento del XIX. Muchos de estos valientes sufrirán el trastorno de estrés postraumático que describe la literatura científica. No en vano hay muertos y heridos entre sus filas, y todos se enfrentan cara a cara con la muerte en su trinchera de hospital, ambulancia, centro de salud o residencia. Cada profesional es un soldado tras las líneas enemigas. El limpiador armado con su carrito; el quiosquero tras una mampara; el reportero gráfico tras su objetivo. Imposible citar a todos.
La caída del PIB y el ascenso de la tasa de desempleo son de una gravedad extrema. Así Daniel Lacalle, uno de los economistas más brillantes de este país, afirma que en España hoy día, un «35% de la población activa está en desempleo», con «la economía cayendo un 10% más que Italia y un 37% más que la eurozona». Pero no quiero dedicar el grueso de esta aportación mía a la economía, más allá de resaltar que el Gobierno de la nación continúa sin liberar a las empresas de impuestos a la actividad económica y al empleo. Este malhadado Ejecutivo comenzó encarando la crisis sanitaria con un criterio medieval. ¿Hay peste? Conjurémosla con una mega procesión en loor de la nueva religión, el feminismo mal entendido. Y es que en el Medievo continúa anclado, sin darse cuenta de que asfixiando a impuestos a la actividad y al empleo van a desangrar al país.
En esta vertiente emocional, quienes parten con peores cartas son los cinco millones de personas mayores que viven solas en España. Son grupo de riesgo y no tienen más que el tabique o el teléfono como descarga a tierra del voltaje de un cerebro en ebullición. El miedo al miedo anida cada día de confinamiento en los hogares de estos ermitaños a la fuerza. ¿Sentirán un temor exagerado que les impida, en un futuro, abandonar ese piso en el que se sienten seguros? ¿Se estarán angustiando por el exceso de información? No han podido pelear contra estas emociones como corresponde: paseando, realizando ejercicio físico o relacionándose social y familiarmente. Honestamente, no soy capaz ni de imaginar qué está pasando por la cabeza y por las vísceras de los afectados por un ERTE, que no han recibido en sus cuentas ningún ingreso desde marzo; de los autónomos, que no saben cómo van a volver a reflotar sus negocios; o de los empresarios y empleados de hostelería, ante el abismo al que se asoma el sector ante la pasividad del Gobierno, entre otros.
De entre todos aquellos que cada día han cruzado el umbral de su casa sin saber si volverían indemnes, nuestros sanitarios y los que han cuidado de nuestros mayores pueden ser los más afectados por las secuelas psicológicas que esta pandemia nos dejará. Ellos han convivido día a día con la enfermedad y la muerte y han sufrido el desconsuelo, la impotencia y la desesperación de una situación terrible que, sin duda, les pasará factura.
No quiero olvidar a los familiares de los más de 27.000 fallecidos, anclándonos a la cifra oficial, que han sido silenciados por completo. La angustia por no poder haber estado a su lado y la incertidumbre por cómo habrán pasado sus últimos días han intensificado el dolor por la muerte de un ser querido. Han enterrado a los suyos en soledad, sin poder recibir el abrazo y el consuelo de sus amigos. Muchos se han sentido abandonados en su sufrimiento al ver cómo sus familiares se convertían en simples números en una estadística. Su quebranto está ahí. No tienen escape ni consuelo. Todo duelo mal iniciado, mal gestionado, tiene sus consecuencias, pero no podemos olvidar a los seres queridos de los fallecidos. Que sientan que no están solos.
Desde el Partido Popular creemos necesario hacer frente sin demora a las secuelas psicológicas de esta pandemia, que pueden afectar seriamente a la salud de muchos españoles. Es urgente desarrollar medidas adecuadas para paliar la fatiga mental y física de los trabajadores esenciales directamente relacionados con el Covid-19. También, proponemos poner en marcha medidas económicas que compensen el esfuerzo de estos colectivos esenciales.
Tenemos un plan para garantizar la salud y el bienestar de los españoles en un marco de libertades. Bajo el lema 'Activemos España' hemos presentado una batería de medidas sanitarias, jurídicas y económicas para que nuestras pymes, autónomos, trabajadores y, en general, toda la sociedad pueda mirar hacia el futuro con esperanza en una pronta recuperación de sus negocios.
Pedimos que nuestras propuestas sean escuchadas y tenidas en consideración de una vez, porque lo único que pretendemos con ellas es brindar el apoyo que ellos nos solicitan y la unidad que los españoles demandan. En definitiva, hacer llevadero tanto funeral en el cerebro y poder, en cierto modo, sobrevivir al duelo.
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